martes, 3 de abril de 2007



A lo largo del día de hoy he pensado miles de cosas que podía escribir. Ahora, al acabar la jornada no solo no se me ocurre nada, sino que me fastidia no hacerlo. He pensado en escribirles del color de los campos -otoño en primavera-, de la nieve que estaba a cotas bajas, de la quietud de la naturaleza. Pero quizá se me vaya la cabeza hacía otras cosas como el temario de oposiciones que he recogido hoy en Granada. Un tocho bueno, ¡vive Dios! Por eso cuando la madrugada avanza en Martes Santo, prefiero acordarme de la tierra mojada y el cielo gris, que me hace recordar a la abuela del pequeño Oskar Matzerath Bronski y sus cuatro faldas. Elijo ver los campos cachubos en mi mente, que a tanta letra junta.
Las hiedras crecían en las construcciones, eso es lo que importa.
Mañana será otro día.

1 comentario:

El hombre invisible dijo...

Veo que has ingresado en la Hermandad de la Santísima Oposición. Que te sea leve la penitencia...

 
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