Otoño sobre ruedas
Si, amigos míos, estoy más perdido que el barco el arroz. La vorágine, con momentos de gratas calmas, en los que se ha visto inmersa mi existencia posterga para luego el sagrado deber de todo blogger, y es el que no pase una semana sin actualizar. No sé que contarles. Bueno, hoy he aprobado el carnet de conducir. A la segunda, que no está nada mal, sobre todo como estaba hace unas dos semanas. El torpe ha dejado paso al eficaz, pero tampoco crean que para echar cohetes mi forma de conducir. Eso si, cuando mi profesor, Antonio Camacho, ejemplo de profesor con infinita paciencia y buena gente, me dijo que estaba aprobado me he puesto más contento que cuando aprobé la carrera, y es que yo pensaba que esto se iba a eternizar de la manera acostumbrada, convirtiéndose en un quiste añoso y perjudicial en tiempos de oposiciones. Muy al revés ha sido la demostración de que puedo hacer cosas bien sin ponerme nervioso. Pero claro, no me jugaba el pan del mañana…
Aparte de eso, de academias y viajes (el domingo visité
El otoño, como toda estación, es un estado mental, aparte de unos meses, una meteorología específica y el despliegue de los colores más bonitos del mundo. Otoño es vida lenta, pausada, ralentizada por el leve adormecimiento de las conexiones sinápticas. Que nos amodorramos, vaya. Que nos da sueño, melancolía, un poco de tristeza y una perrera de padre y muy señor mío. Como la que yo tengo para escribir. Soy plenamente consciente de que este escrito es un poco truño, una cosa para salir del paso, pero ¿qué quieren que les diga? Estoy otoñal. O lo que es lo mismo, vago.









