El fin del mundo y el Tío del Bigote

Huele a Radiosalil y el fin del mundo se acerca. Se esta frase se puede deducir que a) tengo algo inflamado (el tobillo para ser más explicito), y b) me estoy volviendo majara (ya lo estaba, no se preocupen, pero no por eso). En mi leonera huele al Tío del Bigote porque me acabo de dar una mano del antiinflamatorio antes referido y lo de lo que el mundo se acaba es un tontería, pero que de tanto repetirla nos la vamos a creer todo.

Roland Emerich ha hecho una peli llamada 2012 en la que el mundo efectivamente se acaba. Es una peli, da igual. Pero es que te pones el Canal de Historia y están con el mismo sonsonete. La verdad es que lo llevo oyendo muchos años, pero es que parece ser que un calendario maya va y se acaba en ese año. Para colmo es un 23 de Diciembre, o sea que como te toque el Gordo de la lotería, tu gozo en un pozo. ¡La mierda del Apocalipsis ahora que tengo para tapar agujeros! Eso del fin del mundo es una parida como todas las cosas estas. A la gente, que es muy mística le da por ponerse transcendente con las idioteces apocalípticas. Creo que aún no saben que el mundo tiene SI fecha de caducidad (cuando el sol explote todos nos quedaremos pajarito). O también pude ser, vayan ustedes a saber, que les da morbo eso del fin de los días.
Las religiones siempre tuvieron algo que ver con esto. Los Testigos de Jehová, por ejemplo, con C.T. Russell al frente dieron unas cuantas fechas entre finales del XIX y principios del XX para la segunda venida de Jesús. Parece ser que el Jésus está en el cielo como Dios, y cree que el mundo que creo es una jaula de grillos y por eso les hace quedar mal a los profetas y malagüereños.

El super-testigo de gira
La tecnología tampoco se escapa a estas ganas de ver el mundo irse a hacer gárgaras. Si en el año 1000 el Armaggedon era inminente, en el 2000 el Windows se iba a colgar en todos los ordenadores del mundo e iba a ser el acabose. No pasó nada, que yo sepa. Solo que han pasado casi 10 años y uno está más viejo y cansado. Ahora es el 2012. Pues muy bien.
Yo creo, y me pongo un poco en plan sociólogo, que lo que la gente tiene es ganas de cambio, de que algo le saque de la rutina, ya sea una aventura con el jardinero, un viaje al Tibet o que el mundo se acabe. Porque creo que como decía no sé si era Gómez de
Sigue oliendo a mentol.
El mundo no se acaba.
Mañana otra vez para Granada.










































