martes, 22 de febrero de 2011

La vida mutando en muerte


Casi no recordaba su niñez en el suburbio.
La juventud pasaba ante sus ojos como una linterna mágica.
La madurez eran cuatro paredes, un cuadro de unos pájaros y una planta de plástico.
La vejez era el hoy.
En el parque había palomas, pero al contrario que muchos viejos, las odiaba. Odiaba también a los otros ancianos. Huelen a viejo -pensaba- yo no huelo así ¿llegará el día que desprenda ese olor? Tengo mis dientes, al menos.
La hija estaba ausente casi todo el día y su nieto, un adolescente que se pintaba los ojos de negro, tampoco era una gran ayuda. La juventud, aunque sea siniestra, se aparta de la decadencia real, porque en el fondo están vivos. Los añosos van cediendo parte de su vida a la muerte, de manera unas veces rápidas, otras agónicas, no deseables por casi nadie, en cualquier caso.
No le gustaba la televisión. Eran cosas de mongólicos. Leía cientos de novelas del oeste en un eterno retorno a saloones y desiertos, tiroteos y escupitajos. Como eran todas iguales le daba lo mismo. Había pedido por correo Hazañas Bélicas y también los releía una y otra vez, teniendo en su cabeza hasta el trazo más sutil de la más pequeña viñeta.
En su sillón orejero, al lado de la jaula vacía de un loro, pasaba las tardes escuchando la radio y leyendo a Marcial Lafuente Estefanía. De vez en cuando compraba algo a un amigo suyo quiosquero, algún fascículo número uno o libros de esos que regalan con los periódicos. A su nieto también le gustaba leer y de más pequeño compartían tebeos, pero ahora era un ser invisible para su pálido descendiente vecino de cuarto.
La hija cocinaba muy mal, pero él no se quejaba. Le daba un poco igual si la menestra estaba cruda o los boquerones eran carbones, si a él lo que le gustaba eran las natillas Danone de chocolate. Eran constantes, dulces y asequibles. No variaba el sabor, no era una eterna lotería. Le gustaba esa sensación de rutina en su paladar. Daba las gracias al cielo de no tener azúcar en la sangre, pues si así fuese tendría que ser un goloso a escondidas. Su hija ausente le prohibiría el sabor industrial y saturado en dulzor.
La vida de viejo era melancólica. No llegaba a ser penosa, ni incómoda, pero si un poco angustiosa. Estar al borde del precipicio no lo llevaba bien. El barranco de la muerte. ¿Ese será el olor que desprenden los otros? y se respondía, tal vez, y yo no pueda oler el mío.
Sus manos eran viejas, pero firmes y hacía papiroflexia. Antes engatusaba a su nieto con los camellos y las flores de papel, pero ahora le parecían chorradas, aunque en el fondo ese gótico atormentando deseaba, algunas tardes, contemplar como su anciano y decrépito abuelo hacía figuritas con papel de periódico, en vez de irse de botellón a la tapia del cementerio.
El viejo mira ahora por la ventana llena de marruecos que eran de su mujer y no echa de menos nada del pasado, solo teme al futuro. Pero es que es tan inminente.

martes, 15 de febrero de 2011

Quietismo Ilustrado


Hay cosas que me dan mucho igual. No sé si está bien expresado eso de mucho igual, pero, valga la redundancia, me da igual, mucho.
No sé cuantas personas que leen esto está de acuerdo conmigo. Sé que hay lectores que no están de acuerdo. Incluso por preguntarme a mi mismo si hay lectores. Esto es un blog y se supone como dijo Alex ayer que hay una pantalla y otros que mirar. Bueno aquí pueden participar porque es todo tope 2.0, casi 2.1, a lo mejor. ¡Bah! Es lo mismo.
Quisiera saber qué de malo tiene la quietud. La tranquilidad soñada por diversas religiones y/o corrientes filosóficas –con las que no comparto nada-, solo querer quietud. Quietud es paz, y cada día deseo más esa paz. Como siga así me voy a volver budista con esta tendencia a la nada, pero en realidad, consecuentemente, solo bordeo el nihilismo churretoso y la bazofia que mis neuronas hacen circular a ritmos disparatados por mi cerebro. Quiero que esas sinapsis paren. Que paren de una vez. La tranquilidad es no pensar. Paroxismo atáraxico. Quietismo ilustrado.
¿Por qué intentar ser ajeno al mundo, aún eligiendo no cortar los hilos totalmente aturde a las personas? Hoy todo es movilización (de boquilla, claro), el hay que cambiar todo (para que todo siga igual –Lampedusa dixit-) porque es un desastre. Ya sabemos que es un desastre desde hace muchos años y ¿por qué ahora? ¿por qué ahora son conscientes de que los sindicatos adocenados iban a traicionar a la gente como venían haciendo reiteradamente? ¿por qué los políticos son ahora peores que hace cuatro años o seis? ¿por qué se ha hartado ahora la gente?  No lo comprendo. Yo ya estaba harto de esta mierda hace mucho, y se me hace extraño los llamamientos a la movilización. Yo no necesito movimiento (discutible por mi peso, pero de otro tipo), yo necesito quietud. Y eso no se comprende.
Los hay que siguen las revoluciones en el extranjero como si de un partido de fútbol se tratase (yo voy con el pueblo, piensan) y se dicen: eso es aplicable aquí. Mismos perros, distintos collares, o más bien al revés, el mismo collar para un perro distinto. ¡A otro con ese hueso! Aquí ya se hizo una cosa de la que están muy orgullosos una generación que solo ha degenerado en que ganaron los mismos repartiéndose el pastel. Y a base de boyante oropel hundir el estado del bienestar, vedado secularmente a este país. Las águilas en sus nidos de cemento se parten el pecho. ¡No nos subas la luz! ¡No no subas la luz! Subiré la luz lo que quiera, dicen las empresas. Si tienen carta blanca por el gobierno elegido en las urnas. Las urnas legitiman el abuso. Y ahora por cuatro carteles y pancartas se van a dar la vuelta.
¿Por qué cuando la gente vivía por encima de sus posibilidades gracias a los bancos engañabobos nadie se quejaba? ¿acaso no había más especulación inmobiliaria antes que ahora que no se hacen ni flanes de arena en las playas? ¿acaso no era ya vomitivo? Pero ahora todo es una ful. Y yo añado, como antes. Yo me di cuenta hace mucho, pero no por listo, ni inteligente, sino porque soy muy pesimista, cosa que por otro lado no les recomiendo.
¿Ven por quiero quietud, paz, tranquilidad? Porque pienso (me atrevo a decir que sé) que nada cambiará, y si algo lo hace no será como debería ser para que un porcentaje alto de la población se beneficiase. Por eso persigo la ataraxia. Eso cuando no me importaría morirme directamente. Pero no desde el bajón, la ira o la desazón, sino de la falta de ilusión, de ver un mundo tan feo y de pensar que menos mal que no existe Dios, porque habría que matarlo al estilo soviético mil veces por hacer a una especie tan desgraciada (en los dos sentidos de la palabra) como la nuestra.
Solo queda la risa, la música, las lecturas. Los amigos. Eso se puede hacer dando el culo al sistema durante mucho rato al día. Pero siempre tienes que mirar a los ojos al maligno en algún momento del día. Oposiciones, trabajo, ataduras. Libertad de seda forjada en hierro.


Ya está bien de bilis hoy.
Sean felices. 

Montaje de Julio de 2006 para el fotolog

martes, 8 de febrero de 2011

Energy Bar


Lo que se sueña es como las cajas de bombones de los tontos de pueblo americanos. Nunca sabes lo que te va a salir. Si lugar a dudas esta tarde, cuando afronté una siesta poco planeada no sabía de las sensaciones y ocurrencias que me depararía el reino de Morfeo. No me acuerdo de casi nada. Solo instantes. Pisos de estudiantes casi vacíos en medio de grandes explanadas y cobertizos llenos de hierba. Lo de siempre.
Pero la cuestión es que llegó un momento que sentí una gran fuerza. Todo a mi alrededor se veía como si dos dimensiones coexistieran a la vez y avanzaras atravesando muros, gente, árboles. Corría. Ya les digo que era un sueño, pues en el mundo vigil no se me ocurren semejantes frivolidades. Algo equivalente a mí me seguía, pero era como un punto de luz que iba tomando forma física, pero que sin duda era de formato digital. No sé ahora, horas después, lo que debía hacer, pero todo lo que hacía lo realizaba de una forma escrupulosamente eficaz. Avanzar era complicado. Todo era denso cruzando un extrarradio. Recuerdo ese páramo medio edificado con algunas casas en construcción y aceras de otros sueños. O es lo que siento cuando lo analizo a estas horas. Puede ser un error en Matrix. Ese descampado daba a una playa, donde había un hangar, o una lonja, pero allí dentro no sentía esa densidad rodeándome. Había mucha gente, cada uno con su compañero digital con diferentes formas. Poco a poco, no sé como se convirtió en un gran cine decorado como un teatro de ópera lujoso y decadente, con grandes volutas doradas y con lámparas de araña con cristales multicolores. Lo encontré horrible. De repente vi en la pantalla. En primera persona, con cámara subjetiva, se veía mi recorrido hasta allí, pero era todo muy plano, decepcionante. Prosaico. Un tipo corriendo con una línea de energía de videojuego. No se observaba nada de la dualidad que había sentido. Otras cosas fueron pasando por la sala de cine. Eran recuerdos míos –del sueño-. De deambular por pisos extensos y oscuros. De hablar de música con una chica y de salir a la calle lloviendo para coger un taxi. Era una película más bien mala. Un guión demasiado parecido a mí como para que me gustase algo. Había soñado antes con esa chica –desconozco quien es- y siempre era lo mismo. Hablar de música. Hace años que no hablo de música. Era música inventada de un fanzine raro de la que la chica era fan. Yo lo conocía de pasada, como casi todo. Pilló un rebote y se marchó. La gente de la sala de cine hacía como si eso no existiese. No existiría para ellos en otros universos paralelos. Cada uno tenía el suyo. Quería volver a sentir la sensación de densidad de atravesar dos mundos, pero no volvió.
Me desperté y me pregunté si era por la mañana.

domingo, 30 de enero de 2011

Renacen de las cenizas...


Renacen de las cenizas
como escoria aún incandescente
las finas agujas de la memoria
los delgados hilos de dolor
los pellizcos inmateriales
de tu ausencia.

Solo yo conozco la verdad completa
pero es borrosa
translúcida, pegajosa
como una vasija embarrada
con arcillas y limos
de las tumbas.

Rescoldos de un palo podrido
no por la desgana,
por el tiempo
donde aún hoy salen cruces
de andalucita, cruces
negras como los cuervos.

Pero el negro no es color
sino su ausencia
que se muestra
inerte y fría en la piedra
que puede venir del espacio
o del centro de la tierra.

viernes, 28 de enero de 2011

Siempre igual


Llevo escritos dos folios.
Dos empieces fracasados. Lo de empieces viene de “Los Profesionales”, lo que le decía Peribañez, el guionista, a sus amigos Adolfo y Pablo, dibujantes ambos de Selecciones Ilustradas.
Pues sí, da igual que afuera llueva, que no tenga sueño, que tenga frío, un poco de hambre y los nervios a flor de piel. Me da exactamente igual. No me sale lo que quiero. No soy el escritor que quiero ser. Yo creo que bajo mi autoestima se esconde una megalomanía tal que como no llego a mis expectativas en un eterno bucle de frustración y desencanto…
Uno pasaba en un país del trópico y otro en un bar donde iban a hacer papilla a un cretino por tener demasiada empatía. Si, le dijeron ponte en mi lugar y lo llevó a las últimas consecuencias. Una panda de moteros le cuentan como despedazaron a un tío con dos coches. Me estaba gustando hasta que he parado para algo, lo he leido y me ha parecido una mierda que no sirve ni para relleno en el pulp más barato que fabricasen en los años 40.
Al ser un amargado, soy un crítico feroz. Siempre más indulgente con el prójimo, quizás para que me sea devuelta un poco de simpatía. Otro camino fácil para la autocomplacencia.
Sigue lloviendo, el ordenador haces ruidos raros, llevo todo el día durmiendo porque creo que estoy un poco harto de vivir. Así se empieza, me digo a mi mismo, acostado, mirando fijamente la pared en la oscuridad. Así se empieza. Y después no se sabe como se va a acabar. Tras un otoño y un comienzo de año movido vivo aletargado estas últimas semanas. Ha coincidido con un amago de resfriado y con que ayer casi me mato por las escaleras. Logré salvar mi cara bonita por mis manos que me dolieron mucho, pero ahora están bien. El dolor invitado del que no fui conciente hasta después fue el de los músculos de mi barriga, porque tapados por centímetros grasos hay músculo. Pues cada vez que estornudo es el reino de las agujas finitas. Y haciendo otras cosas que se pueden imaginar. Mil dolores pequeños, como el grupo de música. Como mi cabeza, que no siente presión por nada en concreto, sino por todo en general. Por conspiraciones que no existen, por ninguneos que me invento, por odios ficticios a los que confundo con la indiferencia lógica de las personas que tienen muchas más cosas que hacer que adorarme a mí.
Muchas veces preferiría no ser conocido por nadie, pero es un mero engaño. El problema no es decepcionarles a ustedes, sino la perpetua decepción que soy para mí.
Llevo ya casi cuatro años por aquí. Ya se sabe que lo difícil es mantenerse. Pero sigo. Es una necesidad vital. O un escape para que la olla a presión no reviente.
Yo debería estar escribiendo mi novela del Antártico y no pasearme por aquí, ni por el FB, ni nada de eso, pero es que no tengo fuerzas, ni ganas de pegarme grandes hostias desde muy alto. Podría haber aprovechado para mi “gran” novela. Y solo he hecho lo que he podido. No volverme loco.
Este es el tercer folio que escribo desde las una y media. Son la tres. Y ya voy a parar, porque, total, nada bueno va a salir ya de aquí. Mañana a lo mejor doy un paso, o retrocedo tres casillas. Ahora me acostaré y soñaré, como en la siesta de hoy, que vivía en Japón, aunque también hablaban español. Y que con un billete del tren bala te regalaban una granizada y un juego. Mis sueños son mejores que mi escritura. ¡Maldita sea! De eso sólo me acuerdo yo a veces. Creo que voy a empezar a escribir con pluma estilográfica y así me retiraré del ordenador.
¿Ven? Otro engaño. Si es que como me cojo enseguida nunca me sale nada a derechas.
Bueno, estos textos autodestructivos se me dan bien, pero la verdad es que no llevan a ningún lado. Solo a darle Perico al torno.

martes, 25 de enero de 2011

No tengo arreglo...



Hay en el escritorio al menos una docena de post inconclusos.
No me gusta nada. ¿Son malos tiempos para la lírica? Y si lo fueran ¿qué? Yo me dedico a otra cosa. Bueno, no me dedico; yo hago otra cosa. Dedicarse parece que tienes que cobrar por ello. Hay gente que se dedica a no hacer nada, porque al final de mes tiene una paga. Lo mío es una mezcla entre necesidad, circunstancias y hobby. Pero no me gusta escribir cosas que acaben archivadas. No terminadas en una polvorienta carpeta de BLOG, que es donde guardo las cosas que tienen relación con este mundo verde manzana, donde casi todo es basura. He compenzado relatos y reflexiones sobre un análisis de sangre, sobre un lord inglés, sobre un criptrozoólogo, sobre un señor de una tienda de antigüedades y paso de poner más, que me voy a cansar y voy a acabar como siempre, sin publicar, son colgar, sin la droga del blogger, sin el chute de actualización.
Pasan muchas cosas en el mundo, también pasan bastantes por mi cabeza, pero a la hora de la verdad necesito una motivación extra para escribir sobre algo.
El último post salió directamente de una pregunta en el Facebook.
¿Ahora pregunto aquí?
¿De qué quieren que escriba? Si hay alguien ahí que responda.
Yo esperaré aquí sentado.
Entre mis objetos y mis estratos de polvo.
Entre mi tristeza congénita y la incomprensión que suscito.

jueves, 20 de enero de 2011

Martita be careful


A Marta Gorjon


Llovía sobre Gijón. Yo fui a Gijón una vez, pero no me acuerdo muy bien. Luego tuve un profesor de trompeta que era de allí. Era un anarquista que odiaba a las profesoras viejas del conservatorio. Viejas brujas, le decía entre dientes, con un odio bastante encostrado en su mente. Ese anarquista llamado Carlos fue quien me enseñó la embocadura de la trompeta a base de horas chupando el frío metal. 
Decía pues que llovía sobre Gijón, y Marta miraba por la ventana a ver que hacía esa tarde lluviosa. Sus gafas se reflejaban en el cristal de la ventana, que a su vez se mostraba en sus gafas nuevamente, dando lugar a una infinita imagen fractal de reflejos cada vez más pequeños. Se mordía los labios. Estaba nerviosa por algo, inquieta. Sonaba Daniel Johnston en el ordenador y de refilón vio a Casper, el fantasma amigable, que le sonreía desde una esquina del techo de la habitación. Era un ectoplasma simpático, pero no dejaba ser el fantasma de un niño cabezón. Pensó que si B.b. Raro muriese daría lugar a un hecho paranormal similar a la aparición de Casper. Pero eso es imposible porque los muñequines son eternos, inmortales. Cuando acabó la canción el fantasma desapareció. Lo que le puso más nerviosa es que no se pusiese nerviosa, y le pareciese hasta normal la aparición del espectro de un dibujo animado, invocado por Johnston desde un mp3. La vorágine da la vida moderna nos lleva a extraños comportamientos, como no asustarnos de cosas que deberían hacer que te cagaras del miedo. Intentó tranquilizarse, pensando, como ya lo hiciera el viejo Ebenezer Scrooge, de que lo que había visto era producto de una patata mal digerida. Pero el caso es que no había comido en todo el día. Seguía diluviando en la calles y su casa le parecía extraña. No solo por la aparición paranormal, aún antes algo le rondaba en la cabeza. Dio vueltas por la habitación intentando hacer algo que la calmara. En una estantería vio Ghost World en excelente edición bicolor. Negro, azul y blanco. Quizá meterse en la mente de Enid Coleslow de nuevo aplacara sus nervios. Vio el mundo en plano, blanco y negro, con tonalidades azulinas, pero no encontró a Rebecca, solo a los sospechosos de satanistas. Se acercó un personaje que no aparecía en el cómic. Era un tipo gordo, torpe, con las pupilas levemente asimétricas y con un traje de prusiano. Se sentó enfrente de Enid. Está miraba extrañada al sujeto que le hablaba como si la conociese de toda la vida. Yo no suelo vestir así normalmente. Solo que estamos representando una obra sobre la vida de Otto von Bismark. A Enid, o sea, a Marta, le vino a la cabeza esas raras adaptaciones que hacía el chaval de la boina roja, Max Fischer, de la peli Rushmore. ¿Quién podía montar una obra de teatro tan absurda? –pensaba, y no le faltaba razón-. Pasó varias páginas del tebeo y se vio de repente en una escena conocida. Ya no quería leer más. Deseaba salir, pero algo le hacía quedarse en la habitación, mirando las luces de la ciudad difuminadas por el agua que caía abundantemente sobre el orbe. Cogió la cámara de fotos y empezó a disparar contra esas farolas naranjas envueltas en bruma. Se hizo un par de autorretratos en el espejo del baño. Martita era morena y llevaba gafas. Como todas las chicas no despampanantes, no encontraba, a veces, su evidente atractivo.
¿Por qué estaba esa tarde tan rara? ¿qué era rara, la tarde o ella? Ambas posiblemente. Dormitó en el sofá mientras ojeaba flyers y cosas así. Hoy había algo programado, pero no se conseguía acordar. No venían en las octavillas de actos y conciertos. No recordaba el despertar del día de hoy, solo que no había comido.
Cuando estaba a punto de quedarse traspuesta del todo sonó el timbre de la puerta. Acercó las lentes a la mirilla y una mole estaba fuera, empapada. Cuando abrió la puerta vio a un hombre gordo, barbudo y que le recordaba al que había salido en el tebeo de antes. Tenía pelo medio largo que ya clareaba, una camisa totalmente mojada y unos pantalones anchos con salpicaduras de barro.
En un vuelco recordó como iba a ir la cosa. No es que lo hubiese vivido antes, los dejadus no pasan de verdad. Era que se le hacía presente el porqué del nerviosismo, esa rara sensación, porque las cosas no iban a ser normales ese día. Esa tarde, mientras el cielo se desplomaba sobre Gijón, había quedado con un señor que había conocido a través del tumblr, y posteriormente por facebook. Había accedido a verlo en persona porque lo consideraba una persona herida y digna de compasión, un ser inofensivo. En realidad ella hubiera estado mejor con sus amigas en un pub. Pero las cosas son así. El mazacote de carnes entró y enseguida dijo: aquí han pasado cosas raras esta tarde. Así que: Martita be careful.
Marta rió por no hacer otra cosa, y le dijo a Mameluco que se sentase. 

lunes, 17 de enero de 2011

Los premios


premio.
(Del lat. praemīum).
1. m. Recompensa, galardón o remuneración que se da por algún mérito o servicio.
2. m. Vuelta, demasía, cantidad que se añade al precio o valor por vía de compensación o de incentivo.
3. m. Aumento de valor dado a algunas monedas o por el curso del cambio internacional.
4. m. Cada uno de los lotes sorteados en la lotería nacional.
5. m. Recompensa que se otorga en rifas, sorteos o concursos.

Bueno, amigos, ya he recibido noticias de que han llegado algunos de los haikus que mandé como premio. No sé si los libros habrán llegado a su destino.
Lo que quiero poner a continuación son fotos de cómo fue confeccionado, que en realidad, y es mi opinión como autor y ayudante de tipógrafo, como está hecho mejora al contenido.
Realizado durante la semana pasada en la Imprenta TipográficaLa Gutenberg de Castro del Río por mi padre con la poca ayuda que puede ofrecer un servidor.
Se hizo en cartulina blanca a tres colores, verde manzana, marrón y rojo, que significa 12 tiradas en las máquinas y la confección de 5 moldes diferentes.

Solamente quiero añadir que quien lo haya recibido se haga una foto con él, por favor, para colgarla aquí. Si salen ellos en vez de sus mascotas mejor…

La orla de laureles se hace con piezas y se imprime en verde manzana...
Orlas laureadas
Molde de la parte de la portada que irá en marrón.
Resultado de la impresión
Calibrando en la máquina la presión de los tipos sobre el papel.
Dándole tinta a la "máquina chica" o Boston
Molde de los haikus. Como podemos observar se deja espacio
entre verso y verso para poner un adorno floral...
... que es justamente este y ...

... se imprime en rojo en la Minerva

Cama de la máquina chica, donde quedan constancia de todo lo impreso en el color marrón.

viernes, 7 de enero de 2011

I Concurso de haikus del blog de Mameluco - Ganadores


Como supondrán es bastante difícil de elegir a los ganadores, entre otras cosas porque esta vez no hay sorteos que valgan y todo se supone que depende de la calidad de los hauku. He intentado ser lo más imparcial posible, repito, intentar serlo. Otra cosa es que lo haya conseguido.

A continuación los ganadores de la Antología Poética, con el poema que me ha gustado más de cada uno.

Balaguera

El amor duele,
de múltiples maneras.
Si lo sabré yo.

Clares

¿Quién ha pintado
violeta entre el verdor?
Ah, moricandias.

Ahora los ganadores de la Impresión de los haikus de mi cosecha, hecho artesanalmente en la imprenta de mis ancestros.

Angel Serrano Mateos

Espectros
todas las noches.
¿Añadir a mis amigos?

La Gata Chundarata

en la red
se dicen cosas
que en la vida callan

El Hombre Invisible

rayos, truenos
y redes invisibles,
no estás solo.

Polvorónconpicardías

Pestañas muertas
caen sobre tu estado,
cierran tu muro.


Diego Luis Urbano Mármol

Frágil piel
Corazón agitado y abrasado
tortilla hecha


Ha habido un total de 16 paticipantes, con 74 haikus, lo cual hace que no esté mal y que esté muy contento y agradecido con todos ustedes.

Accésits de egocentrismo a:

Ster

Mameluco mío,
¡cuántas horas de insomnio
compartido!

Y a:

Antispop

Muerte girando
hacen de la compañía
el desencanto

Espero haber sido más o menos justo. Si no ha ocurrido así, ruego me disculpen.
Por favor, mandar datos personales a mamelukoblog@gmail.com
Gracias de nuevo.

Como colofón uno propio

 Oh, concursantes
eléctrico palpitar
eterna gratitud

miércoles, 5 de enero de 2011

El zangolotino


- Hola señor, me ha dicho mi jefe que le trajera esta carta, porque él está con gota y no se puede mover del sillón.

Un chaval canijo, esmirriao, en pantalones cortos, con orejas de soplillo, dientes de roedor y un ojo vago le explicaba esto al Subinspector de Hacienda González. El funcionario miraba para el techo para no mirar el ojo a la virulé del mozalbete, pero por más que lo intentaba no podía. Debajo de un mechón puntiagudo en forma de matojo y una frente con menos de dos dedos estaba el ojo. Dichoso ojo.

- Pero niño, ¿a ti quién te envía? –resopló Gonzalez acercando las manos al brasero-.
- Mi jefe, señor, tiene gota. Le han dicho que es de comer mucho dulce de membrillo.

Entre el ojo, lo tonto que era el chiquillo y las décimas de fiebre que tenía, a González, que ya era de natural huraño e irascible, se le estaba poniendo la cabeza como una olla express. La corbata le oprimía el cuello y le desbordaba la papada, que le picaba y le sudaba. Tenía el bigote húmedo por esos mocos líquidos que se tienen en algunos estadíos del resfriado. Además ese día se había enterado que su hija, la mayor, se veía a escondidas con el botones de un notario, sujeto que al parecer era de ralea innoble y picaflor de fama reconocida en toda la ciudad.

-¿Y quién es tu jefe, niño? Sonó tal cual el gruñido de un cerdo en el matadero.
- Mi jefe es Don Ramón, señor. ¿Conoce a Don Alfredo, el de la farmacia de la placita esa que tiene una fuente con una figura y unos chorritos? ¿Si? Pues su cuñado.

González era de Quintanilla de Onésimo, apenas tenía vida social y no conocía a la gente de la ciudad. Esos asuntos los dejaba para su mujer y su pasante. Ese pasante desgraciado –pensaba para sí- que me ha pegado este resfriado; y encima se ha quedado en su casa ¡a la sopa boba! Y no me ha evitado tener que tratar con semejante rufián. Y yo aquí, aguantando al elemento éste, que es de pronóstico reservado, futuro pretendiente de mi hija, la pequeña… ¿pero por qué serán tan estúpidos? Míralo ahí, con los jarapillos por fuera y esa cara de cretino echado en aguardiente. Y esos pantalones…¡si ya tiene pelos como cerdas en las piernas! Que cosa más desagradable.

- Nombre del sujeto y dirección, por favor. Documento Nacional de Identidad también, si eres tan amable, niño. Risa nerviosa.
- Yo me llamo Cipriano Cebrián Cedilla y vivo en la Calle del Agua, nº 4. Carezco de eso que dice, aunque tengo el graduado escolar.

Por la rendija de la ventana del despacho entraba un hilo de frío muy fino que le daba directamente en la nariz multiplicando el efecto aturdidor del cenutrio. Gónzalez creía que había conocido a imbéciles de todo tipo, pero el zangolotino que tenía delante de sus ojos se llevaba la palma. La mirada expectante (y a la virulé) del muchacho le ponía aún más nervioso. ¿Qué espera que haga yo?

- Dame la carta de una vez, chaval, que nos van a dar las uvas.
- A eso he venido, señor. Para darle esta carta. Es de mi jefe, tiene gota, ¿sabe usted? Y me ha pedido que se la trajera porque él está en el sillón. La carne membrillo dice el médico que ha sido…
- Dame la carta y déjame leerla con tranquilidad. Y por favor, espera fuera, anda. Por si hay respuesta.
- A mí no me ha dicho nada de una respuesta, señor. Me está usted entreteniendo mucho y después tengo que ir a la tienda de encurtidos a comprar unas aceitunas para la señora.

Si le hubiesen conectado a González  un cacharro de esos que miden la tensión arterial el mercurio hubiese manado como la lava de un volcán estromboliano. Las débiles venas azules que recorrían su cuerpo seboso y fofo bombeaban el vital líquido de forma que todo él latía como un corazón hecho de nata de confitería.

-¡Qué dicho que te esperes, niño! Casi estalla, pero no quería dar demasiado espectáculo por un renacuajo así. Él que se había batido con Valle Inclán y con un marqués en sus días de universidad.
- Vaya genio se gasta el señorito… bueno, espero, pero dese prisa que ya le he dicho que tengo que ir a los encurtidos, al panadero y después a ver a una moza que da clase en las Carmelitas, que la estoy pretendiendo.

El zancudo de piernas peludas salió del despacho y González le oyó silbar y dar palmadas a la mesita de los periódicos. ¡Las Carmelitas! ¡Donde iba su hija, la pequeña! Si es que González – pensaba-, piensa mal y acertarás. A ver lo que quiere este señor y me deshago ya del felón de marras. Abrió la carta con cierto asco, como si en vez de letras fueran a salir sanguijuelas y al fin descubrió quien era el tal Don Ramón. En una cuartilla con membrete elegantemente compuesto ponía Don Ramón Jiménez de Girón, abogado. ¡Recórcholis, si es Girón! Girón era su pareja de mus cuando se juntaban en la casa del alcalde. Le caía bien el tal Girón, porque era callado, atento a las jugadas y no reía como un payaso cuando el Deán de la catedral contaba un chiste verde. Además tenían unos negocios juntos en ultramar. En una escueta nota le decía:

Querido González:
No sé si le habrá dicho el muchacho que acompaña a esta nota mi situación. La cuestión es que voy a cerrar el bufete y el pobre se queda sin trabajo. Si fuera posible que le encuentre un puesto en Hacienda le estaría eternamente agradecido. Su madre fue la tata de mis hijas y lo tengo en alta consideración y estima.
Confío en usted,
Jiménez de Girón.

A González le dio por reír. Sus carcajadas se oían en la subsecretaría y en el piso superior del Catastro. Nervioso, temblando y acalorado, pero riendo aún, se puso el abrigo, cogió algunos papeles y el sombrero, que se caló hasta las cejas. Empuñó en paraguas como un florete y abrió con violencia premeditada la puerta de su despacho. Eran las 11 de la mañana, pero la anodina vida de un Subinspector de Hacienda no estaba hecha para estos desafíos matinales.

El mozo esperaba espectante, con cara de pez el desenlace de la lectura de la carta. Eso de la respuesta.

González salió disparada y el chaval le siguió.

- ¿Entonces que le digo al jefe, señor?

El funcionario paró en seco, volvió la cabeza y contento con la sonrisa más forzada que pudo salirle.


- Que me cago en los muertos del faraón. Muy buenas tardes.

Cuando salió a la calle había un aire frío que le templó como a una espada cuando la meten en el barril de agua. Esa templanza, que le había hecho famoso iba volviendo poco a poco a su ser, camino de casa, zigzagueando entre la gente que hoy se le antojaba quizás más perspicaz que otros días.

viernes, 31 de diciembre de 2010

I Concurso de haikus del blog de Mameluco

Hace tiempo que hice un concurso de poesía para regalar dos libritos de una antología poética de poetas de mi pueblo en la que participé. Los ganadores fueron: Sugus y @LF, o sea Mireia Valencia y Alfonso Navajas, que lucen el libro tal que así:

La Sugus, loca de contenta.

Entrega de premios en Cá David a Alfonso. Ventajas de ser paisanos.
 Pero ahí no quedó todo, y como en todo lotería, cayeron algunas pedreas:

Siddartha, el gato de la Gata Chundarata (Mónica Lorente)
Tona Pou pilló hasta disco de regalo...
Ana Boyero a.k.a. Arándanos a.k.a. Raza Becaria con un ejemplar.
Se pone seriota porque la poesía impone mazo.
Algunos lo tienen, pero no tengo fotos... cuando las tenga las subiré

Pues bien, reclamado por mi público minino organizo el


 Pues bien, para quien no lo sepa los haikus son, según la Wiki:

El haiku (), derivado del haikai, consiste en un poema breve de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Es una de las formas de poesía tradicional japonesa más extendidas. Su temática está relacionada con la naturaleza.

Ejemplo:
mai nagara
uzu ni suwaruru
konoha kana

舞ひながら
 渦に吸はるる
 木葉かな
danzan y bailan
y el torbellino absorbe
esa hojarasca

El poema es de Masaoka Shiki

La temática en este caso es libre, aunque si me gustaría que nuestro medio común de comunicación, Internet, saliese en algunos de los que se vean, pues son libres de escribir cuantos quieran. El número de sílabas, aplicable al japonés, puede variar un poco en español, idioma en el que se celebrará el concurso, cuyos premios serán: 2 libros de la Antología Poética donde interviene servidor, y 5 impresiones tipográficas hechas artesanalmente de haikus míos que tengo escritos desde hace tiempo. O sea habrá siete ganadores, lo que significa que tendrán bastantes posibilidades de llevarse algo. Los ganadores que ya tengan el libro, obtendrán en su lugar la impresión tipográfica.
El plazo es desde ahora mismo, hasta el día de Reyes (día 6) a las 12 de la noche.
Anímense… no tienen nada que perder.


jueves, 30 de diciembre de 2010

Superficial-Somero-Profundo


Provengo de una larga saga de escépticos. Una larga lista de nombres inventados y reales que miramos el mundo algunas veces de una manera tan aséptica, que parecería que hay algo inhumano en nosotros. Sin embargo, es un papel, un rol, un posicionamiento artificial para ver lo natural. La profundidad del carácter es un hecho evidente. Como hombre de ciencia, y geólogo de carrera, sé las distintas profundidades del mar, desde la orilla del mar, donde los domingueros se untan cremas para protegerse del sol y gritan a sus crías que chapotean en el agua, hasta las fosas abisales, donde la luz nunca llegará y viven bichos muy feos, con focos que les nacen de la frente, y según algunos habita el mítico Kraken, ser medio inventado, medio real, que no deja de ser un calamar muy gordo, en el más realista de los casos. Y hago analogías. Porque soy así. Así de enrevesado (profundo).
Esa gama de profundidades es aplicable a la conducta humana, pero no es tan fácil como parece. Todo esto ha surgido por una frase hater de Marta Gorjón en Facebook, para que después digan que las redes sociales no hacen pensar a la gente. Bueno, a mí es que me hace pensar una mosca que pase o un ruido en la calle, pero bueno.
Las personas superficiales son transparentes en el microscopio del observador avezado. La sosería y la simpleza son notas dominantes en estos seres que se mueve por el mundo cambian parcelas de libertad (como comentaba hoy con Mazes) por comodidades del mundo capitalista. Bueno, dirán, eso todos lo hacemos. Si, pero en ese tanto por ciento está la perspectiva. Nadie es blanco o negro. Hay perros verdes.
Ser profundo, aparte de asemejarte al gran Cthulhu que mueres soñando en recónditas ciudades del Pacífico Sur, es ser bastante autoconsciente de uno mismo. Bajo las lupas de los expertos, aparecen como una amalgama de referencias, de gustos estrambóticos o de enfermedad mental. Estoy, claro, hablando de extremos. Me pongo de individuo problema. Soy profundo sin pretenderlo. Es decir, soy espeso, inteligente según para qué y tengo buen gusto eligiendo libros. Pero eso no da la felicidad. Ahondar en los abismos, remover el fango primordial del que hemos salido no es nada sano, porque entonces caes en la cuenta que no te gustas. Bueno, ese es mi caso. Habrá personas muy profundas bastante equilibradas, pero su ego debe ser comparable al tamaño de una luna de Saturno.
Entre una cosa y otra elijo –elegiría más bien- el ser de plataforma, somero, neptúnico, que nada libremente entre la orilla del mar y el talud que conduce a las enormes a las enormes llanuras marinas. Allí se da cuenta que existe el bullicio en superficie, y puede lidiar con ello. También sabe que pasado el talud extraños seres con raros gustos y pintas desaliñadas se mueven con sus egos por barrancos insondables, y algunas veces se acercan, siendo consciente de que profundizar puede herir, y optan por la felicidad antes del autoescrutinio. Tienen suerte, eligen.
¿Está entonces en el término medio aristotélico la virtud? Y una mierda, griego cazurro amigo de Santo Tomás. Los someros son personas nacidas así, predeterminadas y predispuestas a la normalidad. Son así por que ocupan ese nicho ecológico de la mente humana. Ni siquiera lo eligieron. Es azar puro y duro en el entramado de personalidades y conductas.
Los superficiales, que viven en la tierra del colorín, del centro comercial y del multicine, de la Revista Pronto y en un mundo que tiene a Letizia Ortiz como referente, son felices en la ignorancia del lejano crevasse que lleva al viaje alucinante al interior de la mente. Pero desconfíen, de esa llamada basura blanca es de donde salen los psicópatas y los tipos listos, que poseen en sus cabezas una profundidad de miras que llega hasta el mismo centro de la Tierra.
Entonces es que existen vasos comunicantes, o simplemente es tremendamente difícil ahondar en la mente de la gente. Pero esos canales de señal entre unos y otros existen, porque la evolución existe. El profundo descubre el amor y pasa a somero, y el superficial cae en depresión –antes decía que esas cosas no existían- y nos lo encontramos sumergido entre las placas tectónicas, buscando demonios, aniquilando recuerdos y quemando las naves.
Yo que sé. Es muy complicado, como todo, si nos adentramos en profundidades. Si nos quedamos en la superficie, mañana es Nochevieja, y te tienes que poner unos calzoncillos rojos y pillar un follón como un órgano de catedral barroca. ¿Pero saben una cosa? Yo me niego. No es por esnobismo, por dar la nota o ser guays. Simplemente mi salud mental no lo resistiría. Y mi ego es más importante que una mierda de uvas, acabáramos.

 
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