martes, 10 de julio de 2007


Contrareloj.

Este escrito está cronometrado, porque no quiero invertir más de diez minutos en hacerlo, ¿ok? No sé de que hablar. Son la 1:35 de la noche y hace calor. La noche y el calor siempre me recuerdan a esas pelis del sur de los USA, donde hay un negro tocando la armónica, o un blanco en la cama de una cárcel. Si, es el calor de la noche y Sydney Poitier le pega a un caballero del sur una galleta como el que no quiere la cosa. La noche está avanzando, el tiempo pasa. Corregiré las faltas y las comas más tarde, pero esto es un ejercicio de escritura rápida de todas formas. Me pregunto si dormiré hoy. Tengo insomnio. Ha vuelto tras meses sin aparecer. Todo en mi vida es cíclico, perece ser, pero solo los sufrimientos. Cuando era feliz no, eso no vuelve demasiado a menudo. También los momentos son diferentes. Son la 1:39 y sigue pasando el reloj. Los segundos pasan como las gotas de sudor por mi barriga. Va recorriendo un camino llenos de escalofríos hasta que se diluye. Que cosas más asquerosas se me ocurren por tener el tiempo en el culo… Quiero escribir una novela, ¿saben? Me tacharán de pretencioso, pero quiero que sea buena. Pero como siempre dice en mi cartas de presentación de los sitios donde me cuelgo (no de drogarme, jejeje, sino de la internet), soy un artista multidisciplinar que piensa más que hace… Y si, es verdad, no se vayan a pensar que les miento. No soy embustero, puedo ser exagerado, un poco maniqueo, pero poco más. Los segundos caen en el saco de las ocasiones perdidas. Faltan dos minutos. Parece mentira la cantidad de chorradas que se pueden escribir en 10 minutos. Pero bueno, todo sea por hacer el dichoso ejercicio, que quiero que sepan esta pensado dentro del tiempo establecido por la organización. Esta frase me recuerda mucho a mi compañero de piso Fran, que dudo que esté escuchando.

lunes, 9 de julio de 2007


Ricardito Peláez se levantó una mañana más a eso de las diez. El sol brillaba ya por lo alto de los edificios. Como de costumbre se afeitó, se aseó, se hizo el lavado del gato, se puso un batín, costroso y encarnado, y se dispuso a desayunar. Con el pan duro de la cena de anoche se hizo un par de tostadas, duras y resecas, muy quemadas, a las que puso sobrasada ligeramente pasada de fecha. En las noticias de la radio constitución europea hasta en la sopa. Como ya se había acabado el café que preparó hace ya tres días, encendió la hornilla y puso la cafetera, que era para ocho personas, en la lumbre. Es curioso que tuviera una cafetera tan grande, pues a su minúsculo apartamento no iba nunca nadie desde que Frasquito murió hacía ya algunos meses. Cuando se dispuso a beber el líquido, aguado y con tonalidades pardas que había perpetrado, algo extraño pasó y es que por primera vez en su vida encontró bueno el café que había preparado. No le dio demasiada importancia. Pero cuando acabó la tercera taza…

- Ricardo, Ricardo…-escuchó perplejo desde el fondo de la tacita.-

- ¿Quién hay ahí? ¿Quién me llama a estas horas de la mañana? Preguntó mientras miraba detrás de las cortinas y en los cajones. Se sentía muy asustado y realmente tonto.

No comprendía lo que sucedía a su alrededor.

- Aquí, hijo mío, en la taza.

Ricardo miró dentro de la taza y solo vio los posos del café cristalizados por el azúcar. Pero, ¡un momento!, si te fijabas bien, se perfilaba una cara, que cada vez se hacía más nítida. Unos ojos inquisitivos y vivos empezaban a perfilarse, una boca, una gran nariz y una barba larga y tupida. Y además esos ojos lo miraban fijamente.

- Ricardo, yo soy tu padre.

Nuestro asombrado amigo creyó ser como Luke Skywalker por un segundo.

- Ho..Hola papá…

Su padre vivía en Burgo de Osma, era gordo, calvo, gafas de culo de botella y tenía una voz tan chillona que parecía que estaban matando un cerdo cuando hablaba. Nada que ver con la bonita voz como de Constantino Romero que se gastaba el que le había saludado.

- No, Ricardo, no soy tu padre, ese pecador, yo soy tu padre celestial, soy Jesús.

- ¿Cómo que Jesús? mi padre se llama Marciano.

Es una escena realmente ridícula, se dijo Ricardo para sus adentros, estaba en pijama, hablando con una taza que decía que era su padre y con Luis del Olmo como fondo parloteando sobre la constitución europea de las narices.

- Ya te he dicho que no soy tu padre carnal, Ricardo, que soy la luz que ilumina el mundo, el cordero de Dios, el que salvó al endemoniado de Cafarnaum…

- No me entero… ¿entonces donde está mi padre?

- Tu padre de verdad está en Soria, yo soy Jesucristo, hijo encarnado de Dios Padre, uno y trino.

- ¡Ah! Que lo de padre era una metáfora o algo.

No sabemos lo que la omnisciente mente de Jesús pensó en ese momento. Ricardo sospechaba que el anisete que se bebió anoche viendo a la Paula Vázquez en Antena Tres le estaba jugando una mala pasada.

- Hijo, ¿tú eres tonto? Escúchame bien.

- ¿Qué? Te oigo.

- El Apocalipsis descrito por Juan se acerca, y aquellos que en mi nombre hicieron canalladas de todo tipo merecen que el hombre, y después Dios, los castiguemos por el mal que han hecho en el mundo. Tú te ocuparás de lo terrenal y yo en el Día del Juicio Final los condenaré a la vida eterna en las calderas de Pedro Botero.

- Pero, ¿a que te refieres? ¿A los testigos de Jehová o a los moros?

Ricardo miraba con cara de idiota al interior de la taza e intentaba saber.

- No, me refiero a los que basaron su imperio maligno sobre mis enseñanzas. Aquellos que usurparon mi nombre en vano.

- ¡Ah, ya! Los austrohúngaros y esa gente, ¿no?

- ¿Pero que dices, insensato?

- Los del imperio ese, los austrohúngaros. Eran muy malos, ¿no? Hitler y Mussolini y el chino aquel del Japón, que también era del Imperio del Sol Durmiente ese.

- No, eso no tiene nada que ver, me estoy refiriendo a la Iglesia, al Vaticano, a los sacerdotes, a los obispos, ¡al Papa!

- ¡Ah! Bueno, haber empezado por ahí.

¿Y yo, tengo qué hacer algo?

CONTINUARÁ

Pequeña bagatela que escribí hace unos 3 años.

sábado, 7 de julio de 2007


El viejo reía y roía una mazorca de maíz con sus escasos dientes. Contemplaba por la ventana como el tiempo volvía a cambiar. El campo era como una manta antigua, hecha a cuadros de distintos colores, y los humos de fuegos en los linderos se elevaban tristes, sin contrastar con el gris plomizo de un cielo que a lo mejor presagiaba lluvias. El nieto jugaba en el suelo con huesos de borrico. Los niños llamaban a los huesos mulitas, porque tenían cuatro patas y se quedaban de pie. Lo que antes disfrutó el buitre y el gusano, ahora lo disfrutaba el pequeño con su rancho óseo. La luz exterior era blanca como la nieve, y luchaba con el pálido resplandor amarillo de la lámpara de parafina.

El olor a madera húmeda era tosido por el hijo, que en el calor del hogar asaba unas patatas. El otoño avanzaba, y el viejo lo veía y lo reía. Había sobrevivido un verano más. Según cuentan, en el verano, la muerte baja de la montaña en busca de clientes para el infierno. Las cotillas en los corrillos comentan además que quien muere en Agosto, cerca del día de San Lorenzo, es porque va a ir al infierno. Los que mueren de resfriados en Diciembre van al cielo. Bueno, depende. Depende de lo bueno que hayas sido. El viejo confiaba en morir en primavera, cuando paren los animales, y así no echarían tanto de menos su cuerpo estropeado ya por el uso. El nieto seguía con sus juegos. En el fragor de la batalla de vértebras, el conde Aldonzo se proclama vencedor. Los buenos han ganado, como suele pasar en los enfrentamientos infantiles. El universo equilibra así la balanza, pensaba el hijo y padre a la vez, mirando al zagal con ojos de sueño. Dios deja a los buenos ganar en los juegos, porque en la vida no suele pasar. ¡Vaya justicia es esa! El viejo había pensado ya mucho en eso. La justicia no existe en el reino de los hombres. Dios no tenía nada que ver, pues para eso existía el libre albedrío que decía mosén. Los hombres son libres para hacer el mal, pero han de pagar cuando viene la parca. Su hijo no creía en nada de eso. Había que ser bueno por algo llamado hermandad. En las reuniones del partido así lo decían. Todos iguales. No entendía muy bien eso de todos iguales. Había altos y bajos, ricos y pobres, mansos y fieras. Todos éramos diferentes. Parece que lo querían decir es que nadie era más que nadie. Eso si. El joven campesino si que creía en eso. El viejo discutía a menudo por esos asuntos con su hijo, pero el hijo, que poseía una imaginación humilde, pero colorida, daba a pensar al viejo con días de septiembre en el arroyo, mientras los ricos segaban la mies en las eras. El viejo reía con el nieto. El nieto reía porque el abuelo abría tanto la boca que veía los huecos, en donde antes había dientes y muelas. El joven reía pensando que algún día eso sería cierto.

Pronto llegaría el otoño y habría que sembrar la tierra de nuevo. Y secar las hojas y sacar las patatas. El niño jugaba y el viejo, mirando por la ventana seguía riendo, confiando en ver nacer de nuevo a los terneros.

viernes, 6 de julio de 2007


Hace ya años escribí, parafraseando a la peli “La soledad del corredor de fondo”, “La soledad del escritor de blogs”. Era una época en la que nadie me leía, la verdad. Estaba atravesando una depresión mezclada con crisis de ansiedad y autoestima por el lodo de un inframundo frío y húmedo. Y nadie me leía. O poca gente. Ahora, que me recupero de mis enfermedades, sigo teniendo la autoestima en horas bajas. Hoy no he dormido casi nada. Me han encerrado en mi pequeño piso con llave durante una hora y la ansiedad ha vuelto a mí. Los pequeños detonantes. Son reverberaciones de un pasado no muy remoto. Me asusto muy volver a las andadas, sobre todo ahora que quiero empezar a estudiar de nuevo. Y entre las antiguas neuras la de que todo es inútil, la idea primordial de que estoy solo y siempre lo estaré. Por favor, discúlpenme mis lectores escasos. Mi gratitud es infinita hacía ellos. Como saben quienes son cada cual obviaré nombres. Me aguantan y me animan. Pero a veces no es suficiente. No lo es. Ustedes lo saben, yo lo sé. Hay determinados días que es mejor no empezar. Empecé este blog con la intención de obligarme a escribir. Al principio fue así, después he ido bajando el ritmo, pero siempre he mantenido la ilusión en hacerlo lo mejor posible. Pero cuando esto entra en conflicto con el estado de bienestar de uno mismo, no sé lo que pensar. Leo lo que he escrito hace unos meses y no me disgusta. Leo lo que escribí el otro día y ya no estoy tan conforme. Durante toda mi vida he mantenido una lucha entre mi obra y yo. La conclusión es que he ido dejando todo por considerarme mediocre. Y no es esto una forma de que ustedes me adulen, como piensan algunas amigas malpensadas que empiezan por L. Es una cura de humildad, de honestidad, es una automortificación que debo hacer o si no reviento, es una cuestión egoísta, egocéntrica. Dejé de dibujar porque sufría mucho. Escribiendo sufro, pero la fuerza y los resultados me gustan más. Menos en días como estos, en lo que veo todo como un amasijo de desperdicios y plagios asquerosos. Menos con las personas que me caen en gracia, suelo ser incluso más duros con los otros y sus ponzoñosos escritos. Mi intención no es ser cruel, y reprimo pasarme por esos blogs de Dios, pero internamente no me soporto algunos días. Pienso cosas tan crueles que solo me falta decir cual Bruja Avería: ¡Pero que malo, pero que malo soy!

Y lo diría en las dos acepciones aplicables a mí, desde luego. Más malo que un dolor escribiendo y malo, porque las maldades que se me ocurren no deben ser buenas. Como casi todo en mí, es un ejercicio puramente mental. Mi problema, creo, es que he leído demasiado. Y soy pues muy exigente con lo que leo. La gente no lee demasiado y se lanzan a la escritura. Y esto no es una cosa mala. A mí me pasaba lo mismo con la poesía. Y es cuando empecé a leer poesía, cuando mis ripios me parecieron infernales. Me pesan mucho mis lecturas y pienso, si este tío escribe así ¿Por qué sigo mancillando el negro sobre blanco? Después me doy cuenta de que no puedo evitar escribir mis chorradas, y no hace falta que se respondan preguntas retóricas.

Ustedes comprenderán porque no me soporto demasiado bien a mi mismo. No solo porque me fije en modelos demasiados buenos para mí, sino porque pienso que ese es el único camino posible. Y como digo siempre, menos mal que me queda el humor, sino este mundo sería el valle de lágrimas que es, pero encima con nocturnidad y alevosía.

Tras este ejercicio de ombliguismo, y si han llegado hasta aquí les libero de mis asuntos.

Gracias por leerme.

martes, 3 de julio de 2007




No se bien como empezar. Ayer, cuando acabé de escribir el capítulo del hombre cursi que tienen abajo sentí que me secaba. La imaginación es menos densa que el aire y se elevó hacía el techo. Ahora se ha filtrado por los poros de los piso y debe andar por la estratosfera, junto con la basura espacial y los últimos átomos de oxígeno respirable.

La cabeza la tengo hueca ahora, de ideas y de ímpetus. Y no se bien que escribir.

Hoy he visto un concurso de novela corta. Me gustaría escribir algo. Tengo casi dos meses y medio, pero no se que abordar. De 100 a 150 A-4. ¿Cómo llenar tanto manteniendo el interés? Puedo ser morboso, pero no me cogerían la novela, solo la leerían los jurados, ávidos, en la soledad de las estancias más recónditas de sus viviendas. O sea, en sus despachos modernos, el quiero y no puedo de no ser aristócrata y tener una biblioteca propia donde tomar brandys. A mi me gusta estar rodeado de libros con mi bata de andar por casa (no tengo ni atuendo de marqués ni biblioteca), pero si muchos libros y ganas de imaginar. Pero se me ha atrofiado la imaginación. La cabeza embotada que se dice. No puedo concentrarme. Creo que es porque estoy empezando a estudiar y mi cuerpo se niega. Se niega mucho. Mejor no leer que estudiar, Miguel, me dicen mis células, clamando por el descanso veraniego. Leo Conan el cimmerio. Leer Conan es muy entretenido, no sabía que lo fuera tanto. Creo que me pongo a imaginar tanto los templos y los sacrílegos dioses que Howard me roba mi imaginación desde la tumba. A él se le escapa por el agujero de bala del calibre 38 que tiene en la cabeza.

Poco más puedo decir. Solo que no tengo apenas capacidad y que me muero del sueño.

Son las 2 menos cuarto del 3 de julio de 2007 y nada me hace infeliz en este momento. Incluso no tener imaginación. Pero quiero que vuelva pronto. Imaginar cosas es mi actividad preferida. Si no la vida esta tan fea me consumirá sin remedio. Sin el tamiz del proceso inventivo las cosas pueden ser desagradables.


Amaneció tarde ese día.
El sol no podía atravesar la densa capa de nubarrones negros.
Las calles permanecían tristes, mojadas, bajo el aliento frío del viento solano. Un mendigo amaneció muerto. Nadie relacionó el hecho de que ese mendigo era el que rebuscaba las migajas de la sociedad al lado del bufete de Herederos de Ernesto Rinconete. Nadie se fija nunca en los locos que viven en las calles. Bueno se fijan cuando escupen, o se cagan por las aceras. ¡Bendito Diógenes! En la caja de madera donde el pordiosero vivía solo encontraron podredumbre y un cuaderno escrito. Si no llega a ser por el joven Quintanillas, que era más avispado y curioso que el resto de sus compañeros, no se hubiesen descubierto los escritos del hombre arrecido. El hombre helado es el que había reído del traspiés del hombre cursi.

Pellicer apareció en la oficina, dentro de un abrigo tan roñoso que se hubiese confundido con el mendigo muerto, arrecido y helado. Su cara, preámbulo de la más segura de las muertes, tampoco ayudada. Quintanillas le entregó la libretita. En contra de lo que se podía pensar el escrito era limpio, ordenado y con una caligrafía gótica al estilo de la que enseñan en los colegios alemanes. Pertenecía al diario del mendigo llamado Mathias Habermas Rodríguez, veterano del 14, maestro de escuela y escritor amateur, según decía la historiada portada del cuaderno.

Pellicer no tenía tiempo ni ganas de leer, la verdad, y se fue directamente al día de los hechos.

..-Noviembre-19..

“Un paisano civil pasó por mi casa esta mañana. Era un cursi, un cursi redicho y empalagoso como un bocadillo de azúcar relleno de mierda… me he reído de él porque me tenia miedo, jajajajajaja y me sigo riendo ahora, si no fuera porque está más muerto que la fría losa de una iglesia. Las losas leí una vez eran de calizas. Las calizas son bichos muertos y ahora son frías, o sea, que están muertas en las iglesias. Me río de las iglesias. Están muertas como sus losas, como su Dios, como el hombre cursi...

…un gitano me escupió. Los zíngaros son cerdos. Después vi un resplandor en la ventana y un hombre que volaba. Ya lo había visto antes. Olía a azufre. En la guerra vi a ese tipo saboteándome. Me acechaba por las noches. Me decía cosas al oído. Me tentó y por eso me escapé. Por él estuve preso 3 años. Yo lo conocía pero no lo llamé. En Alemania lo llamaban Dämon, y aquí se llama el Diablo. Sabe hablar en lenguas. Yo lo conocía pero no le llamé. Estaba en una ventana y se reía. Después se fue.

Yo me dormí después porque un compañero consiguió chinchón. Me gustan lo licores…

Algún día cuando lea esto, inspector Pellicer, sabrá que a usted le costó un día de hospital, pero a mí me gusta mucho beberlo. Supongo que ya estaré muerto si lee esto. Jajajaja. La muerte le ronda, amigo mío. Primero el cursi de mierda, su amigo el bujarrón, ahora yo. Aún quedan más muertecitos por llegar…

Alguien me entregó la nota que le transcribo a continuación, sin mover ni una coma, como me indicó su amigo, el que le ronda desde hace tiempo…

el diha yega i tu dando palos de ziego

este mendigo ba a morir solo pa que recivas esta nota

farta poco pa la sijiente

la ganva

...la verdad es, inspector Pellicer, que no me importa morir, pero espero que no sea de frío, aunque viendo las probabilidades parece que así será. No se preocupe por mi deceso. Ya me llegaba la hora. A cada cerdo le llega su San Martín, ¿conocía usted esta frase?..."

Pellicer estaba aún más pálido. Su tez era del color de la leche con muy poco café. El perlado de su frente estaba frío como Mathias y sus dichosas losas. ¿Como alguien podía saber que él leería el diario de un muerto de hambre? Los misterios se sucedían y cada vez estaba más cansado. Un mendigo pitoniso era demasiado.

-¿Estaré con fiebre y delirando? –se preguntaba a sí mismo,con un aire demasiado melodramático para él. –

Se toco las sienes con los nudillos. El dolor estaba empezando de nuevo. El orujo no era la mejor solución. Solo quería dormir, pero el tiempo se acababa.

- ¿Y si me muero yo y los dejo con un palmo de narices?

Pellicer, por primera vez en el día, rió y un súbito bermellón se hizo fuerte en el centro de sus mejillas.

La vida es una broma cruel –pensó-,y lo que me fastidia es ser tan poco original.

lunes, 25 de junio de 2007


Ya robaré banda ancha de la facultad de Ciencias para postear y esas cosas...

jueves, 21 de junio de 2007


Era el día de San Martín y Pellicer hojeaba el calendario buscando una explicación a las notas…

San Martín de Porres… negro… mulato… Perú… Lima… Fray Escoba, Patrón de los barberos…

A cada cerdo le llega su San Martín… Cerdo, puerco, marrano, cochino, guarro…

¿La Ganva? Buscó en el archivo alias y motes del hampa, pero sobre todo en el de vagos y maleantes. Aparecía la “Carcasa”, uno de los muertos, el mariquita, y también un tal “Gambón”. La Gamba aparecía, pero era una gitana que vendía castañas en una esquina de la Calle de la Rueda (y tabaco americano de estraperlo). No, no tenía nada que ver…

- San Martín de Porres, ¿será un negro? –se preguntaba Pellicer-. Su estómago le estaba matando. La sensación que tenía era que le quedaban unos meses. Un médico sincero le hubiese dicho que no le pegaba ser tan optimista. Pellicer era un hombre gris. Por elección, más que otra cosa. Pellicer era brillante, pero su falta de ambición y su amor a la verdad hacían que fuese un anacronismo, incluso en una época tan gris. Demasiado gris parece ser todo.

- Hoy pasará algo, digo yo. ¿Qué cerdo será al que le toque? Cuando decía esto entró Luciana, la limpiadora, que era más fácil de saltar que de rodear. Olía profundamente a sudor. Su bata era de un color indeterminado. Si, era gris. Otra vez el gris. Todo gris. Cantaba una copla, porque sabía que al inspector le gustaban las canciones de amores imposibles.

- Todavía, falta, señor. Una semana y un día – dijo, mientras hacía como que quitaba el polvo de un estante-. En mi pueblo matamos un marrano, y sacamos en procesión a San Martín, que le da una capa al mendigo. Era muy bueno San Martín. Y tiene un pelo finísimo; la estatua, digo. Era de mi hermana Antigua. Que rubia era la pobre que en paz descanse. Murió de un cólico esta Navidad hará dos años, fíjese que…

- ¿Un mulato rubio?, señora Luciana, y ¿eso como puede ser?

- ¿Que va se mulato?, señor inspector, es blanco como la teta de una monja, con perdón. Es un santo muy milagroso, a mi niño le quitó un orzuelo del ojo, mire usted.

Una corriente eléctrica recorrió la espina dorsal del policía. Repaso 8 páginas y se encontró a San Martín de Tours, Patrono de los soldados, tejedores y fabricantes textiles. Sería el 11 de Noviembre… ese era el día de los acontecimientos esperados.

Pellicer se alegró porque estaba cansado, recién salido del hospital, y quería irse a casa.

Cuando llegó a su piso, sito en la calle Torderas, Pellicer se sintió mal. Su mal iluminada salita estaba llena de papeles y soledad. El frío era terrible. 3 de Noviembre, San Martín, pero de Porres. Era el santo del mulatón. El otro San Martín era largo y espigado, y rubio, parece ser, o así lo pintó Domênikos Theotokópoulos, el Greco, como miró después Pellicer en un atlas de arte. Pellicer no era religioso. Había creído una vez en Dios, pero no quería recordar cuando dejó de sentir la presencia del ente sobrenatural. Y había sido del día a la noche, muchos años antes. Ahora tenía menos razones para creer aún. Un cáncer que lo roía por dentro, dos muertos sobre la mesa, dos notas, una casa vacía, húmeda y llena de polvo, y recuerdos lejanos. Y el dolor. Y el color. El color de todo, que lo mataba. Ese gris.

miércoles, 20 de junio de 2007


Ya les he repetido 1000 veces a los que me leen, el rollo del verano. No me gusta el verano. O bueno, eso se podría decir en primera instancia, me molesta el calor, el sol, los mosquitos, pero me evoca recuerdos y sensaciones que hacen que durante el año eche de menos el verano, sobre todo los veranos pasados. Y ya, también les he comentado que para mí el verano es la lectura, la lectura repetida. Y desde hace años se repite un nombre en esas lecturas. Creo que fue en un post de La Petit Claudine donde dije que para mí Lovecraft trascendía el género, su género, el fantástico. Y también decía que me he alegrado de empezar a leer a Lovecraft con ventitantos (ya tengo la treintena más la unidad) pues he podido solo aprovechar todo el placer de la lectura. Si, en mi adolescencia hubiese flipado, pero quien sabe si me hubiera convertido en un friki, en un talibán lovecraftiano, lleno de dibujos de Cthulhu y juegos de rol. Nunca fui propenso a los juegos de rol, pero quizá me hubiera gustado ser Randolph Carter (la lectura del autor que más me ha marcado) o uno de los Marsh de Innsmouth. He disfrutado pues del Lovecraft literario y no del H.P.L. vertiente nerd. No quiero decir que todos los que leen a Lovecraft en la adolescencia sean unos insensatos jugadores de rol, claro está. Lo que pasa es que me molesta que asocien una cosa con la otra, porque considero, y a lo mejor me equivoco, que le resta importancia a su literatura. Su vibrante prosa, churrigueresca, barroca, llena de adjetivos hipnóticos y terroríficos y sus nombres, lo nombres de ciudades, dioses, los nombres de la Nueva Inglaterra soñada por él. Soñada o recordada a su modo. Hay quien dice que el autor es más interesante que sus escritos, como ya comenté un día sobre Panero. Aquel día dije que la obra de Panero es importante aparte del autor. Con H.P.L. no estoy del todo seguro. Y es porque hacer literatura de género tan particular, tan personal es una cosa muy rara. Con sus manías sentimos el terror. Cuando lo leemos de veras, hace que repugnemos el pescado, que seamos reticentes con los extranjeros, que tengamos pavor al frío, que nos de miedo (más aún, en mi caso), el mar. Y por eso digo que es difícil disociar una cosa de la otra, la autoría y la obra. Y ¿por qué les cuento todo esto? Pues aparte de porque me apetece porque me he estado visitando un página, que en contenidos y en forma, me ha gustado mucho, sobre el genio de Providence. Es muy completa, con una H.Pedia donde consultar todos los nombrecicos que les comentaba antes.
Para mi es, pues, un placer recomendarles:

HPLOVECRAFT.ES

Muy pronto en sus pantallas la 6.ª parte de Es un cursi muerto

sábado, 16 de junio de 2007


ocho cosas sobre mí...

Loredana me lo mandó y yo cumplí en parte…

- Apenas bebo alcohol. Solo un poco de anís de año en año, un chorrito de vino (que pruebo antes solo) a la coca-cola de vez en cuando y un combinado de whisky con cola de higos a brevas (que casi nunca acabo, por cierto). Soy medio adicto a las bebidas carbonatadas, en especial a la Coca Cola.

- Tengo prejuicios de todas clases. Por mi vida sedentaria y dedicada involuntariamente a la meditación no trascendental, lo tengo todo pensado y repensado, y por eso he sacado conclusiones de todo, lo que hace que tenga opinión sobre las cosas. Y eso hace que te enfrentes a las cosas con prejuicios (juicios a priori). Yo lo reconozco. No todos lo hacen.

- Odio viajar. Matizo, odio viajar en condiciones precarias, comiendo mierdas en la calle y durmiendo en sitios que sanidad olvidó que existen hace mucho tiempo, si es que ha tenido constancia de su ser alguna vez. Me disgusta viajar, entonces, porque soy retardado en aclimatarme a los sitios y cosas (en especial a los cuartos de baño).

- Hay épocas en las que leo convulsivamente de manera alocada. Y releo muchísimo. Quizás demasiado.

- Me gustaría ser escritor, pero no tengo el coraje, el talento, las fuerzas y los redaños para escribir mucho. Estar tocado de la cabeza muchos años no me ha permitido desarrollar disciplinas férreas en este sentido.

- Me repugnan los lugares comunes. Verbigracia: “leer hace personas libres”, “si juegan al fútbol no están en otras cosas”, “la tele es mala, prefiero pasear o leer un libro”, “que guay es ser cosmopolita y conocer muchos países”, “la belleza está en el interior”,”los conciertos molan” y “Alejandro Sanz tiene calidad”.

- Me gusta el cine malo muchísimo. Pero no en plan mira que guay, que friki y tal, que bizarro. Me gusta de verdad. Me avergonzaba admitirlo hasta hace no demasiado. Cada vez soy menos exigente y me da igual. Odio el gafapastismo cinéfilo, y es quizás por ir demasiado al Cine-club Universitario de Granada, donde la fauna era horrenda y oías cosas que ni en mis peores pesadillas.

- Como habrán podido contemplar y leer, me gusta hablar sobre mi mismo, jejeje, de hecho salgo casi todo los días en mi fotolog.

Yo no paso a nadie el reto este. Quien quiera que lo haga. Es muy divertido. Pero si lo hacéis, procurad de tan sinceros, ser hirientes con vosotros mismos. Soy masoquista, pero solo un poquitín.

viernes, 15 de junio de 2007


En la primavera del día ya pasó el invierno de la madrugada, y dará paso, si no es ya, al verano de tórridos desatinos y sudor. Los coches pasan con sus jaleos, y las obras también se oyen en la lejanía. Construyen una nueva biblioteca al lado de mi casa.
La gente pasa por la ventana, que no es ventana, sino puerta a la calle, de mi habitación. El doble acristalamiento hace bien poco durmiendo a ras del suelo. El camión del Dia% me despierta todos los ídem con sus chirridos secos. ¡Échenle aceite, oigan, a ese mecanismo hidráulico! El otoño lo ocupo leyendo, y haciendo cosas insustanciales, como postear por internet y leer. No hago cosas “importantes”, y eso me está pasando ya una factura demasiado alta. Ayer, en el invierno, después de serme sorbido el seso por la lectura, no me podía quedar durmiendo de nuevo. No sé si es que temo, o es que llega lo que temo, o es el propio temor el que me impide dormir bien. Sueño cosas raras. Anteayer me enfurruñé, al filo de la aurora, porque no podía soñar lo que yo quería. ¿Querer es poder? El poder es querer y querer, desear, es la pérdida de poder más absoluto. ¿Podré ser un estoico, anulando deseos? No, soy demasiado racional para anular los deseos. Sin deseos solo sería una maquinaria rota. Ahora también soy máquina estropeada, pero la pila me permite cojear por la vida, como House por los pasillos. La música es ausente en la mañana de la primavera tardía (ahora hablo de estación). Pronto será verano. El verano del recuerdo y de las bicis. Las bicicletas que son recuerdo ya en sí. Recuerdo en forma de cicatrices infantiles repartidas por toda la orografía de nuestra piel. Verano de atardeceres en remojo. De lecturas, siempre lecturas. De paso de cometas y posibilidades de alienígenas en el cerro de los Carneros. O en el de enfrente. Estío de ver gnomos en sus escondrijos. De jugar con coches. Plastilina que ya debe estar podrida, pero que en mi recuerdo es aún sandía. Y la radio, la radio de mi padre, con música clásica, flamenco, noticias y músicas modernas cuando me la apropiaba yo. Ahora está muerta la radio. Ya no suena. En mi cabeza si que dan “El humo de los barcos” como tantas tardes de estudio. Si, a lo mejor lo obvio por no querer tener malos recuerdos, pero el verano es para mi estudio. Radio Clásica y acuíferos, columnas sedimentarias, integrales dobles, minerales y biodiscos que purifican el agua.

Y este año es el año de estudiar oposiciones a la luz de las palmeras y las moreras, pues la luz que entra en la habitación es verde porque se filtra el sol por las hojas de los árboles.

Poderosa fotosíntesis.


Entré y me senté. Un funcionario me escrutaba por encima de sus quevedos. Tenía cara de chivo y dientes de ratón.

- Espere –me dijo-.

Yo le hice caso.

Las horas pasaban y nada pasaba. Yo era importante en mi pueblo, aquí, solo un mindundi. Si al menos me hubiese traído el periódico. El tic-tac del reloj. El ruido de mi barriga. La respiración del chupatintas.

-¡Señor M.! -grito una voz por un pasillo.

Entré y me senté. Aún con más cara de chivo.

- Hemos leído lo que nos envió. No nos gusta. Creo que tendrá que entrar en prisión.

Yo, que lo intuía, no dije nada.
Pulsó un botón y vinieron dos guardias de puntiagudos cascos.

Me pudro en la cárcel.

Quien manda un escrito al Ministerio de Nuevas Palabras corre ese riesgo.

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Escrito originalmente para el V Concurso de Microrrelatos de Arándanos.

miércoles, 13 de junio de 2007


PUBLICADO ORIGINALMENTE EN FUG AIR (martes, noviembre 15, 2005)
Fíjense en mi estilo tamizado por una depresión de caballo y por una desesperanza terrible

El agua caía desde el cielo naranja, empapando las farolas y las aceras, y a los que nos aventurábamos a salir a la calle. Pero la noche ya se ha abierto, para que los lunáticos puedan aullar en sus balcones y mear en los tiestos de helechos. Los fantasmas se pasean en los pasillos polvorientos. Ignoran donde están, quienes son. Nosotros lo olvidamos poco a poco, y la muerte, tan constante, es la última dosis de borrón en la mente del mundo. Hay quien piensa que la Tierra, este bello planeta azul y marrón, blanco, verde y amarillo, tiene conciencia de sí misma y se llama Gaia. Es una teoría como otra cualquiera. La Tierra llora y gime por el daño de los hombres y por eso los volcanes erupcionan la roca fundida, y los tornados arrasan las escuálidas casa de madera de los red necks. Lágrimas de lava y viento. Pero, y la Tierra ¿no nos hace llorar a nosotros? Nos condena a ser fugaces en el calendario cósmico. Leves recuerdos en estratos, si es que alguna vez llegamos a fosilizar entre tanto cemento y alquitrán, entre los amasijos de civilizaciones derrocadas, auto-exterminadas por el odio intrínseco de la especie. Yo no creo nada de esto. A los mecanismos del sistema Tierra le traen al fresco nuestras banalidades. Nuestros espectros no existen ni existirán jamás. Ayer decían en una de las películas más bobas que he visto últimamente, que vivimos mientras nos recuerden. Es la vía de la fama (Jorge Manrique et el.). La forma de perpetuar nuestra figura a lo largo de los siglos. A Alejandro Magno a lo mejor le hacía eso ilusión, la trascendencia, pero a los humanitos de a pie nos da lo mismo, pienso. Cuando yo muera pueden hacer con mi cuerpo lo que quieran. Hacer jabón Lagarto (saldría mucho, se lo aseguro entre mis cúmulos de grasa, tan enormes), enterrarme debajo de un olivo o alimentar a las aves de rapiña. ¡Ah! no me acordaba, ya exterminamos a los buitres, porque el hedor de la muerte nos asusta. Olivos quedan muchos y también mucha sosa cáustica. O diséquenme como al negro de Banyoles. Los planetas seguirán su curso, las glaciaciones avanzarán desde el lejano norte y solo seremos un rumor entre sedimentos. Los extraterrestres darán con nosotros cuando ya solo seamos polvo y ondas en los espacios infinitos. En los universos paralelos, donde yo una vez fui feliz.

martes, 12 de junio de 2007

Ayer por la noche Randolph Carter llegó a la innominada Kadath por tercera o cuarta vez en mi vida. Ahora en la hora de la siesta la luz se filtra por las cortinas verdes y nada puede hacerme ver que no estemos bajo el sol de la campiña. Pero eso es porque estoy en el mundo vigil. Eso se arreglará pronto, cuando me decida a por que libro encauzo mi camino. Leer es un proceso extraño. Existe gente que no lee jamás y otros que cuando no podemos leer, por H o por B, nos sentimos vacíos y yermos como las cuencas de los ojos de la calavera de un perro muerto en una cuneta. Después te ponen excusas muy graciosas sobre porque no leen. Una de ellas es: no tengo tiempo. Comprendo que la falta de tiempo no te permita hojear un libro. Pero siempre es más sencillo decir que no les gusta leer. A todo el mundo no ha de gustarle. Parece que la sociedad moderna obliga a los 3 libros per cápita al año. El que te regalan en Reyes, en tu cumpleaños y en tu santo u otra festividad menos religiosa. Los prebostes de la corrección política dicen que el mundo está así porque la gente no lee. La juventud se droga porque no lee. Y así, suma y sigue. Normalmente el que lo dice suele ser un señor de mediana edad que jamás ha leído en su vida nada aparte del Marca, un libro de Vizcaíno-Casas y el gran clásico de feria del libro, "Memorias" de Albert Speer. Por el extremo opuesto se halla el simpático y absurdo cartel que había en la casa okupada de Granada, en el que los fenómenos costrosos nos decían: “El racismo se cura leyendo”. Yo creía que era viajando, vive Dios, pero hay que ser idiota para escribir semejante patochada. Si lees “Mi lucha” de Adolfo Hitler o “Los diarios de Turner” de Andrew MacDonald (William Luther Pierce), hitos ambos de la supremacía blanca, no creo que veas con muy buenos ojos a otras razas si es que eres blanquito de piel. La lectura está sobrevalorada por las personas que leen muy poco, pues le dan una importancia que a veces no tiene. Y no estoy diciendo que un libro no te pueda cambiar la vida, que si es posible por supuesto, pero poco puede hacer una sociedad lectora contra los mecanismos de la máquina. A mi los libros no me hacen mejor persona ni nada de eso. A mi los libros me hacen disfrutar y me ayudan a vivir mejor. Pero de ahí a los cuasimágicos poderes que les dan por ahí, no. Es más, con los libros puedes aprender muchísimas cosas, hecho indisoluble que te hace ser más infeliz y pusilánime. Porque te das cuenta de cómo es el mundo de los hombres en realidad, dan ganas de bajarse del planeta en la próxima estación.

domingo, 10 de junio de 2007


Esta mañana cuando he encendido el ordenador me he encontrado con que mi primo me había mandado un artículo sobre Panero. Panero, Panero.
Panero está más cuerdo que loco. Está chiflado, eso sí, pero su eterna rebeldía (muchas veces inducida por la paranoia) es un acicate para el poeta, para el escritor, sea bueno o malo, conocido o ignoto en el más remoto de los anonimatos. Yo descubrí a Panero por el mismo que hoy me manda el link de El País. La poesía de Panero es sugerente. A mucha gente le atrae más la persona. Y en mí se mezclan ambas cosas. Sus versos son milimétricos, buscando el afán gongorino de la palabra exacta. Más que lo que cuenta, lo que escribe. Y su prosa es desquiciada y referencial, pomposa y loca, pero no la locura de manicomio y electroshock; es loca por el torrente de datos, por los temas, por la crudeza y por el dolor. Yo no soy crítico, ni lingüista, ni filólogo, es más, suspendí el examen de lengua en selectividad, pero creo que a Panero, el personaje, le superan sus libros. Es muy interesante, y todo aquel que haya visto “El Desencanto” sabe por qué. Los que lo hemos seguido por sus peculiares entrevistas en los periódicos hemos visto su deterioro, y el de sus hermanos, hijos malditos del laurel ya caduco de un padre muy español y poeta. Y ahora nos cuenta que le sigue persiguiendo la CIA y que los viandantes le mandan mensajes telepáticos. La muchachada gafapasta le adora, claro. Igual que adoran a Bukowski (que a Panero aburre solemnemente por lo que antes he dicho de su momento Góngora). Porque les encanta el hechopizco que escribe y tiene una vida fusilada por las circunstancias. Pero creo que hay que ir más allá. Y no me refiero a la persona, que no deja de ser un pobre viejo, loco a ratos, destruido física y moralmente. Lo importante es su obra. Es con lo que nos tenemos que quedar.
Nos atraen los desterrados. Buk es un borracho que pegaba a las mujeres de la vida. Que guay. Pero ese Charles Bukowski con su Mac y sus carreras de caballos, el que se preocupa por las bibliotecas, y el que escucha música clásica es también Bukowski, y es igual de bueno, malo o regular. ¿Deja de ser mejor “La Conjura de los Necios” porque John Kennedy Toole se suicidara con monóxido de carbono? No lo creo. Las cosas que nos pasan determinan lo que escribimos y hacemos, y ciertas cosas escabrosas nos dan más temas a los que agarrarnos. La locura, el alcoholismo o el ostracismo no hacen buenos escritores, simplemente hacen que muchas veces lo único que quede es la literatura. Y entonces se juntan las hambres con las ganas de comer.
Y a Leopoldo, cuando muera le llevará la ministra de cultura un ramos de flores, como la gente tararea “Walk on the wild side” en los supermercados.
Articulo de EL PAÍS

UN LOCO TOCADO DE LA MALDICIÓN DEL CIELO
Un loco tocado de la maldición del cielo
canta humillado en una esquina sus canciones hablan de ángeles
y cosas
que cuestan la vida al ojo humano la vida se pudre a sus pies como una rosa y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
una princesa.
Poemas del manicomio de Mondragón"

viernes, 8 de junio de 2007

RECUPERADO DEL BLOG DE THE WHORISH LUST (22/09/2005 01:24)
y pe
rpetrado por mi mismo.

La gente quiere ser única. Ser originales y fardar por ahí de auténtico. Pues va a ser que no (miren lo original que soy yo, jajaja jijiji, risas mil). Todos somos clones de algo. Dense cuenta, es difícil sobresalir en un mundo con 6.000.000.000 de almas. Como decía el dicho: siempre ahí alguien a quien le gusta, y siempre más de dos. Apliquen ustedes el teorema a comer caca, subir montañas, escuchar al Dúo Dinámico, ver películas de Mathew Modine, clavarse tachuelas en los cataplines o ser adictos a la mortadela con aceitunas. Lo que me flipa del tema es que el afán de individualidad entra dentro de una conducta tan gregaria que da un poco de canguelo. Piensen ustedes en esos fines de semana en las urbes. Esos botellones antisistema con ropa de Zara y perfume del Mercadona. Esos jovencitos con peinados imposibles y chándales galácticos, con sus halcones callejeros llenos de pegatinas de El Niño, No Pain y Camarón. Con esa música rap sonando. Y ya, cuando salen del insti y entran de reponedores en el súper de la esquina, se compran un formidable SEAT Ibiza que convierten en terrorismo pastillero, en una Apocalipsis de rayos, luces y sub-buffers. ¿Cómo pueden pretender ser diferentes? ¿Perpetrando la mayor contaminación visual y acústica posible? Entren en Asociación Antituning de Lugo y verán los ejemplos tan sangrantes.
Y pasando a otros temas de costumerización empecemos por el cuerpo. Peinados estratosféricos, tintes chirriantes, pircins en todos sitios, tatuajes rocambolescos. Tiene que se tan único que hay que rizar el rizo. Siempre está el típico acomplejado, gordo o medio gay, que es más lerdo, menos apto que el resto, y que para integrarse lleva el adorno personal a unos límites insospechados. Una continúa mutación, una eterna prueba de looks encadenados que jamás llegan a buen puerto. Y ese meterse en tribus urbanas, el sumun de la búsqueda de la propia identidad adoptando modelos de otros. Esos jevis, esos punkarras de todo a cien, esos siniestros, campeones del frikismo sin lugar a dudas. Yo creo que el 99% de los payasos que van disfrazados a ver Star Wars vestido de Fantoche (ver FREAKS de este mismo blog) son o siniestros o jevis, o las dos cosas. Y los típicos enrollados pijillos que van del rollo pies negros, donde todo es chachi, guapo. Se creen la créme de la créme de los outsiders del sistema y son liendres de empresarios sin escrúpulos.
Y esas habitaciones, llenas de póster de tías en pelotas, de grupos del Súper Pop, de dibujos de Royo o de los último del Rock de Luxe.
Pégale una patada a una piedra y saldrán mil como tú.

¡Todos somo fotocopias!


Son las 7 y cuanto de la mañana del viernes 8 de junio del año de nuestro señor dos mil siete. Hace calor. Tanta que me he deshidratado por la noche, y hace como media hora he tenido que subir a por provisiones de agua fresca. He soñado cosas raras. En palabras legales e ilegales. Palabras aprobadas y no aprobadas. Eso me pasa por charlas de palabras justo antes de dormir. Me he acordado del Ministerio de Nuevas Palabras de un microrelatos que escribí para el V concurso de Arándanos. Hago, leo cosas que potencian que el sueño, la separación del mundo vigil, produzca reverberaciones untuosas, deformaciones preciosistas de la vida cotidiana. Lo normal, lo rutinario, es lo que nos hace felices a las personas. Habrá quien aborrezca lo cotidiano, por considerarlo vulgar, poco trascendente. Pero eso de desayunar leyendo el periódico en un bar, es lo que hecho mas de menos de mi vida anterior de estudiante. Lo he hecho durante muchos años seguidos. Y en el Menorca, concretamente. Los que conozcan algo Granada, sobre todo la Facultad de Ciencias, sabrán donde está. Echo de menos ver la televisión con el Fran. Echo de menos escuchar los discos recién comprados en una especie de ceremonial pagano en la habitación de Gaspar. Me acuerdo, pues, de lo que un día fue una subrutina del sistema y hoy es solo recuerdo. Algunas cosas son totalmente reversibles, pues todavía me quedan mañanas de desayunos menorquines, pero otras se fueron al país de los sueños, y allí, en los dominios de los Dioses Otros, permanecen agazapados, buscando ser recordados. La vida te enseña a que nada es para siempre. Y no es la respuesta de Antena 3 a los chavales de Al Salir de Clase. Nada es para siempre porque entre otras cosas, tenemos fecha de caducidad como los yogures, o incluso el bicarbonato. Somos tan efímeros, tan insignificantes, que me da vergüenza incluso robarles un poco de su tiempo, por sentirme cual gusarapo en la miasma de un barril de una cuneta.

Espero dormir de nuevo. De verdad que lo espero. Recién levantado miren las cosas que pienso. Luego al transcurrir el día no crean que la cosa se arregla.

jueves, 7 de junio de 2007

Esto lo hize para el fotolog el otro día, pero me quedo muy serio. Veo oportuno ponerlo aquí, porque si algo soy, es darwinista.
Y ya que estamos, les recomiendo su autobiografía.
Porque Charles Darwin es guay.


martes, 5 de junio de 2007


El calor ya ha llegado y con él, el sueño. No sé si es porque hago asociación de ideas o que, pero cuando llega esta fecha tengo que releer “Las aventuras oníricas de Randolph Carter” de H.P. Lovecraft. Siempre me ha pasado lo mismo. La vuelta a las lecturas. Ya sean lejanas o presentes. Del pueblo de Kalanero en la isla de Melisa hasta Dar es Salaam, pasando por las ciudades de ónice y las balaustradas de diorita buscado la ciudad más allá del sol naciente. El eterno regreso a la infancia. Eso será. El calor despierta en mí la somnolencia y las ganas de otros mundos. Soñar es básicamente vivir otra vida. Ojalá yo pudiera buscar la llave plateada de los sueños y sumergirme en los barcos negros.

O en aquellos olivos del atardecer. En mi pueblo hay olivos y atardeceres, pero ningunos tan sugerentes como aquellos olivos y ese atardecer, testigos del secuestro de los burros, con luciérnagas rutilantes, y olor a mar Mediterráneo y color de verde ciprés. No quisiera entrar en guerra, pero me acuerdo del novel Dahl esperando a montarse en su caza destartalado y quisiera verlo ahora. Y vivir épocas pasadas y realidades ominosas.

El calor es lectura, tedio y sudor. Es sueño. Dormirme mientras escribo esto deseando ya comer, no por hambre, sino por ser la antesala de la siesta.

domingo, 3 de junio de 2007

La relatividad es un término sobreexplotado. Lo más gracioso es que siempre se acude a Einstein para el topicazo de “Todo es relativo”. Esto Alberto nunca lo dijo. Yo no sé muy bien explicar estas cosas de física (no te me eches al cuello, Horny), pero precisamente Einstein nos dice que no todo es relativo y que existe algo absoluto, que es la velocidad de la luz en el vacío. O algo parecido. La relatividad es no se puede mirar las cosas sin ver su contexto. O al menos así debería ser. Ese pájaro va muy rápido. ¿Respecto a que? Pues esperemos que respecto al azor que lo persigue, jejeje. Y eso es relativo también, porque el azor también tiene que comer, ¿no? Las cosas pues, en general son relativas, pero creo que centradas en el individuo muchas veces son absolutas. Verdades absolutas. Si en verdad creemos una cosa, esa cosa es absoluta. Es una verdad para nosotros. Sobre todo cuando es un percepción difícilmente demostrable. Eso es feo, por ejemplo. Si uno no miente (no tiene a priori porque hacerlo), es una verdad absoluta. ¿Por qué? Pues porque la belleza es relativa. Lo que para unos es bonito para otros es feísimo. Y viceversa. Y eso es aplicable a muchas otras cosas. Ideologías, conductas, corrientes estéticas. Menos a la ciencia, que reduce el porcentaje de relativismo buscando verdades absolutas. La ciencia está llena de estas verdades, que son verdad queramos o no queramos, estemos o no estemos de acuerdo. Nadie puede decir que la gravedad no le convence mucho. Si puede decirlo, pero demuestra que no sabe de lo que habla. O la Evolución tan discutida hoy en día aún por fanáticos religiosos, sobre todo evangélicos. Pues bien, en las opiniones también hay unas más verdaderas que otras, pues son aplicables a un mismo y nada más. Eliminando el autoengaño y la subjetividad impuesta desde fuera, la subjetividad puede ser bastante racional, bastante meditada, bastante objetiva, por así decirlo. Uno, que por desgracia, más que por fortuna, ha pensado mucho tiene un amplio elenco de posturas tomadas, y que al no cumplirlas se corre el riesgo de caer en el feo vicio de la incoherencia. La coherencia, tan poco valorada hoy en día, tan afín al eclecticismo, lo guardamos como un raro y rancio tesoro las personas que aún las valoramos. Y no me salten buscándome las cosquillas de que he dicho algo incoherente. Soy coherente con la idea de la gran imperfección del ser humano, y yo hasta la fecha soy uno de ellos, ergo al ser imperfecto puedo resultar incoherente (no tanto en el fondo como el la forma de expresarme) Y otra opción es posible también. El descarte de asuntos en la baraja de la vida. No es por desconocimiento. El desconocimiento es lícito en parcelas que uno no quieres tocar. Hay muchísimas cosas que no me interesan lo mas mínimo: muchas personas (millones), algunos lugares comunes, el pensamiento único, la búsqueda de la felicidad a través del autoengaño. Esas son elecciones. Las elecciones pueden ser buenas o malas. Hay gente que sufre si no elige lo que le viene determinado por los otros. Hay gente que sufrimos por escoger caminos no tan trillados, pero dolorosos de igual forma. Pero elegir el camino de los otros no nos haría sufrir, sencillamente nos mataría. Y si lo que has dejado a un lado es una decisión personal meditada nadie puede reprochártelo. No todos somos buenos. No todos nos tenemos que preocupar del cambio climático, aunque debería porque el calor me mata. No tenemos que hacer de todo, ni con todos, solo lo que se quiera, con los que se eligen. No debemos prestar atención a los problemas del mundo, porque nada, nada podemos hacer las personas corrientes y molientes, y más las personas pusilánimes como lo soy yo. Y por tus elecciones te llaman de todo, sobre todo si no se es políticamente correcto. El desconocimiento de lo que no se quiere conocer no es una cruz en tu curriculum. La capacidad de aprender debe solo usarse para el bien propio, aunque siempre no es así, pues hay cosas que debes superar aunque no te guste, pero eliges pagar el peaje de la coherencia, o incluso del gusto.

Yo preferiría desconocer el dolor, pero eso no es una elección. Pero es coherente que intente evitarlo. Y si, soy un ignorante porque a las cosas que no me gustan las aparto. Debería ser masoquista, que es lo contrario de ignorante, pues.

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Bien, esto lo mando este señor de aquí abajo como comentario. Como me ha parecido interesante se lo pongo a continuación de mi desvarío.

Pues si, así es, todo el mundo se acuerda de Einstein cuando pretende que cualquier forma de entender las cosas es igualmente válida. La verdad es que la culpa es del mismo Einstein que debería haberse pensado un poquito mejor el nombre para evitar malas interpretaciones. Lo de relativo se refiere a que un suceso dado puede ser percibido ocurriendo en distintos instates según el sistema de referencia desde el que se mida. Es decir que la idea central de la teoría de la relatividad (especial, la general es otra historia) es la negación de la simultaneidad. El concepto de simultaneidad se desploma debido a un absoluto, la velocidad de la luz, que tiene el mismo valor independientemente del sistema de referencia desde el que se mida. Einstein, con relatividad se refería a eso, a una relatividad temporal. Pero claro, por otra parte, igual llamarla teoría de la no simultaneidad no habría tenido el mismo impacto mediático.

Pero sin salirnos de la física de principios del siglo XX, si podríamos decir, por ejemplo: “todo es relativo al observador, como descubrió (muy a su pesar) Max Planck”. Hombre, no es lo mismo pero es algo. El pobre Planck se dio de bruces con la teoría cuántica cuando intentaba fundamentar la termodinámica en la mecánica clásica y en el concepto de entropía (otro absoluto, by the way). En la mecánica cuántica, y de acuerdo con la interpretación de Born o de la escuela de Copenhaguen (que es la más ampliamente aceptada actualmente, por no decir la única), la realidad que se observa es producto del observador. Aquí cada uno es el protagonista. Cada uno es el creador de su realidad, de todo lo que le rodea, que sin él, no existiría tal como “él” lo percibe. El mundo cuántico es una superposición de estados bastante difusa y desagradable hasta que alguien lo mira y, entonces, en ese instante, "lo crea"(más propiamente habría que decir "lo materializa"). Esto parece muy místico y trascendental pero no lo es. En realidad el universo cuántico es muy, muy pequeño y la mayor parte del tiempo es una amalgama de estados electrónicos y fotónicos que va a su aire y en la que el observador tal como lo entendemos no juega ningún papel. Quiero decir que por observador hay que entender “proceso físico que provoca el colapso de una función de onda” y no “un señor con bigote que llega tarde a trabajar”, por ejemplo. Bueno, el asunto es complicado y mejor dejarlo aquí. Tengan ustedes fe en lo que les digo que no les estoy engañando. En cualquier caso esta teoría es la responsable de la existencia del ordenador desde el que estoy escribiendo esto y del ordenador en el que ustedes lo leen (si han tenido la paciencia de llegar hasta aquí). Los semiconductores de los que están hechos los transistores que hay en los microprocesadores son pura mecánica cuántica en acción, así que la teoría y su loco universo existen y funcionan de ese modo tan extraño.

Corto el rollo aquí… me he emocionado. No todo los días tiene uno la oportunidad de hablar de éstas cosas… me lo has puesto en bandeja.

Por Gaspar Sánchez Merino, futuro radiofísico

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Añado aún una cosa más. Einstein es puesto siempre de ejemplo como científico creyente. En parte por la fracesita de "Dios no juega a los dados". Todo eso es falso. A Einstein le gustaba mucho utilizar lo que se denomina poética científica, y llamar Dios, en sentido figurado, a las leyes que rigen el Universo, sin un atisbo de significado místico o trascendental. Les recomiendo encarecidamente la lectura de "El Espejismo de Dios" de Richard Dawkins y su primer capítulo "Un no-creyente profundamente religioso", dedicado al físico alemán.

Entrevista con el autor ingles

 
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