miércoles, 12 de noviembre de 2008

Made in China


Mi habitación huele como aquella vez que pinte un cuadro. Mi cuarto huele a gasolina, a naftalina y a aguarras. Verán. No se el por qué no se pueden llevar chanclas en invierno, así que mi hermana me ha comprado unas pantuflas de una tienda de los chinos. No es que no se apueste por el producto nacional, sino que en las zapaterías normales parece ser que no había de mi número. Las pantuflas son marrones como de pana gorda, tienen un águila dorada y la palabra fashion.



Todo lo contrario a mi esquema de valores en lo estético. Será por eso que me gustan tanto. O a lo mejor es porque desde que están aquí es como si tuviera una sobredosis de pegamento. Entre las cosas que han llegado a mí sin yo buscarlas no es de mis preferidas. La estrella de mi colección de cosas útiles en mi vaso para el cepillo de dientes que es una taza del Wold Trade Center que mi madre compró en una tienda de los 20 duros regentado por marroquíes. Y después del 11S, claro está. Mi teoría es que esas tazas eran souvenirs para venderlos en NY, pero la caida de las Torres imposibilitó su salida al mercado, con lo cual esa taza de plástico, con las Torres Gemelas de adorno llegó a mi poder.

Uniendo teorías conspiranoicas yo creo que el Tigre se está despertando y nos está intentando envenenar a base de zapatillas de estar por casa hechas de petróleo. De verdad, me cuesta respirar. Creo que van a tener que dormir fuera.


No me gusta el olor a NAPALM por la mañana.

4 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Siempre puedes hacer surf. Y la naftalina está bien.

Clares dijo...

Tíralas de inmediato. O regálaselas a tu mejor enemigo. Las cosas que huelen mal terminan mal; acuérdate de Hamlet. Nada de conspiraciones, a no ser que consideres así sus irrefrenables deseos de hacerse los dueños del mundo económico. Un abrazo.

Mameluco dijo...

Si, Supersalvajuan, siempre me conservarán bien fuera del alcance de la polillas, aunque mis pies ahora son altamente inflamables...

No, Clares no las tiraré. Ya las llevo puestas. Algo huele a podrido en Dinamarca y algo huele a derivado del petroleo en Córdoba. Pero me gustan.
Los chinos para empezar están tapizando nuestra campiña de paneles solares... y yo soy algo pronuclear (de tanto juntarme con físicos)... así que no sé que pensar...

Clares dijo...

Pues nada, tú mismo. Pinta de ser calentitas sí que tienen, y a lo mejor pasa como con los coches que al principio huelen a coche y luego a cualquier cosa, dependiendo de los bichos que se metan dentro.

 
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