domingo, 3 de julio de 2011

Nadería sobre la calor


El calor atonta las mentes, invita el desánimo y te pone la cabeza como una carraca. ¡Cuánto me acuerdo yo ahora de aquellos tiempos fríos donde se te congela la nariz y el corazón! Todo latente como bacteria enquistada en el sustrato del suelo. El calor llama a la podredumbre, a lo apestoso, a lo pringoso. Los insectos pululan en las luces en una sinrazón primordial, embelesados por el tungsteno incandescente. O el gas excitado de los tubos. El cemento que nos rodea reclama un protagonismo que jamás se le dio y proyecta como lanzallamas concreto las llamaradas ígneas que salen de la tierra, pero de una cobertera planetaria que solo dificulta el crecimiento de la jungla. Los coches, monótonos y raudos, añaden su calor específico a un ambiente sulfúreo, que nada tiene que envidiar a los lugares de Hades, Mefisto y Nergal.
Plomizo cielo enturbiado por la suspensión de la chusma microscópica, invernadero de plantas graníticas y basálticas. Odio tu mundo. Tu mundo de alpargatas y uñeros, de  piernas peludas y gente depilada de cerda incipiente. Solo el recuerdo de lo que fue solo te indulta a medias en mi juicio mediano y suspicaz. Calor, estío secamentes, brasas atmosféricas, ascua de temporada, cuando tú te vayas ya estaré esperando el solsticio para pegarte la tajada, pero ríes porque te sabes inexorable en tu cíclico y cuasinfinito devenir.

3 comentarios:

Javier Bermúdez Valencia dijo...

Qué buen texto... Tras leerlo dan ganas de emigrar a Escandinavia

Diego Luis Urbano Mármol dijo...

El calor trae también cosas buenas. El Melón y la Sandía.

Mameluco dijo...

A Laponia con los patos...

Cobito tú siempre le ves la parte positiva a los asuntos. Yo como fruta, pero esas precisamente, sobre todo la sandía, no son de mis preferidas. Hombre, un buen melón dú o una coquita si, pero poco.

 
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