miércoles, 17 de octubre de 2007


Esto lo escribí hará dos años. Lo he encontrado y aquí os lo pongo. Es una tontería, pero bueno.

La ratita presumida fue devorada anoche por el gatos con botas, que a su vez resultó herido de gravedad porque se encontró con el lobo feroz borracho, que salía de chirona, por los delitos de geronticidio en grado de tentativa, suplantación de personalidad con alevosía y lesiones a la propiedad ajena, por, comerse a la abuela de Caperucita, engañar a los siete cabritos y echar abajo las casas de dos cerditos, respectivamente, y que tenía ganas de armar follón. El sastrecillo valiente era su compañero de celda por matar a siete de un solo golpe, ambos eran compinches de los dos fenómenos que hicieron el traje nuevo del Emperador, que era lelo y amigo de toda la vida del Príncipe Azul que regía su reino con unas antiguas reglas que había escrito un secretario llamado Maquiavelo, italiano él, como Pinocho, que trabajaba de jefe de prensa de un famoso partido político de donde los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él. Dorothy se divorció pronto del espantapájaros para fugarse con Juan sin Miedo, que había conocido el terror viéndoselas un día en el bingo con los enanos Mudito y Gruñón, que iban más puestos que un ciclista, y cabreados por que Blancanieves se había aliado con la Cenicienta para no trabajar nunca jamás. Los otros enanos se habían afiliado a Comisiones Obreras y dejaron de salir en los cuentos porque era muy burgués eso de vivir entre reyes y princesas, ogros ricos y pobres que se convertían en marqueses matando, que era más cosa de la CNT. Otro enanito, Sabihondo, leyendo a Sartre se había hecho nihilista vegetariano y solo comía cosas que no proyectaran sombra o col alemana fermentada, recomendación del Barón de Munchaüsen, que antes de formar una secta en la Luna y organizar el partido nacionalsocialista de su pueblo, era mensajero montado sobre balas de cañón, pero con los misiles de hoy en día ya no le compensaba ni con el plus de peligrosidad. Aladino trabajaba en el IKEA, pero no en la sección de lámparas, quería nuevos retos. Vendía colchones antiguisantes de Lo Mónaco para princesas con problemas de insomnio; antes tenía un concesionario de calabazas mágicas que se convertían en descapotables rojos, pero era un negocio muy ostentoso; además le puso un pleito el Hada Madrina por robo de propiedad intelectual. Otro que iba de culo era Simbad. Su yate hacía aguas. Además todos estaban hasta el último pelo del rollo hippie de su socio Sandokán. El pájaro Rok se había muerto hace años y en el valle en donde vivía, ya no había diamantes, solo peladillas, que echaban los de la agencia de viajes para contentar a los pocos niños que por allí se acercaban. Todo lo contrario que Hansel y Gretel que montaron una franquicia de casitas de chocolate de cartón piedra. El café era terrible y te cobraban dos euros, pero como en los centros comerciales solo hay porquerías por el estilo, se hacían ricos con los padres de los niños que esperan para las películas en los multicines. La Bruja cobraba royalties en su asilo, alejada ya del mundanal ruido. Ya no eran épocas de hechizo y maleficios, que te puede caer una demanda. Estaba liada con Geppeto, al que había conocido en el programa de Juan y Medio. Geppeto era viudo de la mujer que vivía en un zapato. Era sordo y utilizaba un sonotone que le había fabricado el Mago de Oz en un rato libre. Éste último se había hecho de oro con los bonos basura y jugaba al paddle con Mister Scrooge. Scrooge había vuelto a las andadas. Ya no creía en la Navidad ni en niños tullidos. Solo quería pasta gansa. Su empleado Bob Cratchit, acompañados por su hijo Tiny Tim y el sobrino díscolo de Ebenezer, eran sus testaferros. ¿Para que vivir como la cerillera esa que vende fósforos a los ricos? Véndeles gasolina para el Zippo o algo, pero no aprendía la lección y tenía que vivir de la Seguridad Social. Otro que tampoco aprendía la lección ni a tiros era Rapunzel. Vivía como una cerda en su torre. Todos creen que está medio loca, sobre todo porque rechazó trabajar para Loreal París. Era una adicta a los bollos que vendían Hansel y Gretel en sus tugurios. Estaba gorda como una ballena, por eso la pretendía Jonás. Pero no tenía nada que hacer porque olía mucho a pescado y estaba muy chapado a la antigua, como todos los del Antiguo Testamento. Incluso los de Sodoma y Gomorra se escandalizan hoy viendo la televisión. El que está curado de espantos era la Bestia. Está deprimido porque Bella se la pega con Jack, el de las judías mágicas. Ya solo se convertía en humano cuando venían visitas. Si eran de confianza no. Un día fue el jorobado de Notre Dame y ni se vistió el tío guarro. Cuasimodo, muy educado no dijo nada, pero a la Bestia se le estaba yendo la cabeza y apestaba a humanidad y a vino. La sirenita de Copenhague visitaba al mismo psiquiatra. La dualidad humana-pez le estaba pasando factura. Además como era nórdica tenía tendencias suicidas de vez en cuando. Un día se varó en una playa para morir de insolación y sequedad, pero fueron los del Greenpeace a joderle la marrana. Por lo menos allí conoció al que sería su tercer marido, Alibabá. Alí era tan rico desde que engañó a los ladrones, que se sentía culpable, e iba a todas las ONG que encontraba. Enanitos sin fronteras, Salvad a los Unicornios, Hechiceras Mundi… Éstas le leían la bola de cristal a los pobres, que se entristecían muchísimo cuando la pitonisa de turno les relataba su negro futuro, lleno de penalidades. El caso es que Alibabá fue a salvar a la sirenita, que estaba medio muerta y llena de chapapote, y se enamoró de ella y ella de él. Fueron de viaje de novios a Cancún haciendo escala en Nueva York. Los americanos miraban muy mal al novio y le confiscaron su kriss y una lata de dátiles, porque creían que era una bomba. Cuando le investigó el FBI descubrieron que había financiado hace unos años una célula de Al Qaeeda con Yafar, el hechicero enemigo de Aladino. Lo metieron en Guantánamo vestido de naranja y aguaron la fiesta de la sirenita. Finalmente abrazó la fe mormona y se convirtió en cristiana renacida. Últimamente se le ve de animadora en los partidos de los Utah Jazz.

Heidi sigue aún con Pedro. Viven felices en la montaña. La señorita Rottenmayer y el señor Seseman desaparecieron estando de visita. Clara se olía algo, pero no fue a los gendarmes de los Alpes porque era muy vaga. Desde que su amiguita de rojos mofletes la puso a andar el carácter se le agrió. Heidi y Pedro, pues, se habían convertido en una pareja de jóvenes asesinos psicópatas. Los alrededores de su casa estaban llenos de cadáveres. La mayoría eran niños despistados que llegaban desorientados por el flautista de Hamelin. Como estaban hartos de tanta fondeu, se comían a algunos. El abuelo estaba en un asilo e iban a verlo los fines de semanas pares. Estaba un poco pallá el buen hombre. Aunque no tanto como Ricitos de Oro. Tenía agorafobia y solo quería dormir en camas ajenas, comerse los desayunos de los demás. Cleptomanía galopante. A Mamá Oso, Papa Oso y bebé Oso los metieron en un zoo porque estaban en peligro de extinción. Los osos imbéciles no abundaban en los bosques. Ellos en vez de soplar a la comida como todo el mundo si estaba caliente, se iban a dar una vuelta. Claro, así les iba, que cualquiera que pasara se hincaba sus Kellog´s y andaban anoréxicos perdidos. La bella durmiente se despertó un día que no le correspondía. Tenía que besarle un príncipe y la besó un agente de seguros que pasaba por allí. Al besar a la dormilona el agente se convirtió en una apuesta rana. La bella, ya despierta, la pisó asqueada y se volvió a dormir a ver si llegaba el príncipe de una vez. Aún espero unos cuarenta años, pues las monarquías estaban de capa caída. A la gente le dio por las repúblicas, que daban muy poco juego en los cuentos. Los príncipes empezaron a casarse con presentadoras del telediario divorciadas o con borrachos agresivos, la fauna salvaje se extingue y los niños de todo el mundo son cada vez menos inocentes con “tanta” internet y esas cosas. Nadie quiera cosas ya oídas, solo la novedad. Ya la gente no busca novia con unos zapatitos de cristal o tienen a animales domésticos como casamenteros. La fantasía se ha perdido y nadie sabe como ha sido. Bueno, la imaginación tiene su sitio en las excusas de los políticos y en los programas de prensa rosáceo amarillenta. Bueno que colorín colorado este cuento se ha acabado y fueron felices y comieron perdices.

1 comentario:

El hombre invisible dijo...

¡Cuánto cuento tiene vuesa merced, voto a Barba Azul! Veo que recordaba nombrar a Teruel, ese Brigadoom inexistente ideal para cuantos cuentos cuente, señor cuentacuentos. ¿Y Niebla? ¿Qué pasó con Niebla? ¿Le perdonaron la relación zoofílica con El Abuelo, que era picador, allá en la mina?
Los cuentos (en versiones originales, no edulcoradas por la estúpida y peligrosa tendencia actual a lo "políticamente correcto"), son sorprendentes siempre. Sólo hay que leerlos, cosa, que por otra parte, la mayoría de los niños y adultos de hoy en día no hace. Allí están todos los valores y pecados posibles mostrados para los infantiles y virginales ojos de los niños. Ellos tienen que distinguir lo bueno y lo malo (y en este caso, no especifíco qué es lo bueno, y qué es lo malo, que para eso ya tengo a un guardia puritano a mi espalda mirándome con torva faz).

 
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