jueves, 21 de junio de 2007


Era el día de San Martín y Pellicer hojeaba el calendario buscando una explicación a las notas…

San Martín de Porres… negro… mulato… Perú… Lima… Fray Escoba, Patrón de los barberos…

A cada cerdo le llega su San Martín… Cerdo, puerco, marrano, cochino, guarro…

¿La Ganva? Buscó en el archivo alias y motes del hampa, pero sobre todo en el de vagos y maleantes. Aparecía la “Carcasa”, uno de los muertos, el mariquita, y también un tal “Gambón”. La Gamba aparecía, pero era una gitana que vendía castañas en una esquina de la Calle de la Rueda (y tabaco americano de estraperlo). No, no tenía nada que ver…

- San Martín de Porres, ¿será un negro? –se preguntaba Pellicer-. Su estómago le estaba matando. La sensación que tenía era que le quedaban unos meses. Un médico sincero le hubiese dicho que no le pegaba ser tan optimista. Pellicer era un hombre gris. Por elección, más que otra cosa. Pellicer era brillante, pero su falta de ambición y su amor a la verdad hacían que fuese un anacronismo, incluso en una época tan gris. Demasiado gris parece ser todo.

- Hoy pasará algo, digo yo. ¿Qué cerdo será al que le toque? Cuando decía esto entró Luciana, la limpiadora, que era más fácil de saltar que de rodear. Olía profundamente a sudor. Su bata era de un color indeterminado. Si, era gris. Otra vez el gris. Todo gris. Cantaba una copla, porque sabía que al inspector le gustaban las canciones de amores imposibles.

- Todavía, falta, señor. Una semana y un día – dijo, mientras hacía como que quitaba el polvo de un estante-. En mi pueblo matamos un marrano, y sacamos en procesión a San Martín, que le da una capa al mendigo. Era muy bueno San Martín. Y tiene un pelo finísimo; la estatua, digo. Era de mi hermana Antigua. Que rubia era la pobre que en paz descanse. Murió de un cólico esta Navidad hará dos años, fíjese que…

- ¿Un mulato rubio?, señora Luciana, y ¿eso como puede ser?

- ¿Que va se mulato?, señor inspector, es blanco como la teta de una monja, con perdón. Es un santo muy milagroso, a mi niño le quitó un orzuelo del ojo, mire usted.

Una corriente eléctrica recorrió la espina dorsal del policía. Repaso 8 páginas y se encontró a San Martín de Tours, Patrono de los soldados, tejedores y fabricantes textiles. Sería el 11 de Noviembre… ese era el día de los acontecimientos esperados.

Pellicer se alegró porque estaba cansado, recién salido del hospital, y quería irse a casa.

Cuando llegó a su piso, sito en la calle Torderas, Pellicer se sintió mal. Su mal iluminada salita estaba llena de papeles y soledad. El frío era terrible. 3 de Noviembre, San Martín, pero de Porres. Era el santo del mulatón. El otro San Martín era largo y espigado, y rubio, parece ser, o así lo pintó Domênikos Theotokópoulos, el Greco, como miró después Pellicer en un atlas de arte. Pellicer no era religioso. Había creído una vez en Dios, pero no quería recordar cuando dejó de sentir la presencia del ente sobrenatural. Y había sido del día a la noche, muchos años antes. Ahora tenía menos razones para creer aún. Un cáncer que lo roía por dentro, dos muertos sobre la mesa, dos notas, una casa vacía, húmeda y llena de polvo, y recuerdos lejanos. Y el dolor. Y el color. El color de todo, que lo mataba. Ese gris.

3 comentarios:

ana_arandanos dijo...

Pobre Pellicer, yo no quiero que se muera.Me cae bien aunque sea gris :(

Qué nervios, ocho días quedan... He encontrado una foto del san martin de porres ese, que documentado!
http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:San_Martin_de_Porres_huaycan.jpg

En mi pueblo se pasan una virgen por las casas, pero son bastante mas cutres porque alli no son de pelo natural.

ana_arandanos dijo...

Ya se que se muere desde el primer dia pero yo ahi todavia no le tenia cariño :/

El verano es largo, espero leerme muchos libros. Ademas aunque no sea un "shakespeare" como dices, nunca esta mal conocer un autor mas. Tampoco yo no me he leido ninguno de shakespeare pero es que, ademas, ni ganas oye.

El hombre invisible dijo...

Pese a mis vacaciones invisibles, puedo hacerle invisibles visitas, dejarle comentarios invisibles, y tomarme a su salud muy visibles cervezas triples con espuma al ras.
En la adolescencia (etapa de adolecer de todo y de la que creo que no se sale de todo nunca) inicié un diario que llamé: Diario de un hombre gris (marengo). Ese último detalle me delata. No se confíe. Por cierto, una cervecita tendrá "acólito" ¿no?

 
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