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sábado, 2 de abril de 2011

Imprenta





Sentado en la silla
oliendo a gasolina
tinta fresca en los rodillos
música de otro tiempo
y el piar de los pájaros.

El taller está calmo
el tiempo no pasa
la paz es tan absoluta
así para siempre, me digo
pero no será así.

Aventuras enlatadas
papel polvoriento
la foto del abuelo
y su hijo que trabaja
libros a medio encuadernar.

Y tirando en la máquina
veo que la vida es simple
y la hacemos compleja
buscando los mecanismos
para que todo sea más simple.

El sutil brillar del sol
atravesando el cristal
dejando en el umbral
algo de su calor
abstemia primaveral.

lunes, 17 de enero de 2011

Los premios


premio.
(Del lat. praemīum).
1. m. Recompensa, galardón o remuneración que se da por algún mérito o servicio.
2. m. Vuelta, demasía, cantidad que se añade al precio o valor por vía de compensación o de incentivo.
3. m. Aumento de valor dado a algunas monedas o por el curso del cambio internacional.
4. m. Cada uno de los lotes sorteados en la lotería nacional.
5. m. Recompensa que se otorga en rifas, sorteos o concursos.

Bueno, amigos, ya he recibido noticias de que han llegado algunos de los haikus que mandé como premio. No sé si los libros habrán llegado a su destino.
Lo que quiero poner a continuación son fotos de cómo fue confeccionado, que en realidad, y es mi opinión como autor y ayudante de tipógrafo, como está hecho mejora al contenido.
Realizado durante la semana pasada en la Imprenta TipográficaLa Gutenberg de Castro del Río por mi padre con la poca ayuda que puede ofrecer un servidor.
Se hizo en cartulina blanca a tres colores, verde manzana, marrón y rojo, que significa 12 tiradas en las máquinas y la confección de 5 moldes diferentes.

Solamente quiero añadir que quien lo haya recibido se haga una foto con él, por favor, para colgarla aquí. Si salen ellos en vez de sus mascotas mejor…

La orla de laureles se hace con piezas y se imprime en verde manzana...
Orlas laureadas
Molde de la parte de la portada que irá en marrón.
Resultado de la impresión
Calibrando en la máquina la presión de los tipos sobre el papel.
Dándole tinta a la "máquina chica" o Boston
Molde de los haikus. Como podemos observar se deja espacio
entre verso y verso para poner un adorno floral...
... que es justamente este y ...

... se imprime en rojo en la Minerva

Cama de la máquina chica, donde quedan constancia de todo lo impreso en el color marrón.

viernes, 29 de mayo de 2009

Tomorrow never knows… Cosas locas en la madrugada


Cosas locas en la madrugada. Podía ser un buen título.

Hoy ha sido un día extraño. Resacoso de haber aprobado el teórico me doy cuanta que hago K-2s de diminutos granos de arena, pero siempre he hecho igual. Yo no puedo decir eso que siempre dicen los concursantes de Gran Hermano: “Es que en la casa se magnifica todo”. Yo vivo en mi casa, que está en Castro del Río, y no en Guadalix de la Sierra, no me observan cámaras ni me pone verde Mercedes Milá, pero magnifico todo. Le doy demasiada importancia a las cosas. No sé a que es achacable, pero así es.

Aparte de eso, mi viejo ordenador, heredado por mi padre, se ha escacharrao esta mañana. Mañana habrá que llevarlo a la ITV. Y también de mi hermana ( que es el que me voy a llevar a Murcia). No arrancan ninguno de los dos. A lo mejor es una maldición sobre el software, un poltergeist binario. Sea como sea mañana a ver si los exorcizamos.

Repito que ha sido un día extraño. Un día en el que las cosas no has sido normales, las cosas tenían una luminosidad rutilante y blanquecina. La siesta ha sido interrumpida y proseguida como si nada bajo el calor de la azotea. Sueños extraños sobre USBs y ordenadores descompuestos. Cuando la tecnología es tan avanzada es indistinguible de la magia. Es de Arthur C. Clarke y lo repito mucho, pero es que es verdad. Pero sé que no es magia ni superstición. Son cosas de esa gente tan peculiar llamados informáticos.




He estado escaneando revistas antiguas para una cosa y como se el proceso que se sigue para hacerlas (están hechas por mi abuelo y por mi padre en tipos móviles, en tipografía) no son ningún misterio para mi. Son fascinantes por su bonito diseño, por lo viejas que son y porque hoy muchas de esas páginas las podíamos hacer hoy iguales, pues tenemos las mismas letras, clichés y maquinaria.



Pero solo son recuerdos del pasado, que para mí este año ha sido presente, pues me he manchado las manos con la tinta de la vieja Boston.

El sueño no se acerca y yo querría dormir ya.

Hay cosas que me inquietan, como siempre.

Cosas que me sublevan.

Y cosas que me tranquilizan.

Tomorrow never knows…

¿Qué será el mañana?

Pues no lo sabemos, pero les puedo asegurar que no habrá nada nuevo bajo el Sol.

miércoles, 23 de mayo de 2007


He subido hace un momento a la imprenta. Digo subir porque la imprenta está en el barrio de la Villa, que no deja de ser un cerro, aunque esté tapizado de casas, varias plazas, una iglesia y un castillo. Subía por la cuesta Santo Cristo y he visto pequeños pájaros muertos en las aceras. En esta época los pájaros nacen y cuando crecen un poco intentan volar. Y el suelo es muy duro y lejano. Ya tuve que adoptar uno el año pasado. El cielo hablaba en forma de relámpagos, y el presagio que traía esa llamada era el de la lluvia. La luz que tiene todo cuando esta a punto de llover es maravillosa, solo superada por esa luz blanca y fría de cuando va a nevar. Todo es gris y los verdes de las plantas en sus macetas resultan más verdes. Y las persianas, también verdes. Cuando he llegado, he dejado el trabajo hecho allí. He observado la luz de nuevo. La sala de la guillotina tenía un color viejo y triste. A mi me gusta lo viejo y me gusta lo triste, y si a la vez es viejo y triste, pues más me gusta.

He colgado el trabajo y me he bajado. Afortunadamente tenía un paraguas allí, medio roto. He cogido la sombrilla, he cerrado la puerta, y me he puesto a andar bajo los goterones de la lluvia, de la tormenta. He visto los truenos a lo lejos, el viejo cine, el pósito (hoy escuela de música y biblioteca), el colegio de las monjas, la cuesta Santo Cristo con su farol, la plaza, el ayuntamiento, mi calle. Y he vuelto a ver a los pájaros muertos, mojándose, dando lástima. Pobres, que efímero ha sido el mundo para ellos. No han vivido el verano, con su abundancia de bichitos, ni el otoño, con su fresco y lento pasar. Se han quedado tirados, en los adoquines, en el mayo lluvioso, primavera de hecho y de derecho…


martes, 24 de abril de 2007

No suelo hacer carruseles de fotos. Hoy voy a hacerlo...

Yo, en tipos. Para leerlo pongan un espejo...jejeje


Suelo Hidráulico

Los blancos

Pequeños motivos y remates

Caja de tipos

Blancos más grandes (Piezas)

Un molde tipográfico para tickets de chupito
(como somos cordobeses no pone terraza, sino terrasa)

Otro día, las máquinas.
Como curiosidad decirles que las compró mi abuelo de segunda mano en el año 1929 y todavía funcionan.

sábado, 21 de abril de 2007

Es curioso como se nos quedan las cosas de pequeños. “Charolín y Mediasuela son dos botitas gemelas, su dueño se llama Tomín”. Eso es de un libro de texto de 1º de EGB (cuando existía, hace millardos de años), que no era ni mío, era de mi hermana. Pero lo leía una y otra vez, y por eso se quedó fijado de una manera indeleble. Ayer estuve en un recital de poesía. No suelo ir a esos sitios, je je, pero es que lo organizaba, y tocaba la guitarra, un amigo. Además mío era el diseño de los carteles. Intenté imitar el estilo de mis ancestros en esto de la creación de propaganda (así es como se llamaba a la actual publicidad). Mi padre, y mi abuelo antes de mi padre, eran tipógrafos. La imprenta “La Gutenberg” fue fundada en 1929 por Miguel Morales, que vino de Montilla a Castro para trabajar en otra, “La Cervantina”. Cuando se vio preparado, pidió un préstamo (creo que fue así), y puso la suya propia. Y es así como he pensado que las cosas que tenemos impresas en nuestros recuerdos afloran de forma inexorable. El olor a tinta y a gasolina. El aspecto austero de los tipos de plomo, y el sonido de las máquinas, que decían lo que tú querías oír. Eran artefactos manuales (una minerva y una Boston), pues la electricidad no llegó hasta los años 90 con una Heildelberg. Y ahora, aquí, rememorando las máquinas de la imprenta, los poemas de Machado que ayer oí, los libros de texto, creo que, como siempre se dice, la patria de cada uno es la infancia. Algunos no la superamos nunca. Las personas de infancias desgraciadas, que han sabido encausar su vida (siempre me acuerdo del alter ego de Truffaut, el maestro de “La Piel Dura”), recuerdan su niñez como un obstáculo a superar. Yo, sin embargo, no imagino ahora piratas, tesoros, locomotoras o en indios y vaqueros. Pienso, concentrándome levemente, en cuando yo era ese niño que se ensimismaba con cualquier cosa que le gustara. Y ese es el proceso que hago siempre al escribir. Es inconsciente, claro, pero es que a lo mejor sé innatamente que mis melindres, que mis reparos a la hora de imaginar, son derrotados por una mente infantil. Y es que yo voy soñando caminos de la tarde, ya sea con Jim Botón, secuestrando burros o viendo como los Budas gigantes que jalonan el camino me saludan son su impertérrita sonrisa.

 
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