miércoles, 17 de septiembre de 2008

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La vida es curiosísima. Iba escribir una chorrada (que perogrullada, amigo Ramón, ¡yo escribiendo tonterías!), cuando se me ha venido a la mente sacar a relucir un viejo personaje del TBO, el Profesor Franz de Copenhague, el de los Grandes Inventos del TBO. Cuan es mi sorpresa que lo que creía yo que era un pegolete como cualquier otro es en realidad una verdad. El profesor Franz de Copenhague era en realidad danés. ¡Que cosas! En realidad no era, no es, de ningún sitio, es un personaje de tebeo, pero lo copiaron de un dibujante danés llamado Robert Storm Petersen. Dibujos de inventos pejigueras que hacían reír mucho a la muchachada de los años 40 a los 60. Y que a mi también me gustaban mucho de chicuelo (fíjense la palabreja rancia), para que negarlo. No se lo voy a explicar, en esto de la ilustración cómica una imagen vale más que un tera de palabras.


ZP se lo está pensando para la crisis.


Además el dicho “estos son los inventos del TBO” aún se utiliza, al menos en mi casa, cuando se habla de una cosa chapucera, hecha a base de tesafilm y cuerdas a lo cutre.

Esto nos invita a un reflexión, si no más profunda (ya saben que no soy demasiado profundo), si a pensar en que esto del humor tiene sus épocas y tal, pero siempre habrá cosas que hagan gracia. Como dirían los de LHC, hoy MN, un mono vestido de botones siempre hace gracia.

Una cosa que siempre es la risión.


A esto sumamos un niño chino cayéndose y el padre grabando, o un buen susto como Dios manda y ya está. A mí siempre me harán gracia muchas cosas, pero son cosas muy personales. Las cosas que hagan reír a 6000 millones de personas ya no son tan abundantes. Cada uno tiene su humor. Y hay gente que no está para reírse. Casualmente esta gente ríe mucho. Es una cosa bastante barata de afrontar las penas. En el primer mundo hay personas, pueblos, incluso países enteros que carecen de humor.

A mí muchas veces se me achaca ser un talibán en muchas cosas. En el humor creo que no se me puede echar en cara nada. Me gustan desde las películas malas de adolescentes hasta las sutilezas más sutiles de un Tati. Desde la grosería de un Álvarez Rabo al humor oscuro de un Clowes. De la maquina whiskera de Buk hasta el fino plumín de Chesterton.

En fin, que si hay que reír, se ríe. Pero hay que tener cuidado con los falsos profetas y no confundir churras con merinas.

Y eso si. Reírse de uno mismo es una imposición más importante que lavarse los dientes.


NOTA: El titulo del post corresponde a una sección de la revista Selecciones del Reader's Digest (si, esa que leía Homer, y por la cual enriquecía su vocabulario y Lisa iba a Washington y descubría los tejemanejes de la política). En mi casa, cuando yo era pequeño siempre se leía esta revista, que era un compendio de lo que publicaban otras muchas revistas. En realidad era (y es) una publicación encubierta de la CIA para fomentar los valores americanos por todo el mundo. Lo que pasa es que era tremendamente entretenida y siempre te contaba historias de gente atrapadas en el hielo.

7 comentarios:

socioapatia dijo...

Está mucho mejor esto que el cisco que montan en El Nombre la Rosa para descubrir SPOILER un texto defendiendo la risa de Arístoteles o no sé yo quién que no hacía gracia a nadie FIN DEL SPOILER

Puede usted ser el nuevo Umberto Eco!

Arwen_mge dijo...

En mi casa también usamos lo de "los inventos del TBO" para describir cosas cutrecillas :). Quizá porque mis padres crecieron con ese entretenimiento.

Hace muchos años, en unas de esas horribles y aburridas vacaciones, una colección antiquísima de originales del TBO consiguió que se me pasaran volando...

raskolnikoff dijo...

no puede ser malo un tío que se ríe de si mismo. Pero es que hay tan pocos ...

raza becaria dijo...

Ya veo que te has hecho amigo de blogjob, es compañero mio de lasexta.

Estoy de acuerdo contigo, mame. Si no te ries de ti mismo entonces eres un mierda. Asi de sencillo.

Mameluco dijo...

Ay, Sociopatía, como he dicho, soy hombre de buena boca, y a mí si me hace gracia lo del libro perdido de Aristóteles, ese del de partirse la caja, y el monje Jorge de Burgos, que no quiere que nadie se ria.
Y el prota, ese Guillermo de Baskerville, impersonator medieval de nuestro gran amigo Sherlock (si se llama como el sabueso, el sabueso de Baskerville) comparándole con otro Guillermo, el Occan, el de la navaja (uno de mis ídolos desde mis estudios de filosofía de COU). A mi si me gustó la novela. Y además Eco es muy listo, muy listo. Ojalá fuera yo tan listo como él. Podría ser un anarquista burgués de los pies a la cabeza, sin pensar en oposiciones... mechachis.

Me alegra Arwen que se utilice esa frase allende de mi casa. El TBO me hizo pasar muy buenos ratos.

Yo me río de mi mismo, aunque sea un arcaico mecanismo de defensa para sobrellevar el asco de vida este, amigo Javier

Clares dijo...

Yo de cría los leía con fruición y me gustaban hasta el punto que a veces creía que eran buenos inventos, de los de verdad. Ay, Mameluco, que me has hecho entrar en regresión y me he visto en el patio de mi abuela leyendo el TBO... Qué cosas.

Mameluco dijo...

Si Becaria on the six arandanil, quien no se ríe de si mismo es un mierda como la copa de un pináculo.

Y si, el nombre me fue muy sugerente y añadí a su amigo a mis links porque el me metió a una velocidad de vertigo y porque me pareció interesante lo que decía. Muy en mi linea de humor, jejeje...

Fuensanta la de generaciones que hemos leído el TBO. Si cuando digo yo que hay cosas que son eternas.

 
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