miércoles, 20 de octubre de 2010

Bendita languidez


Tengo sueño. Son las 12 :23 de un buen día de Octubre en el que todo es pacífico, lento y silencioso, solo roto por la gente que pasa fugazmente por la acera. Puede ser que mi percepción adormilada baje la intensidad de lo que me rodea y le de a la realidad un carácter onírico que solo tiene cuando estás muy cansado o cuando estás drogado. A mi me pasan las dos cosas a la vez, cansado y sedado, oigo el zumbido del ordenador y puertas de coche que se cierran y se abren, fuera en la calle. Muy al fondo las máquinas que trabajan en la plaza. Bajo este estado hipnótico entre la vida vigil y el dejarme llevar por los dioses del sueño apenas si alcanzo a escribir algo sin hacer un tremendo esfuerzo. Pero ¿Cómo diría? es un esfuerzo sin fricción ni planos inclinados, un esfuerzo a favor de la inercia, que se puede llamar fuerza o también dejarse llevar por la rotación terrestre, por la velocidad cósmica que nos aleja de otras galaxias. Aquí, con la persianas corridas y una leve luz gris del día entrando por la puerta siento que quiero elevarme o simplemente caer en el lecho y dejar fluir todo este sueño que me pone los ojos como canicas y pesas en mis párpados.

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Esto lo escribí ayer. Se perdió entre archivos y carpetas. Lo malo del Windows es que el papel no amarillea, ni hay humedades ni polvo y los documentos viejos parecen nuevos, ni siquiera tienen la cagada de una mosca.

Sigo teniendo sueño, un sueño poderoso proporcionado por la química de las pastillas nuevas. Consiguen su efecto, no sé si para bien o para mal, de que no piense en cosas raras. Bueno, más bien en cosas malas, porque en cosas raras siempre pensaré, y solo el último de los sueños, la larga siesta que llevará a los creyentes ante Dios y a mí a ser agujereado por múltiples insectos, hará que deje de pensar en cosas raras. Lo perjudicial es que se den vueltas a cosas insanas, palanquetas para abrir heridas cicatrizadas. Pero en mi estado les aseguro que aunque parezca triste mi semblante, por dentro estoy canela. Y bien, ya paro. Sean partícipes de mis tonterías pero hasta cierto punto, que tampoco es cuestión de cansar al personal.

6 comentarios:

Clares dijo...

Es bueno que nos lo digas, porque así compruebas, como ya imaginabas, que no eres el único ser sobre la tierra que puede pensar cosas raras (a su pesar o a su gusto) y cosas malas (supongo que siempre a su pesar). A todos nos pasa. Qué le vamos a hacer. Lo malo es cuando se convierte en acoso y cansancio, cuando ya no puedes evitarlo de ningún modo, ni ánimos para evitarlo. Entonces las pastillas, que ahora son muy eficaces, cumplen su cometido. Cuestión de química cerebral. Es como tener acidez o úlcera de estómago. Cada cosa lo suyo, y a grandes males, grandes remedios. Ánimo, séneca.

Mobesse dijo...

Hace unos años, no muchos, por problemas con el equipo directivo, me fui al médico a que me diera una baja por depresión. Al salir de la consulta, pensé joer, soy un actorazo, cómo lo he engañao. Pero a los dos días, busqué las recetas y a toda prisa me fui a la farmacia a por las pastillas, porque estaba realmente bien jodido en la miseria. ¡Qué capullo!
La verdad es que tan tonto es estar bien como estar mal. Que se metaboliza no sé que azúcar en el cerebro, ves la vida de una manera; que no se metaboliza, de otra. O sea que las cosas ni son así, ni son asao. Lo importante es estar sin mosqueo.
Tu calle y su ambiente se están convirtiendo en un marco literario (no incomparable, pero literario,literario)
Un abrazo y mucho ańimo.

Mameluco dijo...

Fuensanta, querida amiga, antes que nada feliz cumpleaños, que el chivato del facebook me lo ha dicho.
Por supuesto que no soy la única persona que piensa cosas raras ni tiene malas ideas, porque si fuera el único con lo vago que soy para hacer el mal, el mundo sería una balsa de aceite y todos nos llevaríamos requetebien. No sé si las pastillas logran ser efectivas, pero yo lo intento. Procuro estar alegre (eufemismo de la normalidad) y no ser un suplucio para los que me rodean. Lo consigo de veras. Pero conmigo ya no me llevo tan bien, aunque estos días me doy tregua para disfrutar algo del otoño.

Ya me contó esa historia en persona, Mobesse. Todo es química que se rige por la física.
La voluntad no sé lo que es, pero seguro que también son reacciones neuronales, regidas por las bombas Sodio-Potasio esas que se estudiaban en Biología. El mosqueo será lo mismo. Cuestión de química.
O de no caer en la trampa, jejejeje
Mi calle es marco literario porque siempre escribo sobre ella, y porque vivo al ras del suelo. Es lo que determina mis ciclos. Pero incomparable, como que no, tiene un Dia, una charcutería, una óptica, una frutería, dos bares, una agencia de viajes, una papelería, el Casino y las oficinas de la Cooperativa del aceite. Es céntrica, llena de socavones de obra sin terminar y se llama Tercia. Y yo vivo aquí. Eso es todo.

PMM dijo...

Todos pensamos en cosas raras, de una u otra forma, y probablemente en alguna que otra ocasión en cosas mala. Ser bueno y común es algo difícil.

Clares dijo...

Hola, amigo. Vi tu felicitación en facebook, creo recordar, pero ya sólo lo creo, porque esta semana ha sido una locura general de trabajo y de cosas que hacer en plan familiar, incluida una boda, así que me he paseado poco por los blogs. Me gusta siempre volver a los post donde he dicho algo por ver cómo va el tema del que se habla, pero, ya te digo, esta semana, tiempo personal cero.
Muchas gracias. ¿Has visto que vieja me he hecho desde esa foto de querubín? Es un triunfo, la verdad, llegar hasta aquí y tener cierto humor todavía.
Besos

Mameluco dijo...

PMM la gente que piense suele pensar de todo. Lo malo es cargar las tintas en cosillas que pueden ser perjudiciales para la perola... a eso me refiero con cosas malas. Y lo de cosas locas, pues claro. Para eso estoy locuelo.

Fuensanta si te digo la verdad no recuerdo felicitado por el FB, pero a lo mejor si, jejeje.
Si es un triunfo, si. Que el paso de los años solo nos encanezca un poco el pelo (yo me quedo calvo al ritmo que voy) y nos pongamos más pellejos, pero el sentido del humor jamás se debe perder.
Recuerda lo que siempre digo: el humor salvó mi vida.
Y lo digo porque es verdad.

Y tómatelo con calma, mujer, que me pongo ansioso solo de leerte, jejeje.

 
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