lunes 16 de enero de 2012

II Concurso de Microrrelatos del Blog de Mameluco :: VOTACIONES


Ha concluido el tiempo que se determinó para escribir los microrrelatos… Creo que han sido tres semanas.
Ahora toca la tarea de votar. A los lectores y a los participantes. Puede votar todo el mundo. Por supuesto, está permitido el autovoto. Pero lo que no veré con buenos ojos es pedir el voto a lo Garci, por favor.
Cada votante tendrá dos punto que podrá repartir entre uno o dos participantes. O sea: -por ejemplo-

1. ALBERTO GAY HEREDIA 1 punto
2. César Evangelio Luz 1 punto

o bien

3. Fernando Márquez 2 puntos

indicando siempre el número del relato porque hay autores que repiten. Tienen hasta el 31 de Enero. Habrá 6 ganadores. Y dos premios más a mi elección. El premio como ya saben es la publicación en una pequeño librito que se realizará artesalmente en la Imprenta la Gutenberg, taller tipográfico de la familia Morales.

Se pueden comentar los relatos y demás, pero no me sean malos. No le queda mucha vida al blog verde manzana, así que vamos a vivir en paz y armonía.
Se puede votar en los comentarios o en el evento de Facebook que indico a continuación. Si votan en un sitio no voten en el otro que me hago lío. Tampoco utilicen eso de utilizar perfiles diferentes para votar dos veces. Está feo.



Suerte a todo el mundo.

Este será el último de los concursos realizado bajo el nombre de Mameluco´s Blog. Voy a cerrar el chiringuito. Creo que está moribundo de redundancia por mi parte. El próximo 28 de Febrero, coincidiendo con el 5º Aniversario, daré por finalizada la andadura. Quizás le siga otro o igual no. No lo sé. Ya vendrá lo que tenga que venir.

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1. ALBERTO GAY HEREDIA

    Hermenegildo hacía mucho que le había perdido el respeto a la muerte. Deseaba, invocaba constantemente su presencia por razones puramente mercantilistas. Fueron las muertes ajenas, las que permitieron a tres generaciones de su familia vivir holgadamente a consta de un próspero negocio de funeraria. Esperanza, su hija mayor que no había podido graduarse en secundaria, se especializó en acicalamiento post mortem. Dejaba los muertos tan primorosos, que parecían estar vivos. Aquella habilidad acarreó la muerte de otros pequeños empresarios del sector. Todos los muertos de aquella pequeña ciudad ya eran todos suyos. Alguna que otra vez, le llegaban anónimos con amenazas de MUERTE.

2. César Evangelio Luz

    Aquí estoy otra vez, delante de un ataúd. Dentro de él, como siempre que vengo, hay alguien que conozco. De niño pensaba que la muerte nos visitaba y que había que esconderse de su aliento frío, no mirarla nunca de frente como tampoco se le hace a un caballo. Cuanto más tardáramos en abrirle la puerta, más tardaría ella en cruzarla, por más que llamara y pisara nuestro felpudo. Hoy sé que la muerte no viene sino que ya estaba; cada ataúd que honro es siempre el mismo, aunque lo quemen. Y sé que la muerte nunca me visitará; soy yo quien la visito a ella, cada vez más, y dentro de poco estaré sobre su felpudo, llamando a su puerta.

3. Fernando Márquez

    SEXY SADIE (Los Ángeles, 1969)

    Nada tiene importancia: solamente los juegos (colores que se prestan a todos y a nadie). Comeremos cereales en el útero de Sharon y los muertos germinarán como pequeñas luces dando vida a este crepúsculo invertido. Las esfinges calaveras polinizan los ramos de datura. Agosto estalla de improviso en las planicies de hierba artificial: las piscinas rebosantes de agua teñida son llagas que espejean en nuestros corazones. Mataremos a Cristo entre las piernas de Sharon y su sangre correrá en olas sobre las que deslizarse hacia el horizonte. En el futuro, sólo nuestra acción será recordada, remedada, envidiada: el resto irá a parar a los cerdos. Y un millonario de Texas pedirá mi mano.

4. David

    ALGUIEN HA MUERTO EN MI CASA
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    Alguien ha muerto en mi casa. Estoy convencido. Un olor a ausencia me asola, una bofetada tras una broma sin gracia asentada en mi nevera; la comida se pudre deprisa, el agua deja un regusto a poso viejo, las botellas acumulan sedimento y polvo un día después de llenadas, tristes porque alguien ha muerto. El sueño no se instala en una casa donde alguien ha muerto, el tiempo pasa despacio y las campanas tañen hora tras hora, el exterior no tiene nada que ofrecer, como si el pueblo también hubiera muerto en casa de alguien, he olvidado qué es el hambre. Preguntaré quién ha muerto, no como un estúpido intento de empatía, no; algún día preguntaré porque no soporto más vivir sin la certeza de que alguien ha muerto en mi casa.

5. la magnética

    Al llegar a casa tras cuatro días en Fuerteventura, nuestras últimas vacaciones juntos, le he sugerido que cogiera una maleta, la llenase de su parte de culpa y responsabilidad y se marchase.
    "No te ofendas si no quiero volver a verte".
    Después de unos minutos con mi espalda apoyada en el quicio de la puerta dándole vueltas a si quizá hubiese sido mejor que ni siquiera hubiese pasado por casa, he llegado a la conclusión de que la muerte de nuestra relación comenzó el mismo día en que le conocí a través de mi mejor amiga Teresa: la mujer que le convertirá en padre el próximo mes de Junio.

6. Micrótica 

    -¿Susto o muerte?- le preguntó.
    -¡Susto!-eligió con decisión.

    Y el susto le provocó la muerte.

7. Marisol Salanova

    Tus dedos coletean nerviosos sobre mi vientre como peces varados en la orilla. Ya no sabes qué hacer con este cuerpo tendido en el suelo a tu merced. Sigues caliente, sin embargo, y me pregunto a qué nivel de éxtasis hubiésemos podido llegar de haber aguantado mejor la presión de esos otros dedos alrededor de mi cuello, o si te hubieras dado cuenta de que llevaba más de diez segundos haciéndote la señal: si no me hubieses dado muerte. Pareces dispuesta a averiguarlo.

8. Riquio

    SOLEDAD

    Cinco de la mañana y las manos enjutas bajo el plumón, la mirada vaga y directa sobre el alféizar incipiente bajo un cielo indistinto, recogiendo los quejidos del rocío. En un ovillo húmedo de recurrente absorción, varias noches bajo el puente fluyendo, desde aquel perpetuar solitario cuando la vil palabra precedía el paso fugitivo, ese tamaño simulacro que llaman soledad se adhería a las paredes terco como la brea. Era esta nueva piel de la pérdida la comprobación última del aislamiento feral del alma, comidilla impúdica, dueña del hartazgo de filósofos y poetas? Era ese extraño sin nombre, aquel sumergido otra vez en lo supuesto, el signo de un alba no esperada o el rostro de la muerte disuelto en un anhelo?

9. Jimmy Jazz

    LA MIRADA DE CHOCOLATE

    De vuelta a casa me encuentro con Mar ¡Vaya día de trabajo, estoy muerto! le exclamo con hartazgo y cansancio. Ella, distraída, no se percata de mi comentario y la veo buscar por el escaparate de la pastelería su capricho de chocolate. Entramos y nos atiende un hombre de intensa piel negra vestido con bata blanca. Mar pide, yo pago, mientras, descubro cómo se sonríen y recuerdo que hoy, hace diez años Mar y yo nos enamoramos con la misma mirada.

10.  david pascual huertas

    Vale, la historia empieza con un hombre que se despierta. Es martes y tiene una de esas resacas que se parecen un poco a mirar en un periódico las muertes por accidente de tráfico en navidad. Se despereza y comienza a vestirse. Mete las manos en los bolsillos de sus pantalones y se acuerda de que tiene un papelito doblado en el bolsillo. Saca el papelito y lo lee. Caramba. Vaya cosas pone. Y el hombre se pone los pantalones y decide bajar a la calle. Y se va a tomar un café. La camarera tiene cara de lechuga mustia pero sirve el café como si fuera una bailarina checoslovaca. Vuelve a leer el papelito y esta vez se ríe mucho. La camarera ni se extraña. Total, una ve de todo.

11. Isaac

    LA MUERTE DE LA MÚSICA
    Esta historia es real como la vida. Yo tenía seis años y mi hermano, de 21, se acababa de ir de casa. De repente, heredamos una guitarra que salió del armario y que nadie sabía muy bien de dónde venía. Le faltaban dos cuerdas, pero para mí el sonido de las otras cuatro era música celestial. Me podía pasar horas y horas tocándolas, escuchando embelesado su eco en la caja. Poco después mi madre, que debía de estar muy enfadada con mi hermano o la vida misma, dijo que aquello era un trasto. Y que había que desprenderse de ese trasto. Así que, esa mañana y delante de todos, agarró el traste y con toda su fuerza reventó la guitarra en el pasillo. Aún recuerdo el brutal estruendo de las cuerdas. Se había decretado la muerte de la música.

12. david pascual huertas

    Mickey vuelve de la fábrica y se sirve un vaso de whisky. Con lo que tú has sido Mickey. Bueno, ya vendrán tiempos mejores. Se calienta algo de comer. Minnie murió hace dos años y a Mickey le duelen las manos de la cadena de montaje. Es la crisis, ya pasará. Eso al menos es lo que dicen todos. El plato de comida del perro aún está lleno. Eso es lo que pasa cuando ya no tienes perro, piensa. Esta noche, Donald vendrá a buscarlo y harán lo que hacen siempre. Ir a un bar, beber hasta perder el conocimiento, no hablar demasiado. Es una manera bastante varonil y tradicional de lamerse las heridas. Los chicos no lloran, al menos en la ciudad de los sueños. Que piadosa es la recesión.
    Donald perdió su empleo hace año y medio, así que pagará Mickey. Venga esa última ronda que mañana hay que trabajar. O lo que sea.

13.  Ramón

    Coleccionaba antiguas fotos de niños muertos. La pared de su habitación estaba cubierta de retratos en blanco y negro de pequeños cadáveres endomingados y peinados con agua. Hacía siglo y medio que sus padres encargaron estas fotografías, desgarrados por su muerte, para recordarlos y rezar frente a ellas como si fuera una estampita de un santo o una virgen más. Ahora ella construía una siniestra orla frente a su cama con todas las que podía encontrar en mercadillos y anticuarios. Nadie se explicaba su extraña afición y cuando le preguntaban, se desentendía amablemente. Pero todas las noches se dormía escuchando placenteramente el coro de llantos de todos sus niños muertos.

14.  juanitamarkez

    Me llamo María de la Dulce Muerte, pero podéis llamarme Marimú, hay confianza. Los niños del cole me llamaban Marimuerta; los adolescentes del insti, La Fiambre, así, directamente; en mi primer trabajo de becaria, La Chupapollas, este apelativo no tiene nada que ver con mi mortal nombre, pero es que fue así, las cosas como son. Cuando ascendí a jefa de departamento me empezaron a llamar La Viuda Negra, en honor a la fama de esa araña, prototipo de la cruel fémina que destruye al macho. Durante mi ascenso a la cima rodaron muchas cabezas. La viuda negra, después de aparearse, se come al varón empezando por la sesera. Yo empiezo por la polla, perdón por la expresión.

 15. Percy B. Suárez

    LAS ORILLAS

    Estás remando y piensas que no tienes nada... ¡que equivocado estás!, estás pensando y por lo tanto lo tienes todo... tienes tu VIDA... continúa remando por esta orilla... en la otra está la MUERTE.

16. Mazes

    Ahí va el primero: Pis pas I

    Hasta bien entrada la mañana, permanecía en la cama observando el vacío que quedaba a su lado, acariciando con su arrugada mano la tersura de un algodón primorosamente bordado que sí resultó ser para toda la vida, o al menos para la abuela, que disfrutaba ya del descanso de la muerte y que rezó con cada puntada para no tener que ver esas iniciales separadas. Cuando por fin conseguía eludir el magnetismo de la nostalgia, se calzaba unas babuchas de cuero marrón que resaltaban el tono transparente de su piel y suspiraba mientras apoyaba los nudillos a ambos lados de su cadera, en un intento poco menos que derrochador de convertir sus brazos en el impulso que ayudaría a erigir un cuerpo que ya no respondía ni se cuadraba ante su amo.

17. Mazes

    Y el segundo: Pis pas II
    Cuán cerca vio la muerte en aquella cuna de la vida. Esa misma cama de metal, que hoy chirriaba para entonar un dueto con los huesos del abuelo, no hace tanto que cantaba de alegría cuando, por la mañana, no hacía falta que usara las manos para levantar la sábana. Entonces la abuela sólo tenía que dedicarle una sonrisa para que las sagradas palabras del sacerdote cobrasen sentido y realmente ambos acabasen siendo una sola carne, ese maravilloso desafío a la física y a las matemáticas que demuestra que “uno más uno es uno” o a lo sumo y con el tiempo, tres. Y así hasta ocho que llegaron a constar en el libro de familia.

18. @LF

    La muerte del artista fracasado

    Se levantó muy temprano y, como todos los días, invariablemente, se bebió un zumo de naranja y un café. Hacía frío y se sentó en el sofá, tapado, con el libro que había estado leyendo apenas unas horas antes. Leyó durante casi dos horas, se tomó otro café y algo de fruta y se pudo a trabajar.
    Llevaba varios días buscando a la muerte. Necesitaba una muerte; una muerte de película, es decir, de una película para unirla a otros trozos de película y hacer una película, eso sí, corta. Quería una histórica tragedia para adaptarla a un contexto cómico, lo cual, ni era muy original, ni resultaba aparentemente difícil. Pero no la encontraba.

19.  Sorel

    En tiempos de Francisco I, un soldado se sublevó contra el rey y contra Francia. Él solo. Se atrincheró en el viejo torreón que guarda el puerto y que aún hoy existe en El Havre y hubieron de atacarlo despiadadamente en un asedio desproporcionado para vencerlo. La ciudad que lleva la salamandra real en el escudo pudo con la heroica oposición de uno solo y nunca se supo si el soldado se rebeló en un acceso de locura o si fue por amor. Sería hermoso que en ese mismo ribete de mar donde Monet encontró inspiración para pintar un cuadro que terminó nombrando a toda una generación de artistas, un soldado hubiera muerto valientemente enfrentado al mundo por una mujer. Yo siempre quise ser ese soldado rebelde.

20. carme

    La muerte

    En la noche más larga, oscura y fría aguarda en silencio desafiante y oculta la MUERTE. Una cita de imprevisible encuentro y engañosa seducción, donde el viento mecerá mañana flores marchitas y lágrimas de un triste adiós.

21. Jazz

    A lo largo de mi vida he escrito mucho. Si quisiera ganar este concurso… ¿Que no sabes de qué concurso hablo? Uno que se ha inventado un tal Mameluco. ¿Qué de qué le conozco? Me habló de él una amiga, pero no le he visto en mi vida. Sólo sé que tiene un blog. Uno más. A mí varias veces me han preguntado que por qué no tengo un blog. ¿Para qué? Si no tengo tiempo ni para escribir. Ahora mismo lo que me preocupa es en qué momento meteré la palabra “muerte”. También me inquieta no saber cómo se cuentan los 600 caracteres. Tendré que contarlos yo mismo. Como decía el bueno de mi padre, si quieres que las cosas que te interesan se hagan bien, hazlas tú mismo.

22. Jazz

    Me quedo con tu mirada. No me mires así, porque ahora tu mirada es mía. Sé que no me crees, pero eso no me importa. No me interesa lo que pienses ni lo que digas. Y menos aún lo que hagas. Porque dentro de unos minutos la muerte te dejará sin aliento, y tus ojos serán míos. ¿Para qué crees que he traído este bisturí? Primero, el ojo izquierdo. Es mi preferido. Con él me guiñabas cuando todavía me querías. Ahora que me odias, no lo necesitas. Lo que todavía no he decidido es de qué forma te mataré.

23. Carolina D del C   

    Algo que ustedes no saben es que la Muerte tiene una red de blogs para atrapar vivos y llevarlos a su lado oscuro. Son blogueros que no están vivos aunque hacen todo lo posible por parecerlo. Cuentan su vida de una forma banalmente inofensiva, cuando en realidad no existen, son sólo lenguaje binario de 0101, sensaciones que existieron, memoria fósil almacenada. Muchos caen en sus redes y desaparecen. La pantalla del ordenador se los traga como un agujero negro. La clave para descubrirlos son los concursos de microrelatos. Te seducen para que escribas un relato mínimo y cuando estás delante de la pantalla, absorto en tu tarea, ésta te succiona y te convierte en memoria RAM. No lo hagas, no caigas nunca en la tentaa

24. ALBERTO GAY HEREDIA

    Muerto de hambre y de sueño, en una ajada, fría y solitaria estación de ferrocarril de transbordo, esperaba pacientemente la llegada de aquel viejo tren expreso que, tras disfrutar de mi civil permiso reglamentario, me devolvía aquel viejo cuartel de infantería en el que debería seguir cumpliendo con mi servicio a la patria. Por fin, cómodamente instalado en aquel tren, soportando estoicamente un desagradable olor a perros muertos que desprendían los calcetines de mis compañeros de departamento, pude conciliar el sueño. Cuando desperté, me di cuenta de que merecía la pena seguir soñando.

25.  Indianred

    La había besado cien veces en la frente y otras tantas en las manos. Cada vez que el móvil sonaba, contemplaba la fosforescencia de los números del identificador, y agradecía en silencio que el llamado que esperaba se retrasase aunque fueran sólo unos minutos. Unos minutos eran un siglo mirando sus párpados cerrados, su boca curvada en una mínima sonrisa, su cabello recién cepillado y perfumado.
    El “ring tone” sonó más agudo que el silbido de la muerte. Respiró hondo y soltó el aire en un profundo suspiro que le dolió en el pecho, antes de atender a los de la funeraria y decirles que ya bajaba a abrir la puerta del edificio.

26. Raquel

    Todas las noches se repite el mismo sueño. No sé por dónde empezar, la verdad. Es una sensación extraña, difícil de explicar. Muerta, lo que se dice muerta, no estoy, sigo sintiendo. Pero no puedo moverme, no puedo hablar, ni siquiera puedo respirar por mí misma. Recuerdo sensaciones como de una vida pasada, ideas inacabadas que vienen y van en mi cabeza como un laberinto sin fin. Luego me despierto y la realidad me golpea como un relámpago: el accidente, el hospital,... Nada era un sueño, ahora vivo como un vegetal.

27. Ignacio Jardín

    Sólo veía una mancha borrosa. Fue al notar que me agarraban del pelo y me tiraban la cabeza hacia atrás cuando me di cuenta que la mancha era granate, y estaba rodeada de otras muchas, todas de colores muy vivos. Estaba sudando, y mientras seguían tirando de mí, me pareció que las manchas empezaban a formar algo definido: una montaña, quizás, o dos; tal vez una chimenea. Noté el cañón de una pistola en la sien y una voz me gritó al oído:-Vuelve a decir que esto no es un Kandinsky, jodido cabrón, y te vuelo la tapa de los sesos aquí mismo.
    Sentí la muerte como una punzada de orgullo.

28. Iñigo Martín-Santos

    LA LETRA

    Acércate mas-dijo una voz femenina. ¿Más?-respondió el. Si, hasta que mi aliento no se distinga del tuyo.
    Los siguientes segundos, minutos u horas, no las conozco, solo ellos lo saben. Yo enfile la calle Martos, apenas habían sido unas palabras, incluso puede que las imaginara al reconocer las sombras en el rincón del soportal. Acababa de cerrar Ca David, y la diferencia de temperatura me hacia encogerme dentro del gabán, al fondo el final de la calle se oscurecía como la boca del lobo. Pensé en la ironía de la situación, ellos buscando la oscuridad y yo temiendo entrar en ella. Tranquilo, pensé, justo antes de ver el fogonazo, entre Muerte y Suerte, solo hay una letra de diferencia.

29. Covi del Barrio

    Recién nacida, huele a nuevo. La miro, la olfateo, la reconozco, como cualquier mamífero a su cría. Y sin amarla aún, cerco el espacio y el tiempo y al más leve gesto de dolor, que la atenace, estoy alerta. Su vida, recién estrenada, podría peligrar y esta fuerza demoledora que me invade al mirarla, desataría mi ira, perdería mis uñas, mis dientes, derramaría toda mi sangre...porque ahora mismo SE que por haber nacido la muerte la acecha.

30. Cris

    Dormía tanto que cuando me morí nadie se dio cuenta.

31. Paco RC

    MAR ADENTRO

    Afasia. Pérdida progresiva de motilidad. Dolor. Cuidados paliativos. Este olor a hospital. Súbeme la cama. Atonía. Cierra la ventana. No soporto la luz. Muerte digna. Neurodegeneración. Para cuándo una ley. He vuelto a hacérmelo encima. No puedo más. Déjame solo. Afectación sensitiva. Pomadas para las escaras. Siempre me dieron asco los purés. Antisépticos. Ley que no llega. Ansiolíticos-hipnóticos-analgésicos-antidepresivos… Me miran con compasión. No saben qué decirme. Me traen bombones. No puedo tragar.
    Sí señor inspector, naturalmente que le acompañe a Suiza. Estuvimos casados cuarenta años. Siempre juntos desde los veinte. No iba a dejarle solo. Cuando vino la Muerte él estaba dormido en mis brazos.
32. Ster

Desde el vacío de la tristeza y la melancolía, agobiado por multitud de angustias que te impiden ser feliz, nos alegras la vida, y desde tu lucha titánica por seguir viviendo, nos planteas un concurso de microrrelatos que incluyan la palabra muerte.

    Y aquí nos tienes, a gente variopinta, desconocida entre sí, que confluyen en tu blog verde manzana para participar en la alegría y la ilusión de un concurso que como premio se lleva solo “la honrilla de ganar” y un maravilloso libro hecho a mano.

    ¿Te parece poco?

33. Iñigo Martín-Santos
   
CUENTO II

    ¿Qué para que sirve la noche? Para esperar, para eso sirve. Tú esperabas a otra, solo usabas mi nombre, porque en tu inmenso egocentrismo, nunca me viste como la opción valida. Declamabas mi nombre, para provocarla a ella. Cuando la imaginabas, la sangre bombeaba por tus venas vidriándote los ojos. Nunca pensaste, que serias mío. Al menos no tan pronto, no antes de saborearla a ella. Mírate, al abrazarte a mí, o mejor dicho, al sentirte abrazado por mí, ni tan siquiera recuerdas los días en los que gritabas tu amor por las dos. En tu infinita vanidad, no dudabas que ambas éramos igual de amantes para ti. Pero a ella nunca la tuviste.
Gloria o Muerte gritabas enardecido. Pues bien, puedes cerrar los ojos, aquí me tienes.

34. alberta coconut

    Me llamo Jorge Moscoso. El hombre que tengo a mi lado es un abusador de ancianos. Se toca sentado en sus regazos, se corre sobre sus caras hieráticas marcadas por enfermedades que les comen el cerebro. Yo lo he tenido que ver, obligado por un juez, en un vídeo en HD para dar fe de que aquel rostro bañado en semen era el de mi padre. Imagínate el culo del hombre que te acunaba abierto nítidamente en blu-ray tras el biombo. No puedo expresar el eterno agradecimiento a la Residencia Nuestra Señora de las Mercedes por colmar sus zonas comunes de las más modernas cámaras de vigilancia. Este hombre a mi lado sale hoy de la cárcel. Me llamo Jorge y voy a darle la más salvaje muerte que imaginar pueda mi pobre destrozado corazón.

35. patidifusa

    RECETA

    Te odio. Corto la cebolla fina y la pongo a pochar. Llevo aburrida contigo media vida. Limpio las zanahorias, las parto en rodajas y las echo en la cazuela también. ¿Y pensabas que no me iba a enterar nunca, imbécil? Pelo las patatas y las reduzco a cubitos, las dejo caer sobre ese lecho blanco y naranja, tapo la cazuela. Nunca me acerqué a tu diario, lo juro. Espero unos minutos a que se haga todo a fuego lento. Pero te lo dejaste abierto, sobre la mesilla. Añado agua, sal y los garbanzos de bote. Llevas años engañándome con hombres, a docenas. La morcilla de Sotomayor, que no falte. Y yo esto no me lo merezco. Un poco de cianuro y un Starlux para redondear el sabor.
    - ¡Cariño, estos garbanzos te han quedado de muerte!

36. Jose M. Ubé

    GOLPE DE SUERTE
    No podía recordar sus sueños, pero aquella noche la imagen de unos neones con la frase “golpe de suerte” se repetía insistentemente. Toda su vida había sido gris. El mensaje nocturno le obsesionó y compró lotería al salir de la oficina. El golpe llegó. Sin decir nada a nadie se fue a la costa azul, se alojó en el mejor de los hoteles e, imitando a su adorada Grace Kelly, compró un descapotable para recorrer los paisajes que solo vió en la pantalla de televisión.
    El informe de la guardia civil determinó que el accidente se produjo por somnolencia de la conductora. El opel corsa quedó destrozado. Confundió el mensaje de sus sueños. Realmente le avisaban de un “golpe de muerte”.

37. Isaac
   
    La muerte se vendía en tarritos pequeños, en los supermercados y en las tiendas de 24 horas. Claro que también la podías comprar al por mayor, en tiendas especializadas en import-export y ahorrarte un dinero. La traían de China, pero no era tan buena, claro. Lo mejor, si tenías dinero para comprarla, era ir directamente al productor artesano, posiblemente un ancianito del campo, que te la vendía a un precio desorbitado, eso si le caías bien y te pasabas un par de días alojado en la casa rural de su sobrino nieto. Así era el negocio. Lo que no sabían todos aquellos que sintieron el furor por la moda de la muerte, era que esta iba a durar más bien poco. Y que después iba a ser nada más que un rollo anticuado, un tema, poco cool, del pasado.

38. spectrvm

    El señor extraño-adiós.

    El señor extraño-adiós no volvió a estar allí. El día que desapareció, se despertó muy temprano y al prepararse hizo más ruido del habitual. Cuando uno quiere no estar, cualquier roce corta el silencio y deja una herida que no deja de sonar. Lo imaginé desayunando, ya listo para partir, vestido impecablemente y con el maletín de curar muerte en el suelo, a un lado junto a él. No tardó en levantarse y sin decir nada se dirigió a la salida, hacia el jardín. Anduvo unos pasos, se paró un instante y dudó antes de seguir, pero como no tenía cara, no pudo darse la vuelta y sonreír.

39. Rafa Arroyo

Cuando el hombre abrió la puerta ella no podía sospechar lo que iba a suceder. Nunca le había dado ningún motivo para desconfiar, es más, se sentía protegida por él. El hombre quedó un instante parado bajo el dintel de la puerta, observando el habitáculo y de repente clavó su mirada en ella, una mirada distinta, extraña...Cuando él la agarró ella no forcejeó, ni siquiera intentó resistirse cuando él hundió la afilada hoja del cuchillo en su cuello. Apenas unos segundos y la obscuridad. Aquel domingo en la casa se respiraba un agradable olor a pollo asado mientras que el gallinero emanaba un lúgubre olor a muerte.

40. Diego Luis Urbano Mármol

    Rosita “La Chamaquita” es la encargada de sacadme al sol estos días fríos de invierno; por eso de que es bueno para absorber el calcio.
    Allí está Mateo soleándose; de nuevo me ha cogido la mano. Con cara de sinvergüenza y mirada amenazante; claro, él sabe que yo no me tragué lo de que la lechuza había hecho desaparecer al canario.
    Hace algunos años aún nos despertaba cuando montaba a la gata de la vecina; esta chillaba que parecía un recién nacido llorando como un berraco; que amoroso debía ser. Juana “La Cuartopila” gritaba a la mañana siguiente cerca de la ventana; para que lo escuchara la dueña. ¡Coño, que lo cape!
    Ahí esta el viejo gato ojeándome y relamiéndose porque intuye que la muerte me llegará a mi antes que a él.

41. Diego Luis Urbano Mármol

    Después de una media hora; que es lo que duró el manoseo de la cara, el levantamiento de los brazos y suelta desde arriba para comprobar que caían a plomo, movimientos de cabeza en forma de negación, luego de afirmación; las piernas dieron más resistencia a los movimientos, pero lo intentamos; dimos por terminado los ejercicios de reanimación. Y mi hermana que llevaba la voz cantante la dio por muerta.
    Nos fuimos al patio a jugar, sin preocupación alguna; con seis y ocho años poco conocimiento de la muerte podíamos tener.
    Pasada una hora más o menos descubrimos que ya no estaba en la cama. Mi madre seguía con la tarea diaria.

42. Pi

    He llegado a más de la mitad de mi vida, acaso esté terminándola, si pudiera retroceder iría al momento previo en que la muerte llegó a mi casa, cerraría la puerta y echaría la llave. Después me metería en mi cama y escucharía a mi padre roncar por la noche y a mi madre trajinar de buena mañana en la cocina.

43. Ariel

    Miss Shapes, Miss Shapes, Miss Shapes

    Ostras, Pulp, qué buenos son. Gran elección para despertarme, piensa.
    Mira el reloj, 6:45 de la mañana, es pronto. Decide quedarse un poco más en la cama.
    Qué raro, está mojado, la cama está empapada, tanto sudor que cubre su cuerpo...

    Al oír Common People, decide que es hora de levantarse
    Se pone el pijama. Se levanta. Se siente liviano, grácil, extrañamente ligero, sin ningún rastro del malestar, embotamiento y cansancio de anoche.

    Va hacia la ducha, a mitad del pasillo retrocede para bajar el volumen de la música. Entra en la habitación y descubre atónito su cuerpo en la cama, rodeado por una marca oscura. Entonces comprende que se está balanceando en brazos de la muerte.

44. el zurdo

    -Me cago en la Muerte.

    Dijo mientras leía en el closet la prensa económica del día anterior. Se había aficionado a las páginas salmón desde que una pitia le dijo que hallaría petróleo en su parcela y sus miserias desaparecerían y se haría rico y creso.

    -Ahora te vas a enterar.

    Dijo la Muerte, que es suspicaz y no perdona una si la mentan en vano (no como Dios, que tiene más paciencia). Y helo ahí, un chorro oleoso a inimaginable presión elevó a la ionosfera a nuestro sujeto y le obligó a repetir entre estertores agónicos la proverbial frase de Cletus, el rústico antifilósofo de la Amérika Profunda:

    -AAAAAAY, CREO QUE ME HE ROTO EL HUESO DEL ANUS!!!!
    -Toma anus horribilis.

    Cómo se reía la Muerte. La muy jodía...

45. Grom el Único

    VACAS EXTREMADAMENTE FLACAS.

    No era por tener que mendigar un préstamo. Ni siquiera el cambiar su querida (y empeñada) herramienta de trabajo por una ridícula navaja suiza. Lo que realmente le molestaba era sustituir su poderosa e imponente capa encapuchada por una camiseta negra con la frase “BBVA patrocina este fallecimiento”.

    Firmó - “por quintuplicado, por favor” - con su esquelética mano un “La Muerte” desganado y casi ilegible, y se levantó ruidosamente. Y de buena gana se hubiera llevado consigo a aquel bancario de voz engolada...

    … si no fuera porque lo prohibía la quinta cláusula del contrato.

46. Lia Mota

    En su cuerpo vivían 7.000 personas. El arquitecto las había dibujado después de los edificios y los parques. Había tras esas líneas, vidas enteras que ella se había inventado. Él se dedicó a dibujar durante horas, en la cama, cada uno de los detalles que ella le iba narrando. Aquí, en ese pequeño espacio vivía una prostituta. Tenía un farolillo rojo en la ventana. Aquí el trabajador de la imprenta. Aquí, justo en la clavícula vivía un médico que tenía el pulso mal, de la bebida. Un poco después de las 7 él se marchó. Lentamente la mujer se dirigió al baño, y abrió el grifo de agua caliente.
    Las ciudades cayeron, el agua se tiño de azul, muerte y destrucción de cada una de las partes de su cuerpo.

47. la gata chundarata

    Fue entonces cuando tuvo aquel pensamiento. Después de que aquellos granujas lo raptaran y apalearan, después de que le arrancaran las uñas, después de volverse loco de dolor y miedo... cuando lo abandonaron entre risas en las vías del tren, aterido de frío, sin fuerzas para llorar, lo pensó: La muerte estaría mejor. Sería como estar entre los blandos pechos de su madre, alimentándose de aquella leche cálida y dulce. Sí, pensó, la muerte debía parecerse a aquello...
    Pero era un gato, y tenía siete vidas

48. Elsa

    En una noche muy lluviosa, intentábamos localizar el Hostal del Monte; encontramos una casa. Desde lejos la vimos un tanto rara como un cementerio deshabitado.
    Cuando nos acercábamos nos dimos cuenta que la casa no estaba cerca hasta que la divisamos en lo alto, entre la lluvia y la claridad instantánea de los relámpagos. Las distancias, en el campo, engañan, y aún más, en la oscuridad.
    Según ascendíamos torpemente, sólo se apreciaban las sombras del tejado. Cuando alcanzamos el terreno, descubrimos un muro delante de la fachada de la casa, y algunos árboles y arbustos detrás. Pero lo más llamativo era que, por detrás del muro habia tumbas en la que ponía la muerte de personas. A esta casa la llamamos “La casa de la muerte ’’.
49. Percy B. Suárez

    LA FOTOGRAFÍA

    Un buitre al acecho de una niña africana moribunda... un fotógrafo al acecho de una fotografía impactante... que contradicción asociar la palabra niño o niña con la palabra MUERTE. El fotógrafo realiza la fotografía y allí empieza su calvario, en ese momento cabalga a pasos agigantados hacia su propia muerte, será el único camino que le conduzca a la paz... que contradicción asociar la palabra paz con la palabra muerte.

50. Hugo Álvarez Gómez

    Te lo juro por lo que más quieras, está muerta –le dijo Pablo a Saúl mientras se abrazaban.
    A la mañana siguiente, nadie fue a trabajar. La muerte dejó de dar miedo así que algunas personas simplemente no respiraron más. Ese niño había matado a la tristeza para salvar a su mejor amigo, condenando a la humanidad. Saúl sonreía, como todos, con un gesto lleno de euforia que acabaría con él. Pablo cogió el bote de Fanta que sostenía, lo aplastó contra el suelo y mientras cogía su mano se rajó el cuello con la punta afilada que quedaba en la hojalata. Su sangre se mezcló con el refresco y Saúl dejo de sonreír.
    A la mañana siguiente todo el mundo llegó tarde, pero la vida volvió a merecer la pena.

lunes 26 de diciembre de 2011

II Concurso de Microrrelatos del Blog de Mameluco


Bueno. La cosa va así. Ayer me enteré por casualidades de la vida que la última entrada escrita hace ya un buen tiempo era la 550. A mí, como soy de natural acumulativo, el número de las cosas me gusta, así que lo puse en la página de FB que Miguel Mameluco Morales dedica a Mameluco (a secas) como parte de su ansía de que todo el mundo lo conozca -adore- y le rendan pleitesía. Eso en realidad no pasa, claro. El mundo no está tan loco. Pero sí hay gente que sigue mis tonterías por ahí. El caso es que La Gata Chundarata me sugirió que hiciera un concursito de estos míos para celebrarlo. Y dicho y hecho.
Como el que celebré a comienzos de este años se seguirán las reglas instituidas por la insigne blogger Ana Arándanos hace siglos, que corto y pego:

Convoco un concurso de microrrelatos. La idea no es ver quién gana y restregárselo a los demás sino obligarnos a escribir y ver qué historias sacamos de alguna palabra.
Los cuentecitos (por definición de “cuentecito”) tienen que ser cortos, propongo que sean de un máximo de 600 carácteres (sin espacios). Tampoco voy a ser muy estricta en este sentido, si te pasas en 10 caracteres no te voy a descalificar porque la idea es pasar un buen rato, aunque viene bien tener un límite para obligarte a quedarte con la esencia de la historia (por cierto, si tienes dudas sobre como contar automáticamente los caracteres en Word dímelo y lo explicaré en comentarios).
El cuento tendrá que contener una palabra o frase que se anunciará previamente.
El sistema de votaciones será publico, es decir, no hace falta haber escrito un microrrelato para votar. Pido, eso sí, corrección a la hora de dar vuestra opinión. Que quede claro que no es cuestión de hacernos la pelota mutuamente sino de poder hacer crítica de manera educada y sin ofender a nadie. Tampoco hace falta dar una crítica digna de un sillón de la Academia de las Lengua, puedes decir simplemente cuál te ha gustado.
Yo escribiré también microrrelatos para que a nadie le dé verguenza hacerlo pero los míos no entrarán a concurso (aunque por supuesto podéis criticarlos como cualquier otro).
Como he dicho, es algo para divertirnos así que no hay premio material. A ver si la gente se anima, podéis dejar vuestras sugerencias y vuestra opinión en los comentarios.
Ejemplo: “Oh, sí! Es la oportunidad que siempre estuve esperando, me apuntaré a todos los microrrelatos y se lo diré a mis amigos!“

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¡Ea! Los cuentecillos se dejan en los comentarios del blog. Máximo de 2 por persona y/o nick.
Tienen hasta el 15 de Enero de 2012.


POR FAVOR NADA DE FALTAS DE ORTOGRAFÍA. ESTARÁN PENADAS (con la muerte, no es broma) A NO SER QUE SE DEBA A UN DESPISTE EVIDENTE.
Cuando llegué la hora, pondremos todos los microrrelatos válidos, explicaré como votar y esas cosas para los que no partiparon en el proceso el año pasado.

La palabra clave es MUERTE.

¡Ah! Bueno, se me olvidaba la sección premios. Como mi economía no me permite comprar grandes regalos ni nada, el premio es la honrilla de ganar y la publicación de los ganadores (los 6 más votados) en un minilibrito hecho artesanalmente en la imprenta de mis ancestros. 2 de sus páginas las reservo a dos relatos de mi propia elección –para mangonear un poco-.

Difundidlo amigos, para que participe mucha gente y mejor nos lo pasemos.

viernes 4 de noviembre de 2011

OTOÑO




No sé si en Sevilla, pero en mi calle la lluvia es una maravilla. No tiene que venir ningún pigmalion a contármelo. Me gusta la lluvia. Hoy, volviendo de Granada en el Supra –eso si es confort-, he visto los ambientes otoñales por fin asomar la cabecita por el horizonte. Terrenos grisáceos, cenicientos, sin apenas contraste con el cielo, que humeaban. Se asemejan, o yo lo relaciono en mi baúl de recortes neuronal, a cuando Oskar Matzerath estaba con su abuela, asando patatas y se metía debajo de las cuatro faldas. Su madre fue así concebida, pues una vez el abuelo de Oskar huía por los cambos de Cachubia  perseguido por unos gendarmes y halló el cobijo debajo de las cuatro faldas. Y de ahí salió la mamá de Oscarnello. Unas ruinas de algún cortijillo cubiertas por completo por el verdín y la hierba. Es una de mis ideas de algo bello. Lo ruinoso invadido por la naturaleza, esa que siempre vuelve a su cauce, sea como sea. Y los bancos de niebla, la bella precipitación por condensación, nebulosa y misteriosa, hacía que las alamedas de repoblación, cuadriculadas y en fila india, se mostrasen más desparramadas por la vega, como anárquicos estratos de realidades superpuestas que, por azar o porque las estrellas están en conjunción, se revelan ante nuestros ojos inocentes, dispuestos a ver cosas que no existen por el mero hecho de imaginar yuxtaposiciones de universos paralelos. Una vez llegué a mi destino intermedio, Baena, el sol aparecía de cuando en cuando y las nubes bajas gigantes, grises y blancas, se movían a velocidades supersónicas por detrás del perfil de la urbe. El cielo del fondo era aborregado, de nubes altas que se entrelazan como formado un tejido poco trenzado.
Y ahora, por la noche, llueve, y el frío tan deseado tampoco es que acabe de llegar, pero los calores del ya verano de casi seis meses se fueron al sur, con las aves migratorias, que ya no migran ni nada. Ya no se van ni las cigüeñas. Por San Blas ya no verás a las cigüeñas llegar pues no se fueron ya más. El maldito cambio climático hará que crien naranjas en Dinamarca, pero a los países mediterráneos nos va a hacer parecer el Rif, me cago en tó lo que se menea. Habrá personas que nieguen la mayor, pero que yo tenga que sentir por fin el otoño el día 4 de noviembre es para darme cabezazos contra la pared. Pero bueno. No está todo perdido. Quiero comerme una castaña. No me gustan mucho, pero es el único sabor del otoño que puedo soportar. Porque esa es otra… ¡qué no sabíamos cuando iban a llegar las granadas este año! Si es que las temporadas, los trabajos y los días se van perdiendo. Pronto, muy pronto, encenderán las malditas luces de Navidad y se creará falsa imagen de fiesta. No es que esté en contra de las Navidades –son otra cosa más del año gusten más o menos- pero no que empiecen en Noviembre, Corte Inglés.
Disfrutemos pues del otoño, de la lluvia y el mal tiempo –que no es sino bueno, para mi mente y para los campos-, que ya vendrá el calor más rápido de la cuenta, si lo sabré yo. Yo y mi pierna que se hincha con las temperaturas ígneas del bien llamado estío.


Aparte, Fernando Márquez, el Zurdo, hombre del Renacimiento e intelectual en el sentido antiguo de la palabra, me invitó amablemente a participar en su revista digital Línea de Sombra. El tema era libre y yo elegí Lovecraft, en un ejercicio funambulista de escribir sobre algo trillado, pero siendo coherente con mis motivaciones para con el gran Cthulhu, mi señor de ficción, con el permiso del Monstruo de Espaguetti Volador, claro está.
Les invito a que se pasen:

lunes 31 de octubre de 2011

NO



Hola, amiguitos. Con esto del cambio de hora y que la cabeza me barrunta miles de cosas como ya expliqué ayer estoy que lo tiro todo por la ventana. Dos actualizaciones en dos días consecutivos. Inédito desde hace muchos años.

Esta noche hablaremos del gobierno.
 
Como ya hicieran Tip y Coll en la televisión les contaré lo que me dé la gana a mí, que para eso soy aquí el que paga las facturas de este chiringuito. El otoño se presenta potente, queridos. Y ya no hablo de mí y mis cosillas, sino el panorama general en el país. Se nos avecina un chaparrón de despropósitos, de mentiras, de brindar con los astros y de cantar las cuarenta. Arrastro, que dirían en la Subasta (o el subastao). Las cartas sobre la mesa son una lista de siglas y señores y señoras todo el día hablando de cosas que podrán interesar a un sector de la población, no digo que no, pero si prohíben fumar en los bares por el bien de todos, también deberían prohibir la precampaña, la campaña y la jornada de reflexión, porque vamos a ver: aburre.
En este mundo se puede ser de tó menos pesao, que dice el adagio con mucha razón. Si lo que defienden son unas ideas concretas que se han consensuado, que se pasan al Word, se le pasa el corrector ortográfico y se saca en una memoria ¿por qué tanto hablar? Si se ha de elegir entre cosas diferentes pues muy bien. Que lo den por escrito.
Mi propuesta es la siguiente, si nos tienen fichados por un número llamado documento nacional de identidad pues que nos hagan una cuenta de correo a todos los españoles, a todos los que llegados el 20N tengamos el derecho de votar (o no). Con la forma XX.XXX.XXX@españa.org cada uno tendrá su buzón listo para recibir en formato portable document format  o pdf (es el estándar ISO -ISO 19005-1:2005- para ficheros contenedores de documentos electrónicos con vistas a su preservación de larga duración. Fuente: Wikipedia) con el programa de todos y cada uno de los partidos políticos del cada vez más mermado espectro hispano. Mermado entre otras cosas porque tienen que reunir 35.000 firmas partidos que a lo mejor no llegaron a esa cifra ni de lejos en los últimos sorteos electorales.
Con esos archivos ya cada uno que obre en consecuencia. Yo les daría al spam a todos los mayoritarios, o sea, a los que consiguieron algún escaño, y vería que ofrecen los que nunca llegarán a ser una opción.
Solo he pensado, disculpen en la población que utiliza Internet, pero claro, escribo desde un blog y son el público al que me dirijo.

Esta democracia (a la que ya bauticé como pseudodemocracia neoliberal hace ya algunos años) sólo quiere saber lo que opinan cada 4 años, y es por un interés loco en la perpetuación lampedussiana de un sistema resquebrajado. Lo que se entiende como el gobierno del pueblo –si traducimos del griego a la gornú- es en realidad la gestoría de los pagadores de impuestos. De eso se trata el embolao. Mucho se ha hablado –a colación de los indignados- de que el PP y el PSOE hacen lo mismo. Pero me gustaría ver a mí qué harían los que tanto se quejan de su minoría en las cámaras por la injusta ley electoral si tuviesen la sartén por el mango –es fácil decir cuando no hay posibilidad-. No, no les estoy insuflando oxígeno a los mayoritarios, no, no es eso. Estoy diciendo – o más bien preguntándome- que qué harían si tuvieran que lidiar con el capital, con los bancos, con las multinacionales, con Bruselas, con Washington, con la bolsa, con los países musulmanes, con los iberoamericanos y con el sursum corda. ¿Qué cosas pueden cambiar si has llegado al poder (una hipótesis de trabajo) sin ser de los de siempre, pero jugando con el juego y con las reglas de siempre? A los políticos se los elige, bien es verdad, pero a los otros que he enumerado y que mandan más que cualquier ministro ¿los han elegido ustedes alguna vez? Porque yo no.
Querer cambiar las cosas desde dentro creo que nunca ha tenido demasiada eficacia, porque como en la mili de antes, el valor se le supone -yo me lo supongo-. ¿Cuántos políticos honrados con un discurso definido y que hayan tenido la ocasión de sentarse en la poltrona sin caer en corruptelas, juegos de niños, payasadas, pataletas y disparates han visto ustedes? Vuelvo a contestar yo si me permiten: ninguno. Al 15-M se le acusó de promover la abstención y ellos, muy dignos entre tiendas de campaña y bongos, lo negaron. Si no te gusta un sistema y estás indignado ¿por qué apoyarlo? Muchos dicen –como si hubiesen estado de maquis- que se ha luchado mucho para conseguir esto. ¿Esto? vuelvo a repetir ¿quién ha luchado para conseguir un país crispado lleno de políticos ineptos y avarientos usureros? Creo que sólo los políticos lo hicieron. Algunos –muchos- lucharon por unos ideales en sus tiempos. Otros tantos lucharon en contra de una dictadura –menos de los que se cuelgan medallas hoy-. Pero para reconducir el país a un sistema parecidísimo a la alternancia decimonónica sólo habrán luchado –que ni eso- los que quieren la libertad personal vigilada y la libertad del capital con el candao bien abierto. O sea los políticos y a los que les interesa la cosa así.
Cuando se llega al poder las cosas se olvidan con facilidad. No hay nadie que les sostengan los laureles pero a la vez les diga: sólo eres un político, tu tiempo está contado, tempus fugit. No, la avaricia, la ceguera del poder hace que se crean indestructibles, o lo que es peor, infalibles cual Papa de Roma –que tampoco es que no falle el hombre-.
¿Quién sale perdiendo? Para empezar, como en las guerras, la primera víctima es la verdad. Si se niega la mayor, el sentido común es incompatible con gobernar, pues la razón se basa en lo que es objetivamente mejor. Mejor para todos, claro. Estamos hablando de democracia, no de la herencia del tío Bartolo. Poner bien los pies en el suelo es un ejercicio que por miedo, por asco o por falta de ética, no practican mucho los políticos. Las ideas pierden igualmente. Ya no se entrelazan con la acción, sino que son los difusos cimientos románticos para tener una base para tener un empleo bien pagado. Ni hay socialismo, ni comunismo, ni tan siquiera democracia cristiana. Son cosas del pasado. La única verdad el liberalismo económico, que intentan esconder dando palos de ciego en eso que se llama política social. Solo hay recetas basadas en lugares comunes. Remiendos y parches para tener debates en televisiones, radio y prensa.
Lo peor, después de todo, no son los políticos a lo mejor, sino la gente que los sustenta, y cayendo en el tópico más rastrero decir que cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

Yo no tengo soluciones globales. Lo he dicho mil veces, pero en mi cabeza, aunque algo perturbada, tengo la noción de qué debería hacer, y eso hago. A lo mejor las cosas no son como las digo o quizá me digan exagerado. Pero yo, como los hermanos de la peli de Spike Lee, doing the right thing. Y ya.

Eso es lo que pienso, y como mi cabeza es una dictadura mameluco no quiero oír matizaciones, comentarios ni nada parecido.

No es que les prohíba opinar, sólo que no les haré caso.

domingo 30 de octubre de 2011

Budas imaginados entre otras cosas...


Cuando las cosas no van demasiado bien reacciono siempre igual, pero a la vez diferente. Me da por distintas cosas.
El insomnio si es recurrente, pero las cosas que pienso son diferentes. Cuando hay un tema concreto que me trae por la calle de la amargura, masco la situación –casi siempre es un rollo mental de retroalimentación de despropósitos-, pero otras pienso en cosas que haría si tuviera ímpetu y ganas. Son cosas bonitas, no se piensen. No implico a segundas o terceras personas, sino que son propósitos de enmienda que sé sin lugar a dudas que al día siguiente se habrán escapado por el sumidero extraño de lo vigil justo antes del sueño. Invento personajes, diálogos o tramas. También ideas para cuadros, tebeos y chistes. Todo es un espejismo.
Ahora mismo, justo antes de emplitarme, siento que dormiré en seguida, pero el error volverá y aunque haya una horilla más esta noche –nos devuelven los que nos quitaron en primavera- muchas veces no me duermo porque no quiero que el mañana alcance la estancia. Ojalá el mundo siguiera eones ahí fuera, tras las cortinas, tras las persianas venecianas, tras las rejas de hierro que impiden mi huida –estaban aquí por una tienda antigua, que yo no conocí-. Quiero dormir y dormir y que mañana no sea domingo, o si lo fuese que fuera un domingo de 1982, cuando el pequeño Mameluco garabateaba folios y soñaba con los Budas gigantes. Ir a Afganistán donde una caravana me llevaría a ver esos Budas, hoy destrozados por las mismas manos que los tallaron en roca viva, la de los hombres. No son los mismos hombres, pero hombres al fin de al cabo. Es como si el yo lo pongo yo lo quito se repitiese para siempre. Pienso en las estrellas, y en el centro de la Tierra. En la evolución de las especies y en los dioses inventados que se me antojan más reales que los que nos quieren hacer pasar por auténticos. Me acuerdo de cuando fui feliz no siendo yo sólo. Reflexiono sobre todos los errores cometidos hasta llegar al día de hoy. Esta tarde estaba triste. La ansiedad me comía, pero en cuanto me pongo delante de los apuntes quiero huir de nuevo, y mi mecanismo de evasión es, nuevamente el sueño. No puedo actuar como un autómata solamente por la existencia de la voluntad. El triunfo de la voluntad es algo vedado para mí, y que sólo se me permite en extrañas ocasiones, por alineación de planetas o algo que escapa a mi humilde compresión de gordo materialista y sentimental.
Aquello que en un día es un océano, mañana puede ser un arroyo, que a su vez se puede convertir en uno de esos ríos enormes que abundan en Asia y América.
Arrojo mi ceniza a mi Ganges imaginario, creyendo que la rueda del Dharma obrará milagros sin tener que morir para ser otro. Pero enseguida me replanteo la cuestión. No quiero ser otro, quiero ser yo. Y eso es un inconveniente, claro. Si tuviera que pasar la supervisión de un operario me enviarían al desguace, al contenedor de basura orgánica o harían jabón con mi barrigón de descomunales hechuras.
Voy a ver lo que pienso hoy.
Sin duda en este post. En su falta de comentarios y en que sólo lo que pienso me hace ser real. Y los pensamientos y la realidad se dan de bruces.

Budas Gigantes, ¡venid a mí en la madrugada donde nos regalan lo horeja perdida!
O si no, mañana estudiando miraré a las resistentes moscas o a la calle, que estará desierta por ser domingo.

martes 18 de octubre de 2011

(sin) Variaciones




Mediodía.
Glenn Glould inunda la habitación en semipenumbra y llena de botellas. Impertérritos miran las pegatinas de la torre del ordenador a la pantalla, buscando algo que no sea Facebook o Wikipedia.
Las cortinas y las persianas venecianas paran la luz demasiado brillante para ser el otoño que yo espero. Mis “jechuras” de oso me llevan por el camino de que el invierno es inminente y pronto tocará dormir hasta bien entrado Marzo. Como de una forma oportunista, en el sentido etológico de la palabra. Una forma más de imaginar a estas horas en las que Bach ha descendido por la banda ancha las variaciones Goldberg que no he de estudiar esta tarde. De hacerme la fútil ilusión de que mañana no tendré que hace un viaje en diferentes fases. Castro del Río – Granada . Estación de Autobus – Paseo del Salón. Paseo del Salón – La Zubia. No, inexorablemente, si no muero antes en sueños o me estalla el corazón, haré de la rutina hecho autobús mi Miércoles.
Todo el hartazgo vital acumulado en los 35 años que llevo respirando aire se manifiesta estos días como si esa desidia fuese un “indignado”. Yo ya no me indigno ni con mi propia colmatación de defectos mentales, pues afloran con el tejemaneje cholil del estudio, aparte de por otras cosas que por confidencialidad, vergüenza y honestidad me callaré. No comprendo muchas cosas que me ocurren. La ansiedad viene ya hasta de una forma desganada y perezosa, dándome intervalos de malestar intenso y calmas chichas de auténtica  desesperación tranquila.
No nací para estudiar y es lo que llevo haciendo toda la vida. Solo los interludios entre los apocalípticos momentos de codo en mesa, me ha dado la cordura suficiente para plantearme las cosas y decidir el camino a seguir.
No sé hacer nada con lo que pueda vivir sin pasar agonías. Hoy el saber por el saber está muy mal visto, salvo en los concursos de la tele.
Tararea Glenn Gould y las telarañas de mi cabeza enredan solo recuerdos ácimos, como los panes sin levadura. La fermentación o destilación de mis peores humores sería lo conveniente, pero como conservados en formol de feto flotante, el pasado reverbera todos los días haciendo que los dolores y cicatrices no curen, y que la saturación de inseguridades se mantengan en el nivel potenciométrico de hace seis años.
Mediodía.
Tarde y noche.
Mañana.

Será otro día.
Habrá que buscar la variación.Habrá que improvisar el arte de la fuga.

lunes 26 de septiembre de 2011

Literatura para perros


Recuerdo que mi primer empiece fue una cosa llamada DESTRUCCIÓN, escrita en una libreta de cuadritos. El primer empiece de una novela, quiero decir. Hace ya algunos años, antes de que descubriera que en la internet ponías cosas y la gente a lo mejor te leía. No eran tiempos analógicos, se vayan a creer. Simplemente no había entrado de lleno en el mundo este amateur de las bitácoras personales de sujetos desconocidos. Lo escribía entre clase y clase, en la Cafetería Menorca (¡Ay! La Menorca ¡cuánto te echo de menos!) o la ONYX. Estos locales distaban bastante de ser un Café Gijón o sitios superguays de infusiones careras y gafas de pasta. Eran bares llanos, que olían a churro, a café y, en aquellos tiempos préteritos, a tabaco. Algunas veces en clase –sobre todo en la de Geología Química- le metía alguna corrección o me inventaba una frasecilla. No sé preocupen. Aprobé este peñazo de asignatura a la primera. Ya era la época de medicación intensiva.

El caso es que hoy es solo un recuerdo, y aunque conservo la libreta no he pensado nunca en retomarla. Iba sobre una serie de personajes, cuyo punto de unión era un psiquiatra, que se querían suicidar. El protagonista principal era un triunfador ahíto de sensaciones que solo encontraba consuelo mirando el reflejo de las estrellas en un lago. El psiquiatra, anteriormente médico militar en África, había llegado a la conclusión de que toda la historia cósmica, desde los tiempos pregeológicos –esos en los que andaban por aquí ya Cthulhu y sus amigos-, hasta la aparición de la vida y su larga evolución habían llegado al hombre con un solo objetivo, el materialismo dialéctico. Derrumbados tanto él como el Telón de Acero –ver el comienzo de Cortina Rasgada me ha hecho acordarme de todo lo anterior y posterior que leerán en esta entrada- no veía sentido a la existencia y también deseaba morir. Lo que pasa es que esto señores y señoritas eran muy de afán propagandístico e iban a ir en tropel a los castings de Gran Hermano, preparados psicológicamente por el alienista para conseguir tal fin, y con ello dar no tan solo la vida en directo, sino también la muerte. Por ahorcamiento, según creo. Estilo Baader-Meinhof.

Eso quedó, como tantas cosas en el cajón de los empieces olvidados. Y es que, por mucho afán que tenga en una cosa, no puedo hacerla al 100%, y escribir menos. Tal vez sea demasiado ambicioso –cosa rara en mi lerda personalidad acomodaticia- o demasiado crítico, o en fin, mal escritor, pero la causa última de que fracase en acabar algo más o menos serio es el miedo. El miedo produce vagancia. Al menos en mí. ¿Por qué quebrarse la cabeza por un asunto que no le interesará al común de los mortales? Tengo claro, pensándolo fríamente, que esto debe ser así, y más en literatura, pero el miedo al charcuterismo novelesco, a ser vulgar e ineficaz en la narración, eclipsan mis ganas. Sé que tengo poco que perder.  No tengo prestigio alguno –no he hecho nada para merecerlo-, ni críticos destructivos que miren con lupa lo que hago ni esas leches, pero aún así, si no me gusta a mí es suficiente para aparcarlo, como un juguete roto, en el tambor de Ariel o en donde quiera que se dejen los juguetes rotos. En la basura.
No he querido ser nunca pretencioso, de hecho, si lo hubiese sido no tendría casi 5 años de post ora divertidos, ora de ínfima calidad. No me importa ser algo pedante, afectado o minoritario, pero mi mayor juez, el que no me pasa una, el señor de la tijera, soy yo.

DESTRUCCIÓN nunca verá la luz, porque no era ni una buena idea para un relato, tal y como hoy concibo mi posible estilo (mezcolanza de plagios y referencias), pero como se ha dicho aquí y en mil sitios, nada nuevo bajo el sol.
No ansío la fama, ni el dinero, solamente me conformaría con que alguien leyera algo mío con el mismo gusto y disposición que leo yo a cualquiera de mis escritores fetiche. No digo calidad, sino entusiasmo, interés, porque uno conoce sus limitaciones.
Pero eso no creo que ocurra nunca.
Mi novela sin título sobre la Antártida sigue tras tres años en su carpeta. No quiero decir que me arrepienta de haber escrito 80 y pico folios para nada, pero creo que esta al menos podrá gustar a unos pocos, a amantes de Poe y Lovecraft, o de Cela o Vázquez Montalbán, yo que sé. Es un extraño revuelto de muertos que mueren dos veces, de expediciones en busca de tribus perdidas y la búsqueda del padre ausente. Jesuitas, albañiles playboys aficionados a El Víbora, oligarcas, aventureros y un imbécil muy parecido a mí.
Esa si que la retomaré, si la fuerza no se me va en estas minucias escritas en la madrugada de domingos que han sido horribles.

lunes 12 de septiembre de 2011

Crótalo

Como si la relación dialéctica mano/cerebro que nuestros antepasados simios desarrollaron a lo largo de cientos de miles de años de evolución andando por sabanas fallase, mi cerebro no manda demasiados estímulos supuestamente literarios a mis dedos regordetes. No diré que he desaprendido a teclear en estos meses de chico trabajador, pero ya que Kafka no me ha poseído, a lo mejor me alienó un pasante calvo de la oficina de correos de la ciudad libre de Danzig, que sólo pasaba de soslayo en las aventuras fantásticas de mi querido Oskar Matzerath Bromski. No sé, la cuestión es que una vez terminadas mis tareas como auxiliar de cuarta categoría en el Registro de la Propiedad, mis dedos son ágiles con la tecla y el tabulador, pero mi imaginación se ha venido abajo de la manera más tonta. Enfermedad del Atolondramiento del Trabajo Mecánico, o síndrome de López Ruiz.
Federico López Ruiz, oriundo de Galapagar, tenía en la cabeza un soneto al que le faltaba una sola palabra para ser el mejor en lengua española jamás escrito. Pensaba su palabra día y noche, mirando a levante y a poniente, durmiendo con la almohada en la cabeza y la almohada en los pies. Pero la cosa se desbarató. Hubo de entrar a trabajar en una oficina del Ministerio de Hacienda pues hacía años había echado una bolsa de trabajo y ahora lo reclamaban. Convencido de su memoria, no escribió el poema en ningún sitio. Al principio, entre formulario y usuario indignado, parecía intuir que la palabra aparecería en su mente al igual que cargaba de tinta su estilográfica. Por las noches, al principio, repito, en el brumoso plano que separa la vida vigil del mundo de los sueños casi acariciaba las sílabas de su ignota palabra. Fueron pasando los ejercicios fiscales como se oxida el hierro a la intemperie, inexorablemente. Tres años después de empezar a trabajar no es que buscara la palabra, sino que había olvidado al menos veinte palabras del soneto. Ahora si lo escribió, en un pliego de descargo, pero era un rompecabezas difícil de montar. Una década llevaba ya, cuando ascendió a oficial. Ya no buscaba, y guardaba el papelito arrugueteado en el Debe Haber de la temporada 89-90. Llegó el momento fatídico en el que olvidó que había escrito un poema y con que ansias había buscado el vocablo adecuado. Cuando se prejubiló no le dieron un reloj de los de toda la vida. Como eran modernos le regalaron un iPhone con los años de condena que había cumplido en su cubículo grabados por un experto grabador en la tapa metálica del tecnológico artilugio. Su piel era cenicienta, blanda y caída. Nata blanda revenida. Su cerebro había perdido la capacidad de tener alguna idea propia, no ya de una función estética o artística, sino en el mero hecho de vivir. Comía cuando tocaba, cagaba cuando dolía y dormía si estaba oscuro. Los sesos los tenía licuados. Su mujer se fue a Marbella con un señor de noventa años para vivir como una reina y no como una fregona. Al final de sus días, demente prematuro, y con la mente reseteada por una enfermedad  degenerativa, repetía una cosa, sólo una cosa., constantemente decía crótalo. Crótalo, crótalo, crótalo. Nadie sabe si era esa la palabra perdida o algo que se le infundió a él en su resquebrajada mollera. Crótalo.
Yo, al menos, que si no es por muerte súbita me espera un año de temario y, si la cosa va medio bien, de Palentología. Pero he perdido, al menos por ahora el afán convulsivo de escribir que tuve en otro tiempo. Ya me vendrá cuando tenga que estudiar, porque estudiando me dan ganas hasta de correr la maratón.

lunes 22 de agosto de 2011

Cosas que he de decir, aunque a usted no le importe.


Tengo muchas cosas que decir, aunque dudo que alguna le importen a usted un tercio de lo que le importa un bledo dividido por un pimiento.
Si, usted que me lee.
Desconoce que el otro día, mientras me bañaba en la piscina se me antojó posible que la casa que mi abuelo construyera en tierras de secano, entre la viña y el río, hoy tierra calma, fuera desmontable como un Exin Castillos. Los ventanucos, biselados por lo alto y de forma casi cuadrada, tienen rejas, y a los lados piedras metamórficas que se asemejan a esas piedras de plástico del juego de construcción al que me he referido; y me imagine la uña de un dedo de una mano gigante que en la plácida tarde de Agosto, cuando las nubes son naranjas y rosas y cursis, descendía del cielo y cogía con el pulgar y el índice, prensilmente, la ventana con mosquitera de la habitación de mi hermana, la que está más al oriente. Ineludiblemente, y abusando de los adverbios, con su permiso, amable lector, me acorde de los Monty Phyton y sus manos animadas, y pensé que la mano de Dios jugaba a los Exin Castillos con mi casa en el campo, esa que está en la carreterra que lleva a Baena, a Alcaudete y finalmente, a la ignominiosa ciudad de la Alhambra.

ELLA sigue aquí. Sigue en mis sueños. Me visita fugaz, por las noches y las siestas. Vuelve, dulce y callada, en ascensores que son pisos enteros con bares polvorientos de ceniza de cigarrillos apagados hace mucho tiempo. En la vida vigil la había desterrado de mis pensamientos, pero ahora, con el verano vuelve, como una tentación que me ofrece la locura, pérfida, pérfida y pérfida, mil veces pérfida y enredadora, pues en esos sueños soy feliz y nunca se oyen palabras feas; y por eso digo tentación, pues las invitaciones, mucho más blancas e inocentes de lo que usted imagina, pérfido lector de pérfida mirada sucia, son tan reales que a veces entre sueño y sueño me he de sacudir con la pérfida almohada enranciada con mis cabellos para hacerme entrar en la pérfida razón, que no tiene porque ser razonable ni razonada. Las cosas que no son, no son. Lo que pudo haber sido y no fue es tan solo una forma de enunciar un fracaso, una frustración, una sobredosis mortal de realidad que mató al suave y engañazagales canto de la bienquerencia. Esta noche no vino, apenas dormí. A lo mejor esta noche armado ya de drogas legales para locos de nivel bajo canta para mí.

Me subleva la idea de transcendencia, y que clasifiquen a los ateos y libre pensadores políticamente en receptáculos que el libre pensar rehuiría en nanésimos de segundo.

Sé que sabe usted, amable lector, como digo, que no creo en nada apenas, pero si es que hay algo, ya sea Crom, Jesús, el Monstruo de Espaguetti Volador o el mismísimo Cthulhu encarnado en Calamardo le doy las gracias por la lectura. En realidad le doy las gracias a la sorbedura que me comecome; me doy las gracias a mi mismo por dejarme leer. Sabadú, Colubi, Hogdson, Chesterton, Orwell, Lovecraft -2 veces- y Borges han pasado ya ante mis ojos. Poder leer es muy importante para el lector que no lo puede hacer siempre, porque su poder de concentración es más limitado que el poder romo de un Cristo románico una estampa gastada de Shiva de las que te dan los Hare Krishna en el Rastro de Madrid.

Tres gatos pelean ignorantes del daño que pueden causar a mis pulmones, a mi garganta, a mis hocicos. No todos los culpables de algo son tan inocentes como Noni Chico y sus secuaces felinos. Y mire que son seres vivos. ¿Acaso sabe la alarma del móvil o del reloj lo mucho que la odiamos? Un símil se podría hacer con nuestros regentes, nuestros manipuladores próceres, nuestros estadistas a lo que la palabra estadista queda tan grande que parecen disfrazados estando en sus trajes caros. En esta democracia de chiquilicuatres, los cretinos son, aunque los odiemos, como las alarmas, puestos por nosotros –por quien vote, vamos- lo que pasa, me da a mi en la nariz hiperalergiada que ellos sí que son conscientes de los perjuicios que crean; aunque a lo mejor no al ciento por cuento, porque tampoco es que sean genios de la Naturaleza ni Fénices de los ingenios. Los gatos siguen jugando en esta mañana medio fresca de domingo, que vaticina calores ígneos en el aire.

Cada día me gusta más estar solo y creo que es culpa mía.

Hay momentos en que el Nota, no es que te salve la vida –eso se lo debo a los maléficos emporios farmacopeos-, pero te da una dosis de alegría que, aunque el hombre triste no aguante más que la duración del film en La Sexta 3, es suficiente. En el campo, siempre que veo una película la vivo intensamente, ya que es poco lo que le dedico a lo audiovisual. No escucho ni música. Pero estoy por ponerme cintas de bolos en el iPod Suflé, que me mira muerto de pena, si es que mira algo, desde un compartimiento encremallerado del bolso a bandolera que utilizo para hacer pequeñas mudanzas de objetos.

La piscina, como si tuviera sirenas me reclama, amigo lector. Yo no soy Odiseo atado a un poste, más bien Mameluco atado a una calor que es angustiosa ya a primeras horas. Me despido. Esta son algunas cosas que he escrito durante una semana y que tenía que decir. No le interesaran pero dicho quedan. Faltan muchas cosas pero está bien por hoy. 
Dentro de unos eones, más.

jueves 11 de agosto de 2011

Historias de fantasmas (Sueños)


No sé si sabrán ustedes los que son las notas simples. Son unos minúsculos informes en los que viene detallado el estado de una finca. Se piden en los Registros de la Propiedad, donde me gano poco a poco el pan, con el aire acondicionado de mi frente. Una finca, puntualizar, no es un cortijo o un enorme bosquizal donde cazar el zorro, sino un bien inmueble. Sus casas son fincas urbanas. Incluso las cocheras son fincas, bueno nooooo, subfincas. Pues a eso me dedico yo parte de la mañana, cuando no me dejan hacer otras cosas. En mis breves vacaciones he leído un libro –precioso, por cierto-, que se llamaba Los piratas fantasmas de  William Hope Hodgson . Iba sobre un buque encantado y sobre las cosas que allí se veían, sin tener precisamente consistencia material. Solo por el nombre del narrador y protagonista, Jessop, curtido marinero recién nombrado de primera, merece la pena el libro de doble final (el escritor escribió uno alternativo, desde el punto de vista de otro barco, para venderlo como cuento independiente). La cuestión es que enfrascado en lecturas y aguas tenebrosas, soñé  a bocajarro, que en el trabajo pedían unas notas simples de arcanos libros antiguos (bueno, el más moderno es de 1937),  pues en la Sublevación del Movimiento Nacional y su posterior guerra el archivo fue quemado –durante la colectivización, supongo-. En el sueño los libros eran más recónditos, y bajo los simples números de finca, los números de tomo, libro y folio se escondía algo. Al leer la letra perfecta de pluma de color negro azulado, algunas presencias iban tomando cuerpo en la estancia, siendo yo el único que era consiente de su existencia. Después, al imprimir en impolutos A4 de 80 gramos, los comúnmente utilizados, en preclara Courier New,  en una impresora láser de tóner, salieron las notas un poco extrañas. Iban avejentándose y percudiéndose, como si de una lepra papelera se tratase. El tóner fijado con calor se convertía en tinta multicolor de grueso trazo. Lo que debería relatar dueños, porcentajes, superficies y lindes, contaba otro tipo de historia, a cual más terrible en base a esas presencias difusas y a un poder telequinésico que conectaba la historia de la casa a mi mente soñadora. El trabajo seguía mientras el yo angustiado luchaba contra el yo normal de estas cosas son normales, hombre. En un  momento me di cuenta de que era un sueño. ¿Era acaso mi propio consciente soñador llamando al que había caído en las garras de lo ominoso? No lo sé.
No miro igual los volúmenes antiguos. Sobre todo, sobre todo, porque están llenos de ácaros…; inquietante.   

domingo 24 de julio de 2011

Tempus fugit

La muerte puede consistir en ir perdiendo
la costumbre de vivir.

César González-Ruano


Desde que cortan el cordón umbilical que nos une a nuestras madres, desde el primer minuto, es tiempo ganado a la muerte. Nacemos para morir, porque no es que sea ley de vida, como se dice en los entierros o ante la tele en momentos necrófilos, sino que es la ley de la vida. No somos inmortales y por eso, algún día tendremos, como decía un profesor pedante que tuve, el inevitable e irreversible colapso funcional. Pueden decir ustedes que exagero. Miles de recién nacidos salen muertos a este mundo cruel, muchos otros, muchos, más de los que nos podamos imaginar mueren, en sus primeros años de vida. Las causas y razones son las mismas que siempre han sido, pero que en el mundo civilizado de la corrupción, los cachivaches informáticos y el gazpacho en tetrabrik, hemos olvidado: hambre, enfermedad y guerra.
Repito, un minuto más en nuestras insignificantes vidas es una microbatalla ganada a la parca. La muerte, y sigo redundando, es de una normalidad pasmosa –estadísticamente hablando- y enrasa igualitariamente al feo y al guapo, al magnate y al obrero, al listo y al idiota; vamos, que es como el cagar. Lo reducen a la nada, a lo inerte, al mundo atómico, a la vuelta a los ciclos naturales. Pero esa normalidad es borrada por el mundo actual. Todo tiene que ser tan perfecto en la era digital que la muerte es considerada un handicap, una cosa fea, una inconveniencia más que terrorífica, antiestética. Puede ser porque signifique que aún no controlamos las claves del universo o, a lo mejor, es porque es simplemente algo que se nos escapa de las manos, de nuestras entendederas.

Eso cambia, sin embargo, si quien muere es un familiar, cosa totalmente comprensible, o un famoso o alguien joven, que es ahí donde acudimos como moscas a la mie (l) o (rda), ahítos de morbo a raudales.
Cuando muere alguien cercano nos da pena y es por la perogrullada que voy a decir a continuación: la irreversibilidad de la muerte. Un sentimiento de pérdida nos embarga. Hemos visto y sentido cosas maravillosas durante el plácido verano de nuestras vidas: el amor, la amistad y todo eso tan bonito; pero también el dolor, la enfermedad, la furia, el agobio… todo muy malo, pero hemos contemplado maravillados dolores remitir, enfermedades curar, furias aplacar y agobio liberar. Estando vivos –y no es un mensaje positivo de buen rollo, se lo aseguro- aún queda un porcentaje de esperanza, dicho en los términos anteriormente utilizados, las cuotas de reversibilidad son posibles. Pero cuando el último suspiro se exhala del pulmón del moribundo y se queda pajarito, es de un no retorno fabuloso, una sensación de nunca más que nos llega al tuétano. La frialdad que tomamos como maldición por ser humanos y que es realidad es lo que determina la naturaleza.
Porque aunque se mecanicen los ritos –tanatorios, crematorios- la muerte está como las moscas, detrás de la oreja.
Yo perdí el miedo a la muerte hace algún tiempo. No es por nada en especial, sino por la falta de alicientes que tiene el estar vivo. He sentido de cerca la muerte –la mía- y en esos momentos me asuste mucho -no es que haya pasado enfermedades mortales ni nada parecido, solamente he estado más cerca del suicidio que lo recomendable para estos casos-. Me asusté muchísimo, por eso estoy aquí aún escribiendo, supongo. Pero pasado el tiempo, y habiéndole dado vueltas y más vueltas, la muerte, que es la nada, la negación del algo, me trae un poco sin cuidado. Yo simplemente, como todos, no quiero sufrir dolor, ni físicos no psíquicos. Pero todos los días hay un nuevo achaque y la cabeza rumia sus propias ideas, así por libre, mientras duermo, me lavo los dientes o me alieno en el burócrata trabajo de chupatintas. Cuando no existes ya no hay dolores ni infiernos mentales. Pero cada cosa a su tiempo. Tiempo que es corto, también es verdad. La máxima barroca: de la cuna a la sepultura, no puede ser más vigente y más actual. A medida que envejecemos nuestra percepción del tiempo se acelera de un modo exponencial. Los eternos veranos de la infancia son ahora un suspiro lleno de calor y ansiedad porque las vacaciones caducan como los actuales huevos de corral.

La muerte es, en conclusión, algo que llega pronto. Pensar en ese modo particular que tenemos por deformación profesional los geólogos tampoco ayuda, que hablamos de millones de años como el que dice amén. El respeto casi reverencial a los muertos, si fuésemos buenas personas, nos lo guardaríamos para lo vivos que lo necesitan más –los que se lo merezcan-. Los muertecitos en el cementerio, encapsulados, no esperan nada, son nada, y quien algún día fue, solo vive en nuestra memoria.

viernes 15 de julio de 2011

memeces


No tengo ganas de escribir últimamente. Entre el trabajo agotador de chupatintas de tres al cuarto -por mi condición de minimalista, o sea, de salario mínimo y la burócrata tarea-, el calor sofocante, la falta de ideas y la falta de fuerzas esto está más vacío que misa de ocho en Marinaleda.
La cuestión es que me entra nostalgia de cuando esto hervía en posts y posts, y hasta en comentarios, pero como decía no sé quien, la nostalgia no es lo que era. Sobre todo cuando la memoria embotada por la torridez acaso intuye que hubo vida antes de hace una hora o así. Exagero. Si, exagerar es, junto a hablar de mí mismo y no hacer nada, las cosas que más me gustan. Exagerar es una forma como otra cualquiera de denuncia, revolución o dejadez. En cualquier apartado se podía poner la tendencia a la desmesura en afirmaciones, definiciones o críticas, así como el cabreo, la incomodidad o el aburrimiento.
Antes el mundo era mejor, porque era 2006 y uno era más joven. Verdades y mentiras. Obviamente en 2006 todos éramos más jóvenes, pero el mundo era más o menos igual de mierda que lo es a los corrientes. Personalmente yo era un desecho de persona, pero, como diría Emilio de ANHQV, yo me quedo con lo bonito. Era realmente prolífico en esto de la escritura, y si bien he mejorado, creo que mis textos antes tenían más chispa, aunque todo no sea pedernal, amigos y hermanos. Hay que tener base y untar los aceites y colores en el lienzo verde manzana. Como vengo repitiendo desde el principio de este sin sentido, que no sé si pasará mi baremo de parches y pegos, me cuesta más comunicarme, y es porque creo que tengo menos cosas que decir que antes. Antes las certezas eras muchas y las ganas de proselitismo abundantes como la mies en las eras. Ahora mis certezas son más pequeñas, más definidas, más preclaras, y aunque el Perogrullo entre dentro de mis recursos estilísticos no voy a redundar en temas claros como Dios, la Muerte, la Guerra y a quien leo. Esta falta de ganas de contar cosas se debe también a las redes sociales que hacen que los de natural exhibicionista, como es el caso, nos explayemos contándole a la gente lo que hacemos o dejamos de hacer. Yo al menos lo reconozco, hay personas que dirían que no, que ello solo velan por el bien común, pero ponen fotos de sus vacaciones y de sus estúpidos ases del deporte.
No sé exactamente donde quiero llegar. A ninguna parte, supongo. La vida es eso, una larga marcha hacía la nada, lo que pasa que puedes ir a pie, en Ferrari o arrastrado por los caballos de algún cosaco. Yo repto. A los gordos les es difícil. Pero así las balas, por muy rasas que sean, no me destrozan de inmediato. Ya caeré por otros mecanismos más sutiles, como el suicidio pasivo a base de cerdo, o eso que llaman estudiar, palabra esta que es escucharla y tiemblo como una hoja al viento solano.
Bueno, me voy a la cama. Tengo las piernas hinchadas, me duele la espalda y el cuello y mis pensamientos están en los Mares del Sur, siendo canibalizados por los dioses del Amor. O sea, la normalidad. Con ruido de coches, por supuesto.

 
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