sábado, 10 de julio de 2010

Entomología nocturna

Los últimos días he soñado con insectos.

El sueño de hace dos noches era que internet… bueno, el cachorro por el que me conectaba a internet, que no era un ordenador, sino que se parecía más a un estuche para ir a la escuela, pero gigante estaba lleno de gusanos formados por cuentas naranjas. Me parecía muy real, pues estaba acostado en la cama donde en ese momento yo soñaba todo este incidente insectil. Me empezaron a aparecer en la boca y en los libros que atesoro con cariño de padre que no quiere tener hijos. Todo se transformó en lo que era antiguamente donde yo duermo, un trastero enorme, una habitación grande donde pasaba horas y horas en mi infancia y adolescencia. Volvía está el telar de hierro que había en mi niñez. Yo ya no era el barbudo, sino el lampiño Miguel –entonces aún siéndolo no era aún Mameluco- que le pedía a un amigo que le arreglara el gran estuche de conexión a la red. Abriendo el cacharro salían más y más gusano, y en el fondo había escolopendras gigantes pero de un color caramelo oscuro, muy oscuro que apenas se movían, solo palpitaban. También esos milpies negros del Trópico. Segregaban como una tela de araña que después se convertía en masilla de esa de los muebles, de color carne amarronado. Volvía a tener gusanos en la boca y me miré al espejo del cuarto de baño. Solo había bolitas naranjas de textura gelatinosa, como el caviar. Allí estaba el bote de Plenur (el litio) y pensé que los gusanos se irían si me tomaba todas las pastillas. Me desperté. Sentí ganas de tomarme todo el Plenur. Tuve ganas de morir momentáneas por primera vez desde hace mucho. Afortunadamente seguí durmiendo y solo me desperté cansado.

Al día siguiente, los oníricos trayectos de mi mente me llevaron a un desvencijado hotel que en un principio era un enorme rascacielos por donde el sol desde poniente entraba en los albores de la tarde, un crepúsculo que dio lugar a un día gris en cuestión de segundos, ya que la vista desde otra ventana en la pared contigua era un descampado de frondosa vegetación con un gran árbol muerto, lleno de objetos oxidados. Un par de paredes desconchadas y comidas por el musgo completaban el paisaje. Había una bañera, ahora lo recuerdo. De loza blanca. Una antigualla. Me metí en la cama. En esta ocasión empezaron a surgir como cascotes y escombros entre las sábanas, pero no eran duros ni blandos, simplemente estaban allí, como debajo del colchón haciendo bulto. Apareció un grifo de cobre lleno de orín verde. Desde la cama podía ver agujeros en el suelo, que era de madera, por donde se movían millones de cucarachas y alguna salía de vez en cuando, presta, a esconderse entre las sombras de un trastero donde yo veía mi chandal colgado. De repente salió un hocico largo y gris de una rata, que se paseo por el cuarto a sus anchas. La verdad es que no me dio miedo la rata. Los sueños se corresponden a veces con la realidad, pues en mi vida vigil no me dan asco las ratas. Luego de un maceto que había empezó a surgir de una planta parecida a los San Pedros una especie de bayas verdirojas, y en cuestión de segundos hubo una proliferación tal de procesionarias (esos gusanos marrones y negros peludos) que si me dio repelús, pues esos bichos te irritan la piel. Salí por mi propio pie de la habitación, que estaba ya en unas condiciones similares al del descampado. Se estaba destruyendo y la vegetación salvaje lo inundaba todo. Es curioso, porque llevaba un camisón de esos decimonónicos, e iba descalzo, sintiendo solo la madera pulimentada y caliente del pasillo del hotel. Las habitaciones se disponían de forma poliédrica, creo que octaédrica. O sea, había 8 pasillos a mi alrededor. El resto del hotel era de lujo. Entre en las duchas (eran habitaciones sin cuartos de baño) y todo era normal. Me senté en la taza del water y creo que ahí fue cuando desperté. Ese día dormí solo tres horas…

Hoy afortunadamente no he soñado con ningún bicho.

Será porque como dice Mazes, anoche estuve al lado de la vela antimosquitos en el pequeño y refrescante perol nocturno en do sostenido menor.

3 comentarios:

Mazes dijo...

Yo que te voy a decir, si duermo cada noche con un chinche...jejejeje
Pero veo ahí mucho bicho y poco capullo para que sea una metamorfosi, como dice, el ya grande entre los grandes, Juan Merino.
Lo suyo será preguntarle a Grissom de CSI

Mameluco dijo...

No creo que sea una metamorfosis... será que las pesadillas son asín.
Yo soy un poco capullo, pero seda por el culo todavía no segrego.

El Grissom ese no sabe nada. Mejor preguntarle al Doctor Juuuuuuus

Manuel Millán dijo...

Entre vivir enfrente de un Chinche, al lado de una agencia de viajes, tu trastero, la obra y esta calor......no me extrañan esos sueños tuyos.....

 
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