sábado, 17 de noviembre de 2007


El romanticismo no es lo que mucho creen. Para la inmensa mayoría de las personas (sobre todo algunas del sexo de Eva) ser romántico es ser calzonazos, empalagoso, ñoño y falto de criterio. Lo romántico es ver películas de Meg Ryan bebiendo champagne rosa (que haberlo, haylo) o regalarse cositas, “detallitos” por San Valentín, el santo más cursi de todos los cursis. En realidad los románticos originales eran de otra chapa. Gustaban de cementerios, castillos sombríos, y para ellos amor y muerte iban indefectiblemente unidos. Además eran depresivos, exaltados, nacionalistas y utópicos. Bueno, no les estoy contando nada que no sepan. Recuerden a Bécquer, o a Larra o a alguno de estos. Tarambanas decimonónicos con macabras inquietudes y muertes ad hoc.

Al final resultará que soy un romántico. El amor existe. El amor es sufrimiento. El amor. El amor es lo que hubo antes de la pasión y lo que queda después. La pasión se acaba o se transforma. Muta en cosas raras. Escuchar canciones y llorar es bastante triste. Pero me pasa. Y es que es un paso más. Soy un sentimental. El cínico, el descreído resulta ser un romántico impenitente. Un ñoño de mucho cuidado. No me gustan las tartas de forma de corazón del Mercadota, tampoco me gusta el oropel del falsario amorístico de los greatest hits de los 40 principales. El almíbar y el azúcar. El amor no es así. El amor es amargo, como mi romanticismo. Es como una autolesión que es cosa de dos. Para hacer trizas la salud mental es ampliamente recomendado. El suicidio es fácil por amor. Mi abuela decía que me mataría si alguna vez acababa con mi ex. Al final, desde la tumba, mi abuela va a tener razón. He matado la esperanza dentro de mí a bayonetazos de pesimismo. Y por eso soy un romántico amargo, comparando mi vida de ahora con la de antes. Solo me falta una levita a lo Larra o un pañuelazo estilo Lord Byron. Pero después escuchas canciones tan bonitas como El momento más feliz. Yo he tenido eso, pienso para mi, con un atisbo de agüilla salada en el lacrimal. Y ahora solo hay dolor.

Ya mismo vagaré como un alma en pena o me iré a luchar por la independencia de algún país lejano. Jejeje, ya me conocen. Soy demasiado vago. Me gusta demasiado reír. El humor es bastante reñido con el romanticismo, siempre fatal y terrible. Por eso, porque como dije ya el otro día parafraseando al disco más escuchado en casa de Mameluco, yo, que decidí que mi vida no valía, que me incline por sentirme siempre mal, que anticipaba un futuro catastrófico, hoy pronostico la Revolución Sexual. Algún día seguro que llegará la revolución sexual, siendo para mi un punto de inflexión, una metáfora de que las cosas pueden ir mejor.

Y ahora es cuando me acuerdo del Señor Scrooge y digo: Paparruchas, y sigo segregando bilis.

2 comentarios:

lobech dijo...

queda inaugurado este post.
sólo puedo decir una cosa
http://www.youtube.com/watch?v=uiCRZLr9oRw

Mameluco dijo...

Hemos tardado 5 años pero se ha cumplido.

 
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