domingo, 25 de marzo de 2007

En la tarde de los domingos las grutas se eternizan. Todo está quieto, gris, deformado por el tedio. Parece que escribo una tesis sobre el tema. Hoy nos han robado la hora regalada allá por Octubre. No parece gran cosas pero varía los ciclos circadianos de una forma rara. A mí me ha provocado aún más ansiedad, y eso que me he levantado a las 10 de la hora actual. Que sea tan tarde no me gusta. Que el ocaso más tarde menos aún. Hago un trabajo en la imprenta y grabaré esto en un disquete. He puesto disquete porque así me lo ha sugerido el corrector del procesador de textos. Disquete, como donete o motete. Aquí los dominios del Windows se han de ir hasta 1998, cuando el mundo era más joven. La música suena y los metales poderosos no transportan a otras épocas. La actual es igual de innoble y churretosa que las otras, ténganlo por seguro. ¿La civilización no es acaso una entelequia de los filósofos? El avance tecnológico de nada sirve si solo el 40% de la gente cree en la ciencia. En la pueril superchería creen muchísimos más. La barbarie solo se ha hecho más precisa. Ya se puede matar a alguien desde un despacho, con solo apretar un sencillo mecanismo. Y yo no aplico la barbarie, sencillamente hago una tarife de precios de una panadería. Tarta de yema tostada y almendras. Hojaldres. Roscos de anís. Y no tengo hambre. Solo quiero dormir. O anularme, lo que sea más sencillo.

1 comentario:

El hombre invisible dijo...

Es evidente que todo esto lo has escrito durante la hora desaparecida. ¿Qué has hecho mientras adelantabas el reloj? Ves como pasa una hora adelantando simplemente las saetas y te quedas perplejo pensando en la fugacidad de la vida. Yo voy a adelantar las saetas, pero las de semana santa, para que acaben antes, claro.

 
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