sábado, 3 de julio de 2010

El pan está duro y rancio y me asustan los payasos




No.

No he escogido este título tan raro para explicarles por enésima vez mi animadversión al estío, al calor y a que por beber ingentes cantidades de agua se me afloje el muelle y además sude como un corredor de una maratón por el desierto.

Repito, no.

Estoy aquí para abrirles las mentes y sean conscientes de la cortina de humo que nos rodea constantemente.

¿No saben a lo que me refiero?

Yo se lo digo: la crisis. En este blog no he hablado mucho de la crisis porque creo que si le damos importancia a las cosas se magnifican. Se habla de crisis, ¿pero de qué crisis? Bien, la económica. También bien (bueno, no, mal). ¿Pero quien está en crisis? Bueno, usted, usted, el de más allá y yo. Yo, al igual que muchos, tengo crisis crónica, pero son otro tipo de crisis. La coyuntura económica nos es adversa. Es verdad. Hay personas que le echan la culpa al gobierno (sus rivales políticos), otros a los bancos, otros a los avarientos que se hipotecaron hasta los ojos y también algunos a los promotores de vivienda.



Los árboles no nos dejan ver el bosque. La culpa de todo es de todos. Todos formamos parte de un sistema formando subsistemas, conjuntos, incluso puntos sueltos, pero unidos por el pernicioso feedback de la relación mercantil. Todos queremos dinero. Unos más, otros menos. Hasta los piesnegros que pululan por nuestras plazas “mendigan” por unos euros para comprar en una tienda, insertada por las vías de distribución ordinarias, que paga los impuestos y la luz, en la gran maquinaria contra la que dicen los perrosflauta que quieren luchar con su sucio estilo de vida alternativo.

Las personas muy de derechas obviamente invierten en bolsa, iglesias al sacrosanto parné, y erigen emporios donde venden a los proles (utilizaré terminología orwelliana) lo que ellos mismos producen. Pero es que los de izquierdas, incluso los más izquierdosos, adoran el dinero más que a Lenin o al Ché, porque el Ché no les paga, obviamente, las vacaciones a la playa ni la factura del teléfono.

Pongo mi ejemplo, vulgar, patético, corrientucho. Me he dejado las retinas estudiando, los nervios me hacen sentir mal y la cosa no va mal -hasta ahora- para asegurarme la manutención hasta que muera. Yo odio este sistema, le quiero dar de lado, no verme influido por él, pero soy bombardeado constantemente por mensajes desde todos los sitios de que estar fuera del sistema es un suicidio, o una traición o yo que sé que más. Repito, por todos. Desde al estoloarreglamosentretodos, hasta el Gobierno, la oposición codiciosa, los anuncios de la tele (a mí me gusta la tele) o los jerifaltes de la comunicación.

Hay corrientes dentro de este río de detritus fecal. Pero no hay arroyos perpendiculares de aguas cristalinas, sino cloacas paralelas interconectadas.

Unos piden manos dura y todos firmes, otros utopías de todo a cien pidiendo lugares comunes anacrónicos, otros que beses cruces o estrellas y alguno que otro que pongas una bomba.

Yo lo que quiero hacer es nada. Eso sería mi decisión. No hacer nada no me convierte en cómplice de nada. Pero eso es lo que querría, pero lo que hay es pan y circo. Un pan en forma de aire acondicionado, vacaciones en la playa, comer La Gula del Norte o casarte e ir a Cancún. Un circo lleno de tertulianos, de saltimbanquis políticos, de peces gordos con papada sobre la corbata italiana. Mentira. Todo es mentira. Me equivoco. Es la verdad, que yo no quiero que sea la verdad, pero lo es. Payasos con trajes caros en hemiciclos decimonónicos, clowns ante las cámaras pregonando guerras dialécticas para que siga la función, una y otra vez, en un nauseabundo ciclo sin fin. Pan reseco, tazones de mierda. Todo es un teatro, una puesta en escena, donde participan manos que manejan y marionetas. Después estamos el público, pintados con témperas en un cartón donde no podemos ni parpadear. Pagamos la entrada con derecho a callar y ser lobotomizados por el euro, la libra o el dólar.

Todos entramos por el aro. No se lleven a engaño.

Pero al menos háganse una coraza, vomiten siempre para abajo y vivan como buenamente puedan, evitando predicadores de cartón piedra y falsos profetas del paraíso, porque ellos son las tentaciones del diablo, el diablo llamado Capital, que te dice que puedes hacer cualquier cosa porque eres… jajaja… libre, y después llegarán las lágrimas.

Llore, sórbase los mocos, recompóngase, y en su sofá preferido espere a que llegue el otoño.

5 comentarios:

Ster dijo...

La etiqueta de tristeza le va perfecta a esta entrada al Blog. Totalmente de acuerdo con usted, a mi tambien me dan miedo los payasos

BlasCri dijo...

Genial Mameluco. Me recuerda lo del tango Cambalache. Tango 1934
Letra y Música: Enrique Santos Discepolo


Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...

¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...

¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...

¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...

Mameluco dijo...

Es que es muy triste, Ster, muy triste. Aunque creo que no voy muy errado en lo que digo. Aunque siempre estará el optimista o el adocenado que me lleve la contra. Están en su derecho. Cá uno es cá uno.

Blas que sepas que sé hasta cantarlo el tango este.
Pero ahora es el siglo XXI y ya la cosa es más cloaquera aún...

El hombre invisible dijo...

Así, así... sin hipocresías. Yo soy anarquista... burgués y sibarita. No voy a negarlo. Quizás hasta que nos pinchen un poco más no nos revolucionemos, pero como aguantamos mucho los pinchazos...

Mameluco dijo...

Yo aguantaré lo máximo, porque yo ya he hecho la revolución, querido Ubé. Está dentro de mí, y nadie podrá quitármela.
El realismo es triste siempre, porque hay injusticia, pobreza, tristeza en definitiva. Pero si sabemos cual es el enemigo, y concentramos el odio, podemos llegar a ser persona medio normales...

 
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