jueves, 20 de enero de 2011

Martita be careful


A Marta Gorjon


Llovía sobre Gijón. Yo fui a Gijón una vez, pero no me acuerdo muy bien. Luego tuve un profesor de trompeta que era de allí. Era un anarquista que odiaba a las profesoras viejas del conservatorio. Viejas brujas, le decía entre dientes, con un odio bastante encostrado en su mente. Ese anarquista llamado Carlos fue quien me enseñó la embocadura de la trompeta a base de horas chupando el frío metal. 
Decía pues que llovía sobre Gijón, y Marta miraba por la ventana a ver que hacía esa tarde lluviosa. Sus gafas se reflejaban en el cristal de la ventana, que a su vez se mostraba en sus gafas nuevamente, dando lugar a una infinita imagen fractal de reflejos cada vez más pequeños. Se mordía los labios. Estaba nerviosa por algo, inquieta. Sonaba Daniel Johnston en el ordenador y de refilón vio a Casper, el fantasma amigable, que le sonreía desde una esquina del techo de la habitación. Era un ectoplasma simpático, pero no dejaba ser el fantasma de un niño cabezón. Pensó que si B.b. Raro muriese daría lugar a un hecho paranormal similar a la aparición de Casper. Pero eso es imposible porque los muñequines son eternos, inmortales. Cuando acabó la canción el fantasma desapareció. Lo que le puso más nerviosa es que no se pusiese nerviosa, y le pareciese hasta normal la aparición del espectro de un dibujo animado, invocado por Johnston desde un mp3. La vorágine da la vida moderna nos lleva a extraños comportamientos, como no asustarnos de cosas que deberían hacer que te cagaras del miedo. Intentó tranquilizarse, pensando, como ya lo hiciera el viejo Ebenezer Scrooge, de que lo que había visto era producto de una patata mal digerida. Pero el caso es que no había comido en todo el día. Seguía diluviando en la calles y su casa le parecía extraña. No solo por la aparición paranormal, aún antes algo le rondaba en la cabeza. Dio vueltas por la habitación intentando hacer algo que la calmara. En una estantería vio Ghost World en excelente edición bicolor. Negro, azul y blanco. Quizá meterse en la mente de Enid Coleslow de nuevo aplacara sus nervios. Vio el mundo en plano, blanco y negro, con tonalidades azulinas, pero no encontró a Rebecca, solo a los sospechosos de satanistas. Se acercó un personaje que no aparecía en el cómic. Era un tipo gordo, torpe, con las pupilas levemente asimétricas y con un traje de prusiano. Se sentó enfrente de Enid. Está miraba extrañada al sujeto que le hablaba como si la conociese de toda la vida. Yo no suelo vestir así normalmente. Solo que estamos representando una obra sobre la vida de Otto von Bismark. A Enid, o sea, a Marta, le vino a la cabeza esas raras adaptaciones que hacía el chaval de la boina roja, Max Fischer, de la peli Rushmore. ¿Quién podía montar una obra de teatro tan absurda? –pensaba, y no le faltaba razón-. Pasó varias páginas del tebeo y se vio de repente en una escena conocida. Ya no quería leer más. Deseaba salir, pero algo le hacía quedarse en la habitación, mirando las luces de la ciudad difuminadas por el agua que caía abundantemente sobre el orbe. Cogió la cámara de fotos y empezó a disparar contra esas farolas naranjas envueltas en bruma. Se hizo un par de autorretratos en el espejo del baño. Martita era morena y llevaba gafas. Como todas las chicas no despampanantes, no encontraba, a veces, su evidente atractivo.
¿Por qué estaba esa tarde tan rara? ¿qué era rara, la tarde o ella? Ambas posiblemente. Dormitó en el sofá mientras ojeaba flyers y cosas así. Hoy había algo programado, pero no se conseguía acordar. No venían en las octavillas de actos y conciertos. No recordaba el despertar del día de hoy, solo que no había comido.
Cuando estaba a punto de quedarse traspuesta del todo sonó el timbre de la puerta. Acercó las lentes a la mirilla y una mole estaba fuera, empapada. Cuando abrió la puerta vio a un hombre gordo, barbudo y que le recordaba al que había salido en el tebeo de antes. Tenía pelo medio largo que ya clareaba, una camisa totalmente mojada y unos pantalones anchos con salpicaduras de barro.
En un vuelco recordó como iba a ir la cosa. No es que lo hubiese vivido antes, los dejadus no pasan de verdad. Era que se le hacía presente el porqué del nerviosismo, esa rara sensación, porque las cosas no iban a ser normales ese día. Esa tarde, mientras el cielo se desplomaba sobre Gijón, había quedado con un señor que había conocido a través del tumblr, y posteriormente por facebook. Había accedido a verlo en persona porque lo consideraba una persona herida y digna de compasión, un ser inofensivo. En realidad ella hubiera estado mejor con sus amigas en un pub. Pero las cosas son así. El mazacote de carnes entró y enseguida dijo: aquí han pasado cosas raras esta tarde. Así que: Martita be careful.
Marta rió por no hacer otra cosa, y le dijo a Mameluco que se sentase. 

8 comentarios:

nadaespecial dijo...

mame eres amor te lo he dicho muuuchas veces.
me ha encantado!!!

Mameluco dijo...

Jejeje... soy amor. Aunque el amor duele a veces.

Espero que de veras te haya gustado.

Como diría mi Niño Murga:
muamuamuamuamuamuamua

nadaespecial dijo...

me encantó! mua mua mua

la gata chundarata dijo...

jejejejeje

qué bonico es usted, oiga...

de digno de compasión nada de nada!

Mobesse dijo...

Pues nada, Mameluco, que sí, que eres un sol, un solete. Que yo también te mando un muuuuuuuaaaaaa.
Ya sabes que admiro tu prosa y tu cosa. Aunque me vuelves loco en el Face Ploos, so poliédrico.

Mameluco dijo...

Querido Mobesse no comprendo su comentario.
Lo de muamua viene de una cosa que no está explicada en el texto ni tiene cabida en el blog.
¿Por qué le vuelvo loco en facebook?
Poliédrico siempre he sido lo que pasa que a usted se lo olvida.
No sé si me estás criticando, apoyando o diciéndome subnormal; el caso es que a usted también le quiero.

Jajajaja.

Mobesse dijo...

Solo quería sumarme a las expresiones de cariño de los demás comentaristas, pero para que no sonara a coña y que me reía de ellos, he añadido una nota de sinceridad. Lo del Cara Libro es que no logro seguirte con el muñequete ese y con la cantidad de intervenciones dirigidas, supongo a gente más cercana espaciotemporalmente. Reitero mi amistad entrañable y mi admiración.

Mameluco dijo...

Es difícil seguir un fecebook si no está al pie del cañón, Mobesse, y la verdad es que no veo una persona como usía perder el tiempo de esa manera (aunque sí de otras).
Lo del muñequín ha creado revuelo. La gente que no sabe de que va la cosa me toma como un chalao, jajaja.
No se preocupe, son cosas divertidas que se hacen entre amigos para pasar el rato.
Reitero mi cariño hacia usted y su familia.

 
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