No sé como afrontar este escrito acerca de por qué me gusta mi país. Me siento como un niño de esos repelentes que todos los años recibe el ciudadano Juan Carlos (así llaman al campechano monarca los de ERC) en Zarzuela. ¿Qué decir de España? Bueno, para empezar, siguiendo al hilo de mis oposiciones diré que hay tres Españas, la España Silícea, la España Caliza y la España Arcillosa. Eso a priori, parece que no es nada ni bueno ni malo, pero ya en si es una cosa muy buena. España tiene un montón de paisajes diferentes, cuando la especulación urbanística o el turismo no lo masacran es todo muy bonito. Desde el desierto de Tabernas hasta los Picos de Europa. ¿Ven? Ya va una cosa buena del país. España es bonita. Parezco de parvulitos.
LAS 3 ESPAÑAS
LA ESPAÑA ETERNA
Y por último resaltar lo que más me gusta de los españoles, y en eso coincido con Sánchez Dragó y el título de su último libraco, en que si hablas mal de España es que eres español. Ante el chovinismo francés, nuestro Volksgeist particular es echarnos piedras sobre nuestro propio tejado. También es poner a parir al vecino por feos aunque nosotros seamos más feos que él. España es así. Podemos dejarnos llevar por discursos progresistas de que nuestra sociedad es muy avanzada (lo es en cierta medida por su pasotismo innato) y que somos Europa. No es verdad. Nuestros sentimientos nacionales son de rancio abolengo. Somos una de las naciones más antiguas de Europa y eso tiene que pesar. Somos país desde 1492. Montenegro lo es desde el año pasado. Nuestras señas de identidad no se pueden meter a la lavadora y punto. Somos herederos de un imperio, como cantaban los megajevis Zarpa. Tenemos una historia detrás. Desde Isabel y Fernando hasta Juan Carlos y Sofía. Es un topicazo como la copa de un pino, pero los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla. Bueno, eso sería en universos lineales. Pero no vamos a entrar en cuestiones físicas de las que sé bien poco.
Soy consciente de que a la muchachada le da igual todas estas cosas que yo cuento aquí. Bueno, lo de comer no. A todos nos gusta la tortilla de patatas de mamá. Pero así veo yo las cosas. Yo soy español, pero no tengo porque sentirme orgulloso de serlo. No es que esté descontento. Soy afortunado de ser de España y no de cualquier país del Tercer Mundo. Aquí hay sanidad pública y educación, saneamientos, garantías sociales, libertad de expresión. Y me alegro por ello. Pero eso del orgullo, es otra cosa. Es una cosa más íntima, una conexión con algo, con alguien, que comprendo que alguno pueda tener con eso indeterminado llamado Patria, pero que yo, realmente, no siento.
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