Cosas bigger than life. Hoy: Sergio Leone y El bueno, el feo , el malo
A veces me supongo más de lo que debiera. Uno supone que sus referencias son las de todo el mundo. Y no es así.
Suena una armónica, unas voces destempladas imitando a un wah wah (¿ven? un wah wah es un pedal de guitarra, no tienen porque saber eso), una guitarra eléctrica… referentes. ¿Serán comunes al resto de los mortales? Mis viejos altavoces espurrean por mi frío dormitorio la banda sonora de El bueno, el feo, el malo y la carne se me pone de gallina, porque se que al final va a haber “L’estasi dell’oro”, de esos momentos que se quedan en la retina, de esos momentos bigger than life que nos ofrece ese entretenimiento llamado cine y que a veces trasciende más que cualquier vida. A muchos de los que leen dirán que estoy otra vez con mis paranoias tontorronas. No, al menos no tengo esa sensación. Les comento lo que me produce placer. El placer de los ojos como platos, de la tensión. Entrar en tensión después de haber visto una cosa muchas veces tiene su miga. El hombre sin nombre (aquí se llama el rubio), Tuco y Sentencia, al final, en el duelo a tres más recordado de la historia del spaghetti-western. Suena Trío.
El orden de los factores no altera el producto.
Al contrario de lo que supondría imaginar para un spaghetti toda esta escena del cementerio se rodó en Burgos. No les cuento el final, vean la película, si es que le gustan las películas dirigidas por “hijos de puta”, cariñoso apelativo por el que se referían sus más estrechos guionistas y colaboradores en sus obras. Lean la muy completa “Algo que ver con la muerte” de Christopher Frayling si quieren saber mucho más. Yo me lo leí este verano y me encantó. Pero claro, para mí Sergio Leone es uno de esos directores míticos, sin ser ni impecables, ni intachables, ni inmaculados, sin ser John Ford, vamos. Sino porque era un tramposo, un marrullero, un italiano, que siempre tenía ases en la manga. Y bandas sonoras de Morricone en estado de gracia. Westerns que se parecían más a la comedia de arte, a los guiñoles italianos y a la novela picaresca española (sic), que al género propiamente dicho. Hay gente que considera que son aberraciones de la naturaleza. Y me gusta que existan esas gentes. Yo soy incluso más purista para otras cosas, pero en el cine no veo las fronteras. El lejano oeste es Almería, por donde yo lo he pasado tan mal haciendo trekking obligatorio. Y Clint es un tío que no tiene nombre.
Otro día les hablaré de una de mis películas preferidas de nuestro amigo el Sr. Eastwood, “High Plains Drifter”, ese western sobrenatural llamado “Infierno de Cobardes”. Una auténtica joya.
Eso, forastero, escribe HELL bien grande,
que son una panda de cagaos.
Nota del autor: Mi película preferida de Sergio Leone es, sin duda, “La muerte tenía un precio”, pero me ha pillado escribiendo esta música en el Winamp.





